Este artículo es de hace 5 años

Tarapoto, memorias del subdesarrollo

Luis Torres Montero

Las últimas revelaciones acerca del congresista Rolando Reátegui y su relación con Keiko Fujimori en el presunto lavado de activos trae a colación un episodio que viví en la selva peruana.

De Lima tomé un avión frío de neblina y llegué a una estufa hecha vegetación y lluvia. Cuando llegué a Tarapoto, hace poco, el balsero me enseñó el lugar de ocio de un millonario; desde lejos se ve el lujo de una casa campestre en la falda de un cerro lleno de ramas y hojas verdes en la ribera alta de la famosa ‘Laguna Azul’, la joya de la selva virgen tarapotina.

SIGUE LEYENDO DESPUÉS DE LA PUBLICIDAD

Me dijo: “Es de Rolando Reátegui”. Me causó sorpresa esa posibilidad: que un congresista sea dueño de esa parte de la naturaleza que debió ser protegida, me causa espanto, no, así no juega Perú, y veía las estatuas salir de la maleza verde, las hamacas, en varios niveles, escaleras de sogas entre otros adornos. Me sentí como Indiana Jones estupefacto ante una casa de la isla perdida. Añadió: “Los congresistas fujimoristas siempre llegan a vacacionar allí”. Lo decía con orgullo.

Pero más sorpresa me causó lo que me dijo a continuación: “Keiko Fujimori tiene varias tierras por acá, lo sabemos todos”. Me llenó de indignación y decidí, mejor, disfrutar tan bello paraje. Tarapoto es un lago lleno de sorpresas, susurré.

Esta es una columna
El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
Compartir
Recibe nuestro contenido en Google News Síguenos en Síguenos en Google News
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp Suscríbete en Suscríbete en WhatsApp