Hay directores que construyen su carrera paso a paso y otros que parecen vivir permanentemente en tránsito. En los últimos doce meses, Néstor López (con 3 Goyas en su curriculum) ha pasado por Pakistán, Etiopía, República Democrática del Congo, Estados Unidos, México, Chile o Argentina. Ahora, apenas unos minutos después de regresar a Madrid desde Huesca, atiende una entrevista con la misma naturalidad con la que habla de festivales internacionales, rodajes en África o futuros proyectos para plataformas audiovisuales.
Su última parada ha sido el Festival Internacional de Cine de Huesca (HIFF), España, el tercer festival de cine exclusivamente de cortometrajes más antiguo del mundo tras Oberhausen y Tampere, donde ha presentado Polígono X, una ficción rodada en plano secuencia que continúa una notable trayectoria internacional. El director reconoce que la cita oscense tenía un significado especial: había participado anteriormente en el festival como productor, pero nunca como director.
“Había que venir”, resume.
La elección no es casual. Huesca sigue siendo uno de esos festivales cuya historia pesa tanto como su programación. Más de medio siglo dedicado exclusivamente al cortometraje ha convertido al certamen aragonés en una referencia para autores emergentes y consolidados. Para López, el nivel artístico de la selección oficial sigue siendo una de sus grandes fortalezas.
“La selección es muy potente. El público está acostumbrado a ver cortometrajes desde hace muchos años y eso se nota. Es un espectador exigente.”
El director madrileño, sin embargo, no vive únicamente pendiente de los festivales. Mientras Polígono X continúa acumulando selecciones internacionales, su atención está puesta en un proyecto mucho mayor: el largometraje de Semillas de Kivu, la historia que ya le llevó a conquistar el Goya y que ahora prepara su adaptación cinematográfica.
El rodaje volverá a desarrollarse en la República Democrática del Congo, un territorio complejo tanto por su situación política como sanitaria. La producción cuenta ya con el respaldo de Televisión Española, Movistar , Beta, Escándalo Films y varias compañías españolas, después de años de desarrollo.
“Estamos ya muy cerca de empezar a rodar. Es un proyecto complicado y por eso lleva tanto tiempo preparándose.”
La conversación deriva inevitablemente hacia el éxito internacional que está cosechando dentro del circuito del cortometraje. Resulta llamativo que un cineasta relativamente joven haya conseguido abrirse camino en algunos de los festivales más importantes del mundo. Él, sin embargo, rechaza cualquier explicación grandilocuente.
“No hay una fórmula. Nunca sabes qué película va a conectar con el público o con los festivales. Lo único que puedes hacer es seguir trabajando.”
La persistencia aparece varias veces durante la conversación. Es la palabra que utiliza para explicar su carrera y también su formación. A diferencia de otros cineastas, no pasó por una gran escuela especializada. La falta de recursos económicos le obligó a buscar otros caminos.
“Aprendí haciendo cine. Trabajé donde pude para pagar algunos cursos, pero la verdadera escuela fue rodar.”
Quizá esa manera de entender el oficio explique también su facilidad para moverse entre documental y ficción, entre producciones internacionales y proyectos profundamente personales. Mientras prepara su primer largometraje, ya desarrolla un nuevo cortometraje y un proyecto original para una plataforma audiovisual. La sensación es la de un creador incapaz de detenerse demasiado tiempo.
El Festival de Huesca ha sido apenas una escala más dentro de un itinerario que parece no tener fin. Un viaje continuo en el que las fronteras geográficas se difuminan y donde el cine funciona como idioma común. Para Néstor López, la siguiente parada ya está marcada en el calendario. Probablemente, también el siguiente reto.











