El Perú entre el narcotráfico y la corrupción a gran escala

Los esfuerzo planeados y organizados desde el Estado para intervenir “decididamente” en el VREM han sido hasta hoy ineficaces y dispendio de recursos y de informes vacuos.
Lucas Lavado
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El Perú está copado por el negocio del narcotráfico, hundido en la corrupción a gran escala, tocado por la ineficiencia organizada del Estado y del deliberado desorden judicial. En medio de este desconcierto las frases abogadiles para decir que son “tiempos difíciles” resulta redundante. Sugerir tan modosamente que “La discusión de propuestas, de diversos signos políticos, presentadas para esclarecer el contenido de los derechos y de las instituciones, y mejorar su eficacia, fortalecer al sistema constitucional” es oportuno, pero es “más urgente desmentir inexactitudes, y explicar que la satisfacción de las necesidades es un derecho de las personas” (L.P, p. 9). Todo en medio de un cargamontón contra prensa de investigación.

Una mirada a vuelo de pájaro permite destacar que en esta parte del continente hay un cambio que ha comenzado hace mucho tiempo. Un cambio elocuente como la desaparición casi total de partidos políticos de los escenarios electorales. Ahondado por la ausencia de liderazgo acompañado por el deterioro del cultivo de la ciencia suscitado por otro cambio mayor que es la mutación del mundo laboral y profesional. Los líderes jóvenes ya no importan mientas los dineros que son de todos se escurre entre los bolsillos de algunos “revolucionarios” de pacotilla.

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Cualquier intento de mirarnos en el espejo-país y pretender que no pasa nada mientras que estamos con el lodo, no solo de los huaicos, hasta el cuello pensamos que todo pasará y llegaremos a las elecciones. ¿En vez de pretender mirarse al espejo no sería prudente estudiar las cifras de producción de coca, de asaltos, robos, ausencia de gobierno en zonas más críticas, deterioro de la gestión en áreas vulnerable y la informalidad predominante? Pretender que con medias verdades, tímidos apoyos al periodismo serio que casi ya no existe y sobre todo al periodismo de investigación será suficiente, es hipocresía. Enfrentar solo con argumentos a la presa que usa argucias es una ingenuidad.

Pensar en el país como si fuese una isla tan distinta y distante de nuestros vecinos y escribir discursos a modo de interpretaciones y de juicios alejados del contexto global tan cambiante y conflictivo, no deja de ser irresponsabilidad y ponerse de espaldas a la realidad. Después de constatar la diaria inseguridad ciudadana, donde las organizaciones -no instituciones que apenas son nombres- públicas y privadas carecen de concreción y legitimidad, las palabras quedan vacías. No existen conceptos.

A propósito de los conceptos, todo este siglo las ciencias jurídicas y políticas venían organizando en nuestro medio un esquema conceptual ordenado vislumbrando la posibilidad de una democracia real. Cuando de repente se lee una frase redonda, llamativa y pueril: “La justica es un recurso escaso” (Azabache, C., L.R., p.9). Para comenzar, leer a pensadores como Bobbio, Ferrajoli, Alexy, Atienza y otros sobre derecho y de acceso a la justicia es poco menos que un despropósito utilizar “recurso” como término intercambiable con “justicia”. Es pensar que alguien está cambiando de paradigma o ha trastocado términos y conceptos de cabo a rabo.

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El entramado de las variables económicas, sociales, jurídicas, políticas y culturales y los problemas profundos que se insinúan no permiten sino formular algunas hipótesis que podría servir para continuar analizando estas cuestiones a la luz de nuevos hechos.

  • Los esfuerzo planeados y organizados desde el Estado para intervenir “decididamente” en el VREM han sido hasta hoy ineficaces y dispendio de recursos y de informes vacuos.
  • La tala indiscriminada, la explotación del oro, así como la invasión de áreas protegidas está en manos de la informalidad, rebasando el control de los ministerios responsables y de la acción de la policía, del ejército y de la justicia.
  • La pérdida de los valores de verdad, de justicia y de solidaridad está generando falta de ascesis e ineficiencia deliberada puesto que para acceder al mejor empleo solo hace falta coimear y estar aupado al poder de turno.
  • El país vive creciente inseguridad social, ausencia de ejemplos edificantes y deterioro del sentido de la vida que está impidiendo la crítica, la investigación periodística y científica que imposibilitan la viabilidad de país como proyecto que compromete. 
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El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Por Lucas Lavado Colaborador de EL PERFIL
Profesor en Filosofía y Ciencias Sociales. Magíster en Docencia Universitaria y Doctor en Ciencias de la Educación. Ha editado más de 400 títulos.
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