Este artículo es de hace 5 años

Redes sociales: las neuronas cautivas

Estos, con poco esfuerzo, han logrado que usted crea que atacar a Maduro lo convierte en un adalid de la democracia.
Guillermo Giacosa

Las redes sociales son ya parte de una cultura que aplica, en esta nueva forma de interacción, los mismos prejuicios y estereotipos que observamos en la prensa tradicional. La única diferencia en este campo es que dichas reacciones no tienen filtro y, por tanto, son más directas y grotescas. Reflejan, además, la fragilidad de la mayoría de sus militantes, para pensar por cuenta propia. Aquello que llamábamos “pensamiento crítico” ha sido avasallado por una prensa coral, y más preocupada por los negocios que por el bienestar de los ciudadanos y el cuidado del estado de derecho.

No menciono la “JUSTICIA SOCIAL” porque entonces un ejército de trolls gritarán al unísono: populista (si están de buen humor) o terruco (si se han levantado con el pie izquierdo). Es imposible pensar independientemente sin recibir agravios y es penoso que la reacción de algunos lectores a lo que contradice sus opiniones exprese pobreza intelectual y ceguera política.

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Son tan elementales sus argumentos, tan descontextualizados, como si no existiera una pugna real a nivel mundial por los recursos energéticos, como si los atropellos de las grandes corporaciones económicas fueran un juego de niños, como si las guerras en curso y los drones fueran una fantasía, como si quienes respaldaron las más violentas dictaduras de Latinoamérica hoy hubiesen optado por respaldar auténticas democracias, como si las crisis fueran causadas por los pobres.

En fin, son patéticos. Si ellos quieren información que les guste pueden disfrutar de gran número de periódicos, radios o canales de TV. Estos, con poco esfuerzo, han logrado que usted crea que atacar a Maduro lo convierte en un adalid de la democracia. Es evidente que la muchachada de la prensa opulenta ha hecho buen trabajo. Su cerebro ya está civilizadamente colonizado.

Usted ya sabe distinguir entre el bien y el mal. Lo que ocurre, mientras tanto, en Libia, Siria, Yemen, Palestina, Irak, Afganistán y más actualmente en Argentina, Brasil o Ecuador, etc. no tiene importancia. Usted ya ha incorporado las instrucciones para ofenderse por lo que le dicen que debe ofenderse y permanecer impertérrito ante otras realidades. Hace bien, de ese modo su conciencia (si la tiene) no se hará dramas preguntándose por qué lo que está mal en un sitio está bien en otro.

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Nos están robando el futuro y usted se convierte en un adalid en defensa de la vida denunciando lo que ocurre en Venezuela como si fuera la única oveja negra en medio de un edén de políticos probos, economistas impecables y corporaciones respetuosas de las leyes y el medio ambiente.

Si les incomoda la injusticia denuncien con el mismo celo que señalan al gobierno venezolano, los horrores cotidianos del hambre, la discriminación, el feminicidio, el calentamiento global, la existencia de paraísos fiscales o mirar para otro lado ante las licencias que goza el narcotráfico.

Esta es una columna
El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Sobre la firma
Rosario, Argentina (1942). Ha trabajado más de 30 años en distintos medios de comunicación de Argentina y Perú. Ha sido asesor del director general de la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) en temas de juventud y ha asistido a proyectos en África, Europa y América Latina. Ha publicado los libros Jugar a vivir (2005) y Sábados en familia (2008). Recibió el Premio Peter Berenson de Amnistía Internacional por su defensa a los Derechos Humanos.
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