Atentado a las Torres Gemelas

“Bush en Guerra”, el libro que cuenta los cien días posteriores al 11 de septiembre

Hoy se cumplen 20 años de los atentados del 11 de septiembre. La caída de las Torres Gemelas marcó a fuego un antes y un después en el mundo.

Este sábado se cumplen 20 años de los atentados del 11 de septiembre. La caída de las Torres Gemelas es el ataque más violento que haya quedado grabado en la historia, además de haber sido el atentado contra suelo norteamericano que más muertes ha provocado, superando en número de víctimas al bombardeo de Pearl Harbor.

¿Cuál sería la reacción del gobierno estadounidense ante este ataque que sería calificado como una acción terrorista por el entonces presidente George Walker Bush o conocido también como Bush hijo? El periodista de investigación Bob Woodward se encargó de recapitular las acciones que tomaría la administración de Bush en los próximos cien días.

En la mañana del 15 de septiembre, el quinto día de la crisis, en un pabellón del Camp David, el presidente Bush discutió, por primera vez, con el Consejo de Seguridad Nacional sobre tres posibles acciones de guerra contra Afganistán, país donde se escondía Al Qaeda y su máximo líder, Osama Bin Laden.

La primera opción era “un ataque con misiles de crucero”, que se pensaban lanzar desde los barcos de la Armada o desde los aviones de la Fuerza Aérea. La segunda opción combinaba los misiles de crucero con ataques de bombarderos. Los objetivos serían los campos de entrenamiento de Al-Qaeda y lugares ocupados por los talibanes.

La tercera combinaba misiles de crucero con ataques de bombarderos y se le añadía las “tropas sobre el terreno”. Aquí intervendrían las unidades de élite de las Fuerzas Especiales estadounidenses, el Ejército y la Infantería de la Marina.

Con estas acciones militares el presidente Bush buscaba echar de Afganistán a los terroristas de Al Qaeda y, con ello, “convencer a otros países que hubiesen apoyado anteriormente el terrorismo, como fue el caso de Irán, de moderar su comportamiento”.

Sobre este punto, el secretario de Estado, Colin Powell, dijo que los países aliados de Estado Unidos se desvincularían de ellos si se decidía extender la guerra contra el terrorismo a otros grupos o países terroristas. Esto no le importaba al jefe de Estado norteamericano.

El subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, en dicha reunión aseguró que no les convenía atacar a Afganistán, sino a Irak, ya que, según él, los atentados del 11 de septiembre le otorgaban a los Estados Unidos una nueva justificación para perseguir al presidente iraquí Sadam Husein.

Antes de que el sol desaparezca, y luego de una intensa discusión, el presidente Bush descartó la posibilidad de atacar a Irak y le dijo a su gabinete que la guerra al terrorismo estaba declarada, pero que aún faltaba definir el método para eliminarlo. Por el momento, su único objetivo era acabar con Bin Laden y su agrupación islámica.

Todas estas tensiones y discusiones que se vivían al interior de la administración Bush, y que eran desconocidas por la prensa, se cuentan en el libro “Bush en guerra”, que apareció en 2002. Esta meticulosa investigación revela detalles de informes y documentos confidenciales, catalogados como de “alto secreto”, que se elaboraron exclusivamente para la campaña antiterrorista que emprendió Estados Unidos.

Como se señala en la contraportada del libro, “basado en entrevistas con más de un centenar de fuentes y en cuatro horas de conversaciones con George Bush”, “Bush en guerra”, que también recoge las deliberaciones secretas del Consejo de Seguridad Nacional, es un reportaje “sin precedentes de la reacción de un gobierno moderno ante el ataque terrorista más violento de la historia y que ha marcado, sin duda, el devenir del siglo XXI”.

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