El director y productor panameño participa en Iberseries & Platino Industria para presentar Chichero, largometraje que codirige con Aarón Bromley, un drama rodado entre Panamá y Perú que aborda la migración, la violencia y los sueños de un joven marcado por el conflicto peruano.
Arturo Montenegro ha llegado a Iberseries & Platino Industria con una convicción clara: el cine iberoamericano tiene que ser capaz de contar historias locales sin renunciar a una vocación universal. El director y productor panameño participa en el encuentro madrileño, donde también ha tomado parte en las reuniones de la Federación Iberoamericana de Productores (FIPCA), un espacio que considera especialmente relevante para una industria acostumbrada a afrontar sus desafíos de manera fragmentada.
«Se reúnen productores de toda Iberoamérica en un solo lugar para dialogar y comulgar acerca de las cosas que nos pasan a los productores de Iberoamérica», explica Montenegro.
Uno de los debates que atraviesa el sector es el equilibrio entre la diversidad de propuestas y la necesidad de conectar con grandes audiencias. Frente a la idea de que se producen demasiadas películas destinadas a públicos muy reducidos, Montenegro defiende la pluralidad.
«Hay que hacer películas relevantes para las audiencias diversas y cada película encuentra su nicho y su forma», sostiene. Para el cineasta, esa variedad forma parte de la propia naturaleza del cine: «En esa pluralidad también radica cierta belleza, porque la vida es amplia».
Eso no significa renunciar a aspirar a películas capaces de alcanzar públicos internacionales. «Siempre aspiramos a hacer la mejor película posible y, si se puede hacer una película grande, pues yo sería el primero de la fila en levantar la mano, porque me encanta llegar a audiencias globales», afirma. Una ambición que, en su caso, intenta compatibilizar con historias profundamente vinculadas a sus territorios de origen.
De Panamá a Perú
Ese planteamiento está detrás de Chichero, largometraje codirigido por Arturo Montenegro y Aarón Bromley y rodado entre Panamá y Perú. La película se adentra en un contexto marcado por la violencia y las migraciones forzadas y sigue a Josué, un joven migrante que intenta abrirse camino mientras las circunstancias de su entorno condicionan sus sueños.
Para Montenegro, uno de los elementos distintivos de la película es precisamente el choque entre realidades culturales y geográficas. «Estamos hablando de cómo una cultura tan diversa, siendo latinoamericana, habla otra lengua, como es la lengua quechua, y cómo esto choca con el castellano», explica.
También está presente el contraste entre la montaña y el trópico, entre Perú y Panamá, y entre distintas formas de entender el mundo. Todo ello queda articulado a través de Josué.
«Estamos hablando de una película de sueños, pero también de migraciones forzadas en circunstancias terribles», señala el director. El personaje se convierte así en el punto de entrada a una historia que combina drama personal y contexto histórico.
La película se aproxima además a uno de los periodos más dolorosos de la historia reciente del Perú. Montenegro asegura que el tratamiento exigió distancia y respeto, evitando reducir el conflicto a una única mirada.
«Se contaba una versión de un lado, se contó del otro lado, se contó también la persona de en medio», explica. Esa última perspectiva resulta fundamental para el cineasta: «La persona de en medio a nosotros nos parece esencial porque es la que termina sufriendo los embates de las malas decisiones de los Estados y de los grupos de violencia».
Júnior Béjar Roca, un protagonista preparado para el ring
El protagonista de Chichero es Júnior Béjar Roca, actor peruano al que Montenegro había descubierto años antes, cuando ambos participaron con sus respectivas películas en el circuito internacional de festivales y premios. Béjar Roca había protagonizado Retablo, largometraje que representó a Perú en el proceso de selección para los Oscar.
Montenegro recuerda que quedó impresionado por su trabajo y decidió ponerse en contacto con él cuando ya tenía el guion de la película.
El actor, sin embargo, tuvo que prepararse especialmente para el papel. El boxeo ocupa un lugar importante en la historia y Béjar Roca no tenía experiencia previa en esta disciplina. Según explica Montenegro, durante varios meses se entrenó para las escenas relacionadas con el boxeo y la acción.
«El boxeo encierra cierta violencia», reflexiona Montenegro. Pero también encontró en ese deporte una metáfora para el recorrido de su personaje: «Las batallas de la vida también se viven fuera del ring y tal vez esas son las más importantes».
El rodaje llevó al equipo a trabajar en condiciones especialmente exigentes, incluidas localizaciones de gran altitud. Las secuencias de boxeo y las escenas vinculadas al conflicto supusieron algunos de los principales retos de producción.
«Siempre enfrentarte a la guerra cuesta mucha pasta, pero también lleva mucha energía del equipo de producción», explica.
CGI para reconstruir una época
La complejidad no terminó con el rodaje. Chichero ha requerido una extensa fase de posproducción, con un uso de efectos visuales especialmente importante dentro de la filmografía de Montenegro.
El objetivo era reconstruir enfrentamientos, explosiones y determinados elementos vinculados al contexto histórico de la película. El trabajo digital permitió ampliar y recrear distintos elementos del mundo en el que transcurre la historia.
«Ha habido esa oportunidad de dar la película durante la post de una manera muy dedicada», afirma.
El resultado busca que los efectos digitales no se conviertan en un elemento protagonista, sino que ayuden a construir el mundo de la historia y dotarlo de autenticidad.
El problema de siempre: el dinero
Más allá de las dificultades creativas, Montenegro sitúa uno de los principales obstáculos del cine iberoamericano en un terreno mucho más conocido: la financiación.
La dificultad aparece tanto durante la producción como cuando llega el momento de intentar que una película tenga recorrido internacional. En particular, las campañas de premios pueden convertirse en un desafío para cinematografías con recursos limitados.
«Las complicaciones son las de siempre: tienen que ver con un tema de presupuestos», explica. Montenegro señala que las campañas internacionales requieren importantes inversiones en promoción y visibilidad.
«La dificultad de nuestro cine también siempre tiene que ver con temas presupuestarios, conseguir fondos. Y no solamente para las campañas de premios, sino también para la hora de la producción», añade.
Para una película procedente de un mercado como Panamá, la dimensión internacional pasa en buena medida por establecer alianzas.
La coproducción como vía para crecer
Chichero es una producción panameña-española, con participación de productoras de ambos países, aunque parte de su rodaje tuvo lugar en Perú. Montenegro aclara que Perú no forma parte de la coproducción y que para el trabajo en el país se recurrió a una productora local que prestó servicios de producción.
La experiencia refuerza, en su opinión, el valor de estructuras como FIPCA para conectar a productores de distintos países.
«Podemos sumar dos o tres países en una producción y hacerla un poco más grande», explica.
El cineasta considera que la colaboración entre cinematografías iberoamericanas puede permitir afrontar proyectos de mayor escala y competir en mejores condiciones dentro de un mercado internacional en el que las grandes producciones cuentan con presupuestos muy superiores.
«Cuando vas a competir con el cine de Dinamarca, de Noruega, de Suecia, de Italia, Francia… las producciones son importantes», apunta.
Para Montenegro, esa dimensión económica resulta especialmente evidente en géneros como la fantasía, donde la construcción de mundos exige inversiones considerables.
Una película que podría seguir creciendo
La presencia de Montenegro en Iberseries también abre la puerta a pensar en el futuro de Chichero más allá del largometraje. ¿Podría convertirse algún día en una serie?
Su respuesta es abierta: «Claro». No hay, por ahora, un proyecto concreto en ese sentido, pero el director entiende que una historia puede tener diferentes recorridos y formatos.
«Tú sabes dónde comienza la historia, pero nunca dónde acaba», afirma. «La capacidad de imaginación es la que nos tiene aquí sentados y esa imaginación no tiene límites».
Una idea que conecta con el propio espíritu de Iberseries & Platino Industria: un ecosistema en el que las historias pueden cruzar fronteras, formatos y mercados.
Dos mujeres frente a la violencia
Montenegro también destaca dos personajes femeninos de Chichero: Yasmín, interpretada por Andrea Pérez Meana, y Gaby, interpretada por Mafe Achurra.
El director subraya el contraste entre ambas. «Retrata dos mujeres muy distintas», explica. Por un lado, Gaby aparece vinculada a una situación de vulnerabilidad; por otro, Yasmín es presentada como una mujer decidida a reclamar sus derechos.
Son dos miradas diferentes sobre la violencia y la capacidad de supervivencia que completan una película que, según Montenegro, busca moverse entre lo íntimo y lo histórico, entre una historia personal y un contexto que termina imponiéndose sobre sus protagonistas.
En ese equilibrio parece encontrarse también la apuesta del cineasta panameño: contar una historia arraigada en una realidad concreta —Panamá, Perú, sus lenguas, sus conflictos y sus paisajes— sin perder de vista la posibilidad de que el público de otros lugares pueda reconocerse en ella.






