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Mujeres rurales: fantasmas en el campo

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“El empoderamiento de las mujeres y las niñas rurales es esencial para construir un futuro próspero, equitativo y pacífico para todos en un planeta sano”. (António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas).

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En todo el mundo, las mujeres rurales constituyen un segmento de población en situación vulnerable. En el Perú, de acuerdo con cifras oficiales del INEI, más de 3 millones de mujeres viven en el campo, en condiciones sociales y materiales que las exponen a pobreza y a barreras evidentes para acceder a servicios básicos, como salud y educación. En tres palabras, les faltan oportunidades.

Además, pese a que las labores en el campo son compartidas, las mujeres rurales tienen acceso reducido a la propiedad. Según información del Ministerio de Agricultura, sólo 30.8 de las mujeres del campo son consideradas propietarias de la tierra, situación que las coloca en alto riesgo en caso de abandono del “jefe de hogar”.

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Este 15 de octubre, por iniciativa de la ONU, se celebra el Día Mundial de la Mujer Rural, fecha que debe servir no sólo para la reflexión desde el mundo urbano y la academia, sino, sobre todo, para visibilizar su aporte al desarrollo. Está demostrado que el empoderamiento de la mujer rural tiene un efecto multiplicador para construir un futuro equitativo y próspero en su entorno directo y en la sociedad, en general.

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Nuestro país es un escenario de brechas profundas donde coexisten realidades paralelas. Mientras en el área urbana el nivel de educación de las mujeres es cada vez más alto, en el campo las niñas, adolescentes tienen dificultades para acceder a la educación, ya sea por embarazos tempranos o porque, sencillamente, no son enviadas a la escuela pues hacerlo se considera una pérdida de tiempo y desperdicio de mano de obra.

El impulso de políticas públicas que reconozcan que las mujeres rurales son agentes de cambio debería ser el cimiento para el desarrollo del campo. Pese a las críticas de algunos sectores neoliberales, es evidente que programas de transferencias condicionadas como Juntos, donde la subvención económica se entrega a la mujer, han tenido un efecto real en la mejora de índices como asistencia a la escuela, inmunizaciones, control de crecimiento y desarrollo, etcétera.

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Es urgente que superemos la visión centralista que ha retardado por décadas el desarrollo equilibrado del país. El Perú no es solo Lima y las políticas públicas deben considerar ejes de respeto y acompañamiento intercultural, que se inicien con la revaloración de las lenguas originarias y las costumbres. Tenemos mucho por hacer desde todos los frentes para que las mujeres rurales dejen ser los fantasmas del campo.

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El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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