El Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary (KVIFF) se ha consolidado como un espacio donde el cine no solo se proyecta, sino que se respira. Para el director libanés *Karim Hassan, esta edición ha sido un soplo de aire fresco. Con su película *Pipes compitiendo por el prestigioso Crystal Globe en su estreno mundial, Hassan se muestra maravillado por la respuesta del público: “En algunos festivales sientes que solo un cuarto del cine está lleno, incluso en el estreno mundial. Pero aquí está a reventar. Ver a la gente haciendo fila para ver cine es algo raro hoy en día, es una experiencia hermosa”.
Sin embargo, detrás de la calidez del público checo, Pipes esconde un retrato crudo, urgente y profundamente humano de la realidad de Líbano.
La metáfora de las tuberías
La trama sigue a Hassan, un hombre que interpreta una versión ficticia de sí mismo: un trabajador retirado de la autoridad del agua tras 35 años de servicio, que es llamado de vuelta para buscar una esquiva “tubería madre” desaparecida.
Lejos de ser solo un recurso narrativo, Hassan utiliza las tuberías como una potente metáfora. “Son reales, pero también simbólicas. Son como las neuronas en el cerebro, las sinapsis, o el universo; cómo todo está conectado. A través de la desconexión del agua, logramos conectar al pueblo”, explica el director. La búsqueda de esta tubería mítica se convierte en un viaje para explorar el significado de la vida, el propósito de las personas y el tejido de su comunidad.
Un espejo de la realidad libanesa
Cuando se le pregunta por qué elegir mostrar un pueblo donde “nada funciona” en lugar de rodar una película sobre los hermosos paisajes de Líbano, Hassan es contundente y melancólico: “Esa es la forma en que la mayoría de la gente se siente en Líbano. La gente sufre psicológicamente por las guerras, la falta de agua, de electricidad, la falta de un sistema. Se ha vuelto feo”.
Para Hassan, la autenticidad es innegociable. “Hay paisajes hermosos, pero no significan mucho cuando no hay agua. Hay problemas más profundos en la sociedad y quería mantenerme fiel a la naturaleza de este pueblo, no mentir”.
Esta frustración con el sistema se extiende a la geopolítica. Cuando se le pregunta si hay solución para tener un país seguro, Hassan advierte sobre el peligro de las ideologías intransigentes ligadas a dogmas religiosos. “No veo una solución a menos que se haga algo a escala global, con sanciones. Como en Sudáfrica. De lo contrario, será carta blanca para la limpieza étnica”.
La tragicomedia como terapia
A pesar de la dureza de su contexto, Pipes está impregnada de un humor sutil y desesperanzador. En la película, prometen al protagonista huevos con carne, pero solo le dan galletas; le ofrecen té una y otra vez mientras el agua sigue sin llegar.
“Creo que de la tristeza nace el humor. No puedes evitar reírte de la situación. Es una tragicomedia”, afirma Hassan, quien elige a propósito personajes con un sentido del humor inherente. “Ya es lo suficientemente deprimente estar en Líbano, es muy difícil con la guerra. Tenemos que reír a veces. Es saludable, es casi terapéutico”.
El método “guerrilla” de Karim Hassan
Llaman la atención las credenciales de Hassan: ha dirigido cinco largometrajes en los últimos cinco años bajo condiciones extremas. ¿El secreto? Una mezcla de experiencia técnica, ingenio y una filosofía de producción inquebrantable.
Tras pasar 10 años en Nueva York trabajando como director de fotografía y asistente de cámara, Hassan sabe exactamente cómo hacer una película de gran escala y, por ende, cómo hacerla a pequeña escala. Pipes fue rodada con solo dos luces y un equipo de seis personas. “Decidí ponerla en trípode y no en un travelling. Si complicas los planos con grúas y no-actores, se asustan y piensan que es una película de verdad. Con seis personas, somos solo amigos haciendo esto”, detalla.
Su modelo de financiación es igualmente singular. Tras autofinanciar su primer largometraje, Hassan descubrió que la forma más segura de conseguir fondos es aplicar a ayudas de posproducción, donde los jurados pueden ver un corte real. “Rodo películas muy baratas porque tengo mi propia cámara y lentes. Y cada vez que me sobra dinero de los premios, lo reinvierto en la siguiente película. No guardo mi dinero, ese es mi propósito”.
En el proceso de guion, cuenta con el apoyo fundamental de *Nadia, su coguionista, quien proviene del teatro y de la misma región donde rodaron. *”Ella me mantiene cuerdo cuando me voy por las ramas. Ha sido una experiencia muy fructífera”.
Mirando al futuro: El despertar de un Estado
Con el éxito de Pipes en Karlovy Vary, Hassan ya está mirando hacia su próximo proyecto, una película que ha tenido que posponer debido a los bombardeos en Beirut.
El nuevo filme promete ser una pesadilla burocrática al estilo de Kafka, centrada en un personaje que intenta pagar una simple multa de estacionamiento, lo que expone la podredumbre de todo el sistema. El clímax emocional y filosófico se produce cuando se revela que la hija del protagonista está en coma tras un accidente. “Es el coma de quién despertará primero. ¿La hija o el Estado?”, reflexiona Hassan, adelantando una obra que promete mezclar lo surrealista con una crítica feroz a la burocracia.
Mientras Pipes continúa su recorrido por el mundo, Karim Hassan se consolida como una de las voces más vitales, honestas y resilientes del cine contemporáneo de Oriente Medio. Un cine que, al igual que las tuberías de su película, busca desesperadamente conectar a las personas en medio de la desconexión.





