Opinión

Estamos en el peor momento de la pandemia y Vizcarra parece decir: Sálvese quien pueda

La propia OMS ha advertido que el mundo ha entrado en una "fase peligrosa" con el desconfinamiento.

En el peor momento de la pandemia, en que nos ubicamos sextos en el planeta, bordeando fatídicamente el cuarto de millón de contagiados y cerca de 8 mil fallecidos, el gobierno ha autorizado reabrir las actividades en los centros comerciales; lo cual significa un claro “sálvese quien pueda”, en un mensaje del que no queda ninguna duda, si nos atenemos al fondo de las edulcoradas palabras del presidente Martín Vizcarra quien ha referido que lo hace “confiando en la responsabilidad de los peruanos”.

Por supuesto que no es solo el drama de nuestro país, el que haya obligado a optar por la economía sacrificando la salud. La propia OMS ha advertido que el mundo ha entrado en una “fase peligrosa” con el desconfinamiento, apremiados todos por los devastadores efectos económicos de las semanas de cuarentena, lo cual se traduciría a fin de año para el Perú en la preocupante cifra de -12,5 del PBI y un crecimiento estimado de la pobreza del 20,5 al 27,5%. 

Pues bien, una vez más el pueblo peruano asumirá los costos de la reactivación económica, solo que esta vez lo hará poniendo en riesgo inminente sus preciosas vidas, como ya en los 90 lo hizo padeciendo el hambre que generó el aterrador shock económico y remate de empresas públicas de Alberto Fujimori, para superar el descalabro que dejó el primer gobierno de Alan García Pérez.

Esperemos que reabrir los centros comerciales no signifique también abrir masivamente nuevos sepulcros y multitudinarios funerales, ya que grandes sectores de la población traducirán actividad comercial con fin de la pandemia y procederá a abarrotarlos entusiasmadamente, como ya se ha venido haciendo en las calles por informalidad y extrema necesidad.

La medida adoptada que cambia, con mucha paradoja y cierta sorna, el “Quédate en casa” por “Primero tu salud”, demuestra que nuestra economía sin consumidores colapsa, y que ella no está al servicio de la salud, sino al revés.

A estas alturas ya se sabe que, con razonamiento eminentemente privatista, la prioridad en sostener la cuarentena, ha sido socorrer a las grandes empresas porque la filosofía del modelo es que sin ellas el diluvio, por eso se les ha otorgado 30 mil millones de soles del programa Reactiva Perú en calidad de préstamos y casi sin intereses, a través de los bancos y con el respaldo del Estado, pero a la población menesterosa, en calidad de bonos, solo se le ha dado la irrisoria suma de 5 mil millones en total; cuando la Ciencia Económica  ha demostrado ya, desde la depresión norteamericana de los años 30 y los años de post 2ª Guerra Mundial, por parte del economista británico J. Maynard Keynes, que si a la población se le inyecta dinero ésta satisface sus necesidades y constituye el motor de la reactivación, porque tiene dinero para consumir y al ponerlo en circulación, logra que las empresa también echen a andar la producción.

Eso sería actuar con criterio social, pero aquí solo interesa el ciudadano como fuerza de trabajo y servicios y no el ser humano cuya salud y bienestar hay que preservar. Total, como ya decían con soberbia y desprecio los apologistas del mercado absoluto desde los inicios de la pandemia, ésta solo tiene una tasa de mortalidad del 2% al 3%, lo que en nuestro país significaría una cifra de cerca de un millón de muertos de las poblaciones más humildes. Aquí no interesa el dolor, el desgarro de las familias, el futuro truncado de hijos que quedan sin padres, ni las lágrimas sinceras que se vierten sobre los ataúdes. Para los Bolsonaros criollos, tal vez se trata de una simple “gripecita”.

En nuestro concepto se ha abierto las puertas del matadero, porque para quienes manejan la economía de nuestro país desde hace 40 años, hay que aprovechar la necesidad de la gente para mandarla a trabajar y consumir. Cuidado, ya se sabe que la segunda ola y el rebrote suelen ser más devastadores, evitemos ahora ser blanco del fuego graneado del virus y fatídica mercadería de cementerios y funerarias.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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