Este artículo es de hace 1 año

Congreso y Palacio juegan en pared

La presidenta ha cerrado los ojos y no sabe qué temores profundos le dicta el libreto reñido con la lógica y la realidad.
Lucas Lavado
Escuchar este artículo
Audio generado con inteligencia artificial. Debido a la naturaleza del proceso, pueden presentarse pequeñas variaciones en las pronunciaciones. Para una experiencia óptima, recomendamos revisar el contexto o consultar la transcripción si surgen dudas.

El juego Ejecutivo-Legislativo es la parte más visible del drama que vive el país como en un “teatrín al aire libre”. El cuadro es todavía más amplio: las investigaciones fiscales encapsuladas entre las grandes promesas y el parto de los montes.

Los procesos judiciales interminables por las famosas “cargas procesares” y la hija del “Chino” festeja y se ríe del fiscal José Domingo Pérez. El Tribunal Constitucional con enorme despliegue abogadil para buscar salidas como aquella referida a la apertura de las universidades de fachada, en fin, la Junta Nacional de Justicia ensayando declaraciones vacías y pomposas. La Contraloría en sus devaneos para para hacer más lento el pago de los grandes impuestos. Ricas montañas, hermosas tierras … es mi Perú.

SIGUE LEYENDO DESPUÉS DE LA PUBLICIDAD

Estamos en peligro real. Pasó con Castillo, un fronterizo en la versión de sus acusadores, que luego estos avivatos tropiezan con dificultades y enredos para probarle el fraude tan grande que empalidecería a Fujimori. Ridículo.

Ahora tan rápido ingresamos como por un túnel a otro juego entre Boluarte y el Congreso, otra trama intrincada que los analistas y la prensa consorciada demoran en desentrañar y que los aviesos políticos han perdido el camino que conduce a las elecciones limpias y democráticas. Pero existen otros problemas que resolver: la casi inexistencia de partidos políticos, ni frentes, ni alianzas, sin reglas claras y en medio de un embrollo congresal con angurria por el sueldo que han olvidado el significado de legitimidad y poder. ¿Existen líderes?

Los protagonistas  

El mundo ha cambiado. Es obvio y todos lo saben, dicen los sabios. Pero bajo esta obviedad oceánica se mueven recuerdos y desencuentros profundos fuera de la vista y las entendederas de los sabios de la aldea. De la Colonia a la independencia es un tramo amplio, partamos solo de la independencia que logramos gracias a las huestes venidas de casi toda América y tomemos en cuenta nada más que doscientos años de marginación socioeconómica, pobreza extrema, deprivación sociocultural, exclusión de la “cosa púbica” (así le llaman) y con participación eso sí en las elecciones “democráticas”, siempre igual hasta las siguientes elecciones.

SIGUE LEYENDO DESPUÉS DE LA PUBLICIDAD

Asistidos por la filosofía que reza “seamos tolerantes” y siempre repetido por un corifeo que vive del lucro. La prédica de la tolerancia de este modo se ha convertido en doctrina común. Los promotores de esa depresión cognitiva y moral y sus pensadores nativos deberían por lo menos dudar porque tolerar no es democrático, democrático es tratar al otro como a un igual. Y a los desmemoriados que miran de soslayo y a veces los toleran hay que recordarles quiénes hicieron el “emporio” de Gamarra, un lugar obligado de comercio de la gran Lima.

Solo falta imaginar que alguna vez exista un Instituto de Diseño en el centro de este emporio para que los hijos de los dueños comiencen a pensar y crear. Llegará el día sin duda en que los reclamos se concreten y gracias a la resiliencia los niños y jóvenes encuentren la educación que tanto aspiran. Una educación que venza las presiones de la dejadez y la apatía.

La presidenta ha cerrado los ojos y no sebe qué temores profundos le dicta el libreto reñido con la lógica y la realidad. Los muertos por disparos de bala en muchos casos fuera del lugar que se les atribuye. Solo una descomunal falta de responsabilidad ética podría llevarla a intentar sortear su deber ante la historia. De eso se trata. La ruta inequívoca de la respuesta es la breve expresión del diplomático Oswaldo de Rivero cuando dice que los muertos por los derechos humanos “nunca mueren”. Una lección que no solo no hemos aprendido como país porque seguimos actuando con disimulo cómplice.

Malos augurios 

No ha pasado nada y nada pasará dicen. Se cansarán repiten. Los griegos decían “Los dioses ciegan a los que quieren perder”. Una travesía histórica larga herida de ceguera para ver la realidad y una inmensa falta de sensibilidad para reconocer la verdad. Simplemente la verdad en vez de buscar terroristas que siguen siendo la moneda corriente de estos azarosos días.

¿Recuerdan los lectores a las madres del ande presentes en todas las marchas ondeando la bandera peruana con la cerviz en alto y la voz flamígera? Estos hechos son más potentes que los cálculos políticos y es señal de que estamos ingresando a otros tiempos. Es hora de abrir los ojos, prestar atención y pensar seriamente en la urgencia de asumir la realidad sin arrogancia.

Cálculos que han llevado a los congresistas a actuar dominados por desórdenes conductuales para tomar decisiones que atentan contra la Sunedu y las reformas mínimas en educación universitaria como es el licenciamiento en medicina y la puesta en marcha de estándares básicos para incrementar la calidad educativa. Medidas que significarán sin duda un retraso histórico del del progreso profesional en áreas de gran responsabilidad que impulsen el desarrollo social postergada y la investigación científica y tecnológica retrasada por descuido.

Es el modo más retardatario de comportarse olvidar el entorno cambiante en todas las escalas de la sociedad y de la historia. La historia enseña y como Pierre Vilar dice es el único conocimiento que puede abrir las puertas al mundo de una manera razonada y es más productiva que los cortoplacismos políticos.

Muchas veces vemos y oímos en televisión a la historiadora Carmen Mc Evoy pero no escuchamos su mensaje porque “somos un país del eterno retorno” y tropezarnos una y otra vez con la misma piedra sin aprender. Es imperativo hoy entender su llamado y reflexionar en la “falta de instituciones” y pensar en nuestra apraxia política para poder desmantelar el “patrimonialismo faccioso”.

Hemos armado en cambio un “teatrín al aire libre” donde se exhiben los chapuceros y los figurones. El notable historiador Georges Duby acertaba cuando decía que la historia pierde sentido si se despliega sobre sí misma puesto que no se ha escrito para que la consuman los historiadores sino los ciudadanos, los padres, los maestros, los alumnos.

Esta es una columna
El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
Compartir
Sobre la firma
Avatar photo
Por Lucas Lavado Colaborador de EL PERFIL
Profesor en Filosofía y Ciencias Sociales. Magíster en Docencia Universitaria y Doctor en Ciencias de la Educación. Ha editado más de 400 títulos.
Recibe nuestro contenido en Google News Síguenos en Síguenos en Google News
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp Suscríbete en Suscríbete en WhatsApp