Este 29 de julio, con un desfile deslucido, un escenario social lleno de preguntas, se inicia el gobierno de la señora Keiko Fujimori, como un fujimorismo resucitado con promesas y propuestas huecas carente de sustento realista. Una realidad dura, que golpea a los que viven de su trabajo diario y laborioso para llevar el pan a sus hogares.
Como nunca, los comentarios se solapan, se esconden y desaparecen porque no hay nada de nada en medio de tanta parafernalia. Una presidenta formada, es un decir, en universidad yanqui con dinero del tesoro, sin discurso convincente, sin propuestas pertinentes y muy distante de los hechos, acompañado de una amalgama heterogénea. Ausencia de credenciales para una gestión eficiente.
Salta a la vista una mezcla de personal profesional designado para cubrir plazas de ministros con notables desaciertos. Así como tantas incógnitas que se irán despejando con rapidez en el camino tortuoso de un país con una juventud que tiene ante sí un futuro lleno de incertidumbres.
La seguridad ciudadana con militares en las calles es siempre un recurso que esconde miedo. Pero con este seguro, acometer la “reorganización” del aparato del Estado recortando y fusionando organismos es el estilo del fujimorismo que todos conocen. Hay atisbos, sospechas y algunas hipótesis en ciernes, que la prensa calla e insinúa, lo que hace suponer la seguridad de las ganancias por delante.
Después de tanto trasiego en la urdimbre de la política menuda asistimos al reparto de inicio. El copamiento tanto del Ministerio Público como del Poder Judicial y autorización para legislar cuanto quieran cómo quieran con lo que volveremos a la vieja usanza sin oposición al desgobierno organizado. Lo que sugiere como la única esperanza a la vista: los movimientos populares organizados.
Los ministros designados, algunos antiguos y trajinados, otros aprendices con mañas antiguas, están prestos a comenzar, por lo que conviene aguzar las entendederas para estar vigilantes. No se advierten medidas que la población espera tales como la mejora de la calidad de la salud, educación, vivienda y, sobre todo, seguridad alimentaria destinada a creciente población infantil.
Con excepciones conocidas, si no existe una prensa libre que vigile, evalúe y critique las medidas de gobierno, se abre un campo para el silencio y la impunidad. El declive general de la lectura persiste y la ausencia de las recensiones críticas y renovadoras esperan mejores momentos que no se patentizan. Ni qué decir de las ciencias.
La condición de la sociedad peruana en un contexto internacional crítico requiere un análisis multidisciplinar en tanto que los problemas del país incluyen variables múltiples e intrincadas. Una imprevisible y caótica política exterior dependiente no es un buen augurio para Perú cuyas prioridades están condicionadas desde el exterior.
Una Europa sin ninguna influencia en el mundo, convertida en el nuevo patio trasero del Imperio Norteamericano carece de teorías, industrias y liderazgo que tanto influyó en el pasado. El fracaso Yanqui arrastrado por Israel para destruir Irán y la derrota en Ucrania sugieren que estamos en una nueva época frente a nuestros ojos, oídos y entendederas. La pregunta es si estamos preparados para repensar y rehacer.












