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Esther Festini, la primera sanmarquina

La profesora Festini buscó el medio y los recursos más adecuados para iniciar al estudiante universitario en la lectura, el análisis y el estudio cuidadoso a partir de donde lo hicieron aquellos que escribieron.

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Difícil olvidar, en el Día Internacional de la Mujer, su calidad humana y su magisterio. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a donde ingresó en 1898. En 1901, se recibió de bachiller y en 1904 obtuvo el grado de Doctor en la Facultad de Filosofía y Letras con la tesis “Cuestiones relativas a la educación femenina”. Es destacable su propuesta de un nuevo modelo de educación pública y la necesidad de escuelas para niñas. Fue la primera mujer en ingresar a esta casa superior de estudios y la primera doctora en filosofía. Datos marcadores de su trayectoria docentes y profesional.

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El siglo XX sanmarquino fue singular y es en la docencia donde las mujeres tuvieron un participación destacada y aportadora a la cultura y la educación nacional. Desde el inicio de su actividad, adquirió perfiles que mostraban esa acendrada vocación que más tarde se convirtió en una tarea de su vida dedicada a la Universidad. Sus tesis y sus investigaciones son ejemplos de que la investigación y la práctica docente constituyen una puerta a la revaloración de la mujer y la lucha por sus derechos cuando aún no se enarbolaba el feminismo. Sin buscar un enfrentamiento ni parangonarla con las tareas del hombre.

Su actividad docente resiliente siempre comprometida tenía como pivote la formación del pensamiento. Jean de Viguerie (Los pedagogos, 2019) cuestiona el sistema educativo reductor puesto que no “quiere saber nada de la inteligencia, ni de la memoria, ni del saber, y trata al niño como como un objeto moldeable a voluntad”. La profesora Festini buscó el medio y los recursos más adecuados para iniciar al estudiante universitario en la lectura, el análisis y el estudio cuidadoso a partir de donde lo hicieron aquellos que escribieron. 

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La historiadora María Rostworowski autora del clásico libro “Historia del Tahuantinsuyu” tuvo un encuentro con Porras Barrenechea cuando era aún muy joven luego de haber concluido la secundaria. Se acercó al maestro para pedirle que le enseñe a investigar y le presentó su enorme ruma de apuntes laboriosamente hechos a lo que luego de verlos le dijo enfático “bota eso, te voy a enseñar a fichar” dicho por ella y publicado para quienes quisieran enterarse. Este es el punto.

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Esther Festini, profesora de la Facultad de Educación comenzaba sus clases en la biblioteca de Educación o en la Biblioteca de Letras, las que se iniciaban a las ocho en punto de la mañana, ni minutos antes ni minutos después. Luego de su ingreso a la sala de lectura las puertas se cerraban y los bibliotecarios ya habían dispuesto los ficheros en las mesas de los lectores. Era la apertura de la experiencia de inicio en la lucha con la praxis viviente de quien comenzaba la tarea de investigar. Después de algunos minutos aparecía la profesora escudriñándonos con su mirada inescrutable detrás de sus anteojos oscurísimos y redondos. Una experiencia de lectura analítica conducida en el lugar adecuado para buscar y explorar temas de interés guiados por una maestra suscitadora. Las clases acerca de cómo investigar habían comenzado donde debía. Una vuelta de tuerca completa a los indigestos manuales con los que los estudiantes comienzan a alejarse de esta tarea.

Así nos enteramos de Pedro Peralta Barnuevo Rocha y Benavides quien fuera a inicios de 1715 rector cultísimo de San Marcos con dominio del castellano, latín, griego, francés, portugués, italiano, inglés y quechua. El fichero lleno solo con sus títulos. Impresionante ¿no? Y le llamaban el “Doctor Océano”. Tenía sentido comenzar la aventura en este escenario en vez de largas peroratas sobre referencias verbalizadas carentes de interés peor todavía tratándose del quehacer más vivo donde de juntan nada menos que cognición, acción y emoción. Con Google bocks y los 15 millones de libros digitalizados la profesora Festini se habría divertido porque los libros siempre serán los libros, aunque se los digitalicen.  Llegarán los libros digitales eso es otro tema. Era investigadora, estaría pensando hoy en nuevos criterios y métodos que permitan cómo diferenciar la bibliografía relevante de lo que no lo es en el maremágnum Google Boock.

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Iniciada la primera experiencia sistemática con los libros, continuaban la lectura, las reflexiones acerca de qué leer, pensando en temas y problemas a partir de lo leído entrenando la destreza para pensar. Le seguía otra experiencia vinculada con el desarrollo de criterios para la búsqueda de palabras y conceptos, antes que el de las definiciones para ir a la búsqueda de la realidad en toda su complejidad.  La doctora Festini bajo la apariencia de lejanía y detrás de esos lentes oscuros escondía enorme vocación por la enseñanza y amor por los educandos que de otro modo no se explica tanto trabajo durante tantos años. Costaba entender cómo había obtenido ese tino y ese trato humano con educandos jóvenes a veces distraídos para conducirles en el trabajo de pensar y elucidar temas relacionados con los hechos, no con los dichos.

Al concluir el año académico de aquellos años los estudiantes debían exponer sus trabajos o entregarlos para la evaluación. No era de los profesores que pontificaban sus conocimientos que compartía con normalidad y eso sí con mucho aplomo. El copiar y transcribir en aquellos años no eran corriente que no es lo mismo decir que no existían. Siguen todavía vivos aquellos a quienes sus compañeros de clases les decían “doctor Xerox” en loor de las fotocopias que se habían popularizado por la marca Xerox. Del maestro Porras entre tantas anécdotas se cuenta una donde en plena sustentación recitó de memoria páginas de la tesis copiada sin rubor: no le quedó otro camino que desaprobarla ipso facto.

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La doctora Esther Festini era una personalidad ejemplar respetada no solo por sus colegas profesores sino por la comunidad de maestros y promociones de alumnos incluso sus alumnas del Colegio Miguel Grau que la recuerdan. En San Marcos han enseñado e investigado Gred Ibsher en filosofía, Ella Dumbar en historia, María Rivara en Filosofía son paradigmáticas.

Por todo, la agresión a Ruth Shady, antropóloga investigadora directora de la Zona Arqueológica de Caral, acusada por la Fiscalía de peculado doloso y “rehusamiento” a entregar bienes históricos descubiertos por la misma antropóloga ofende a la inteligencia. Se trata del patrimonio que conserva como es su deber y la Fiscalía quiere convertirse en guardián impertérrito de la cultura nada menos. Ojalá lo fuera. Ridículo. Como si viviéramos en un país de ágrafos totales. Todo pasa bajo nuestras miradas: los cuellos blancos esperan, el caso Odebrecht duerme, Keiko y “Cosito” se preparan para el próximo proceso electoral, Espinoza Pariachi está fugado, etc. etc. En medio de este lío perseguir a Ruth Shady sugiere un diagnóstico de los perpetradores.

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Esta es una columna
El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Lucas LavadoColumnista de EL PERFIL
Profesor en Filosofía y Ciencias Sociales. Magíster en Docencia Universitaria y Doctor en Ciencias de la Educación. Ha editado más...
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