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La biografía de Ribeyro por el ribeyrólogo mayor

El 2022 comienza con un acontecimiento editorial: la aparición de “Ribeyro, una vida” (Revuelta Editores), la tan esperada biografía sobre el autor de “La palabra del mudo”, hecha por Jorge Coaguila, su “biógrafo y crítico oficial”. Aquí, reseñamos el libro.

Sobre Julio Ramón se han publicado libros de crítica literaria, ensayos, entrevistas, hasta un perfil y una recopilación de todo lo concerniente a su obra (véase “El archivo personal de Ribeyro”, de Luis Fuentes), pero nadie se había animado a concretar el relato global de su vida. El periodista Jorge Coaguila asumió este reto cuyo resultado se puede apreciar en “Ribeyro, una vida”, la tan esperada biografía del autor de “La palabra del mudo” que acaba de publicar Revuelta Editores.

“De forma cronológica”, como indica la introducción del libro, el autor recapitula la vida de Ribeyro tratando de “recoger todos los testimonios posibles”. A estas fuentes se añaden los diarios del Flaco, fragmentos de su autobiografía inconclusa, las cartas que le envió a su hermano Juan Antonio, las entrevistas que le hicieron y diversas declaraciones suyas que figuran en diarios, revistas y libros. Hasta aquí el autor, quien tuvo una amistad con Ribeyro en la última etapa de su vida, ha agotado toda la documentación o el material de consulta que se necesitan para construir un relato que vaya de la a hasta la zeta.

Ahora bien, varias versiones convergen en este libro. Sin embargo, Coaguila las coteja, las contrasta y, para esclarecer el texto, aclara las contradicciones que encierran. Veamos un caso: en palabras de Eloy Jáuregui, fue él “quien le dio la noticia a Ribeyro de que había obtenido el Premio Rulfo”. En agradecimiento, el Flaco le dio una entrevista exclusiva para el programa “Panorama” (p. 253). El biógrafo no se queda con esta versión inicial y cita un artículo del mismo Eloy que cuenta otra historia: “Le dije —casi le rogué— que si no le hacía ese reportaje me botaban del canal, que mi vida dependía de su tiempo. Entonces Julio Ramón aceptó jodido por esa mentada amistad” (p. 254).

Jorge Coaguila

El texto alcanza a personajes que fueron muy cercanos a Ribeyro. Entre ellos figuran Alfredo Bryce Echenique y Mario Vargas Llosa, a quienes se les dedica capítulos completos para comprender algunas facetas del personaje. Coaguila aborda con rigor la escabrosa relación entre el premio nobel de literatura y el cuentista. Así privilegia el relato y no intenta satisfacer una admiración suya por cualquiera de estos autores. La entrevista que le hace al novelista en su casa de España, y que aparece en la parte final del respectivo apartado, expone la frágil memoria que tienen los escritores con el correr de los años. El autor de “La ciudad y los perros” no recuerda haberle negado el saludo a Ribeyro en un almuerzo en 1989. Tampoco descarta que este episodio haya podido ocurrir.

La relación de Ribeyro y Bryce es la antítesis del caso anterior. A diferencia de Vargas Llosa quien ha cuestionado algunas posturas y “declaraciones furibundas” del Flaco, el autor de “Un mundo para Julius” evoca agradables momentos que compartió con el cuentista en sus viajes a París hasta sus encuentros casuales en Lima. Coaguila hurga en las antimemorias de Bryce para darle forma a este capítulo, reproduce fragmentos de estas y algunas conversaciones con él. El asunto no queda allí, lo dicho por Bryce sobre su amistad con el Flaco, por más elogioso que sea, lo somete a la verificación con otras voces. El mismo autor resume así su hallazgo: “Un cúmulo de desmentidos”.

Se debe considerar que algunos de los entrevistados no aportan mayor novedad a ciertos pasajes de la vida de Ribeyro que ya se han expuesto o divulgado. Las adhesiones de estos testimonios al texto responden a un objetivo: indagar en el trasfondo de los hechos para lograr una radiografía total, más cercana a la realidad. Así, dentro del mismo texto, por más que aparezcan, el lector descartará las versiones que pueden ser solo recuerdos vagos y redundantes o alucinaciones voluntarias e involuntarias.

De la lectura de este libro se extrae una interrogante para quienes se interesan en el periodismo narrativo o literario: ¿es la biografía una suma de perfiles? En las más de 500 páginas de esta obra se retratan las facetas de Julio Ramón que no habían sido abordadas de manera íntegra: la del padre chocho y comprensivo, la del escritor comprometido políticamente, la del estudiante universitario poco entusiasmado, la del becario desilusionado, la del enamoradizo desdichado, la del diplomático virtuoso, etc.; incluso aparecen sus antepasados. Coaguila prioriza ofrecer al lector una mirada amplia sobre la vida y la obra de Ribeyro sin mitificar ni trastocar la faceta, quizá, más significativa de su personaje: el Ribeyro escritor.

Lo que le llamará la atención al lector será, sin duda, cómo el autor asocia cada vivencia o experiencia de Julio Ramón con su obra narrativa. En otras palabras, explica el origen de cada historia antes de ser ficcionada, el estado o el contexto en que Ribeyro la escribió, las repercusiones que tuvo y las anécdotas que la marcaron. En la página 418 nos enteramos de que cuando el Flaco se encontraba firmando ejemplares de la edición francesa de “Silvio en El Rosedal” (Gallimard, 1981), “la gente [que] se aproximaba, miraba al autor como un ‘animal raro’”.

A lo largo de sus 32 capítulos, el relato mantiene un balance aceptable: el autor no abusa de las citas o de los verbos introductorios, también recrea escenas, aunque sin mayores exigencias literarias. Emplea saltos temporales para echar luces a un contexto y reincide en datos o momentos ya contados, cada vez que sea necesario, para refrescar lo leído, pues ante abundante información es inevitable que el lector se salga de ruta. Por último, las parrafadas que visten este libro evidencian que el autor es un reportero diligente que se mueve de un lugar a otro (por ejemplo, de Lima a Francia o España) para enriquecer su trabajo biográfico.

El libro cierra con una lista de todas las fuentes testimoniales que intervienen en la investigación. Lo que se omite es referenciar al final cada una de las declaraciones del autor de “Los gallinazos sin pluma”, que, por cierto, se pueden hallar con fecha y fuente de consulta en las mismas líneas del texto. Aquí un caso: “A las dos de la madrugada del 31 de agosto de ese año [1969], [JRR] escribe en “La tentación del fracaso” que recibe sus 40 años solo, en su casa vacía” (p. 310). Lo mismo ocurre con las intervenciones de otros personajes. “El 19 de abril de 2019, visité a Mario Vargas Llosa en su domicilio de Puerta del Hierro, Madrid, paraentre vistarlo…” (p. 254). Quizá una próxima edición de este título puede considerar añadir las referencias.

Este libro destaca porque parece que se ha hecho pensado tanto para los duchos y los iniciados en Julio Ramón: la imprescindible bibliografía sobre su obra que abarca todas las ediciones de sus libros y todos sus artículos en orden cronológico así lo demuestra. En esta sección figura también una robusta guía que detalla todas las entrevistas que le hicieron a Ribeyro, los libros que se publicaron sobre él y los artículos principales sobre su obra. Todo de forma cronológica. Asimismo, lo que me alarmó fueron las más de 70 erratas que hallé en esta publicación, esperamos que los editores las puedan enmendar.

Ribeyro una vida

Jorge Coaguila cumple con el imperativo que demanda un género tan peculiar como es la biografía: la reconstrucción total, o íntegra, de la vida de un personaje sin que se excluya ninguna de sus facetas por más polémicas o denigrantes que sean. Parafraseando a Ribeyro, se puede afirmar que una biografía es la aglutinación de perfiles innecesarios que forman un todo necesario. “Ribeyro, una vida” nace de esta premisa sin caer en la mitificación de Julio Ramón Ribeyro, sino mostrarlo tal como fue. En este aspecto radica la importancia de este valioso libro.

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