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sábado, 26 de septiembre de 2026
Eduardo Carrasco, memoria viva de Quilapayún, recibe el Abrazo d’Honneur en Biarritz

Eduardo Carrasco, memoria viva de Quilapayún, recibe el Abrazo d’Honneur en Biarritz

Eduardo Carrasco recibe en Biarritz el Abrazo d’Honneur, evocando a Allende, Víctor Jara, Quilapayún y el legado universal de “El pueblo unido”.
Eduardo Carrasco recibe el Abrazo d’Honneur en Biarritz. Foto David Sánchez
Eduardo Carrasco recibe el Abrazo d’Honneur en Biarritz. Foto David Sánchez

Eduardo Carrasco, memoria viva de Quilapayún, recibe el Abrazo d’Honneur en Biarritz. Por David Sánchez.

El fundador de Quilapayún fue homenajeado en el Festival Biarritz Amérique Latine junto a Carlos Quezada, en un coloquio presentado por Jean-Christophe Berjon, que recorrió la Unidad Popular, Salvador Allende, Víctor Jara, Francia y la historia de «El pueblo unido jamás será vencido»

El Festival Biarritz Amérique Latine abrió este 26 de septiembre su edición de 2026, que se prolongará hasta el 2 de octubre, con uno de sus homenajes más cargados de memoria. El protagonista fue Eduardo Carrasco, fundador de Quilapayún, figura esencial de la música popular chilena y uno de los nombres vinculados a una de las canciones que más lejos ha viajado desde América Latina: «El pueblo unido jamás será vencido», creada por Quilapayún y Sergio Ortega.

Carrasco estuvo acompañado por Carlos Quezada, también integrante de Quilapayún, en un coloquio presentado y conducido por Jean-Christophe Berjon, director del festival. El encuentro tuvo lugar alrededor de la proyección del documental Quilapayún, más allá de la canción, y permitió recuperar, a través de los recuerdos de sus protagonistas, algunos de los momentos fundamentales de la historia del grupo: la llegada de Salvador Allende al poder, la experiencia de la Unidad Popular, el trabajo con Víctor Jara, la relación con Francia, el exilio y la extraordinaria dimensión internacional que terminaría adquiriendo su música.

El acto culminó con la entrega del Abrazo d’Honneur a Eduardo Carrasco, que recibió el reconocimiento de manos de Serge Fohr, presidente del Festival Biarritz Amérique Latine.

Salvador Allende y la esperanza de un momento histórico

Desde el comienzo del coloquio, Jean-Christophe Berjon situó a Carrasco en el contexto político y cultural en el que nació Quilapayún. La conversación regresó a los primeros años de la Unidad Popular y a la enorme esperanza que despertó la llegada de Salvador Allende a la presidencia de Chile.

Carrasco recordó aquellos días desde la perspectiva de quien los vivió directamente. Él y sus compañeros estaban vinculados a la Federación de Estudiantes de Chile y esperaban la llegada de Allende. La música debía formar parte de aquel encuentro, porque Quilapayún ya era entonces una formación estrechamente ligada a la vida cultural y política de aquella generación.

«Estábamos con Allende en la Federación de Estudiantes de Chile», recordó Carrasco. «Estábamos preparados para cantar, porque ya era casi seguro que iba a venir a hablar y lo estábamos esperando». Había periodistas y una gran expectación. Para el músico, aquel momento tenía una importancia excepcional: «Era un momento especial de nuestra historia, porque era la primera vez que un gobierno socialista llegaba al poder por medios electorales. Era una ocasión muy especial para nuestro pueblo y para nosotros».

La escena terminó, sin embargo, de una manera casi inesperada. A pesar de la preparación de los músicos, no hubo actuación. «Al final no cantamos, porque no había micrófono», recordó Carrasco.

La anécdota, contada muchos años después, adquiere una dimensión especial porque permite regresar a un momento en el que la música, la política y la vida cotidiana estaban profundamente conectadas. Quilapayún no contemplaba aquellos acontecimientos desde fuera: formaba parte de una generación de artistas que veía en la transformación política de Chile una oportunidad para construir también una nueva cultura.

Víctor Jara, mucho más que un músico

Si Salvador Allende representa el contexto histórico en el que se desarrolló Quilapayún, Víctor Jara aparece en el coloquio como una de las figuras decisivas para comprender cómo se construyó la identidad artística del grupo.

Fue Carlos Quezada quien aportó buena parte de los recuerdos sobre aquella etapa. Su propia incorporación a Quilapayún se produjo aproximadamente un año y medio después de que Víctor Jara comenzara a trabajar con el grupo. Quezada recordó con especial viveza aquel primer encuentro. Sabía perfectamente quién era Jara y, por eso, la prueba para entrar en la formación le produjo una mezcla de respeto y nervios.

«Entré en una habitación y estaba Víctor. Yo sabía quién era, así que estaba muerto de miedo, de susto», relató. Después llegaron las pruebas musicales: «Me hicieron varios ejercicios de guitarra. Yo era muy malo con la guitarra, pero finalmente me aceptó».

A partir de entonces comenzó una etapa que Quezada considera fundamental para la historia de Quilapayún. «Durante tres años trabajamos con él», explicó. Y la importancia de Jara no estaba solamente en su conocimiento musical. Su formación y su experiencia como hombre de teatro iban a transformar la manera en que Quilapayún entendía el escenario.

«Gracias a su oficio en el teatro y a sus talentos como artista y creador, fue perfilando este grupo», explicó Quezada. Jara trabajaba con ellos la presencia escénica, la forma de moverse y de construir una actuación colectiva. «Cómo poner el cuerpo en el escenario, cómo avanzar, cómo retroceder, cómo cantar», recordó.

La influencia de Jara fue, por tanto, mucho más profunda que la de un director musical. Ayudó a convertir a Quilapayún en una formación con una personalidad escénica propia, donde la música, el movimiento y la teatralidad formaban parte de una misma propuesta.

Quezada lo resumió de manera contundente: «Con Víctor hicimos un trabajo enorme, que fue la base de este grupo».

La frase adquiere un peso especial en un homenaje celebrado décadas después de aquellos acontecimientos. Porque hablar de Quilapayún significa inevitablemente hablar también de Víctor Jara y de la huella que dejó en sus primeros años. Su influencia contribuyó a que el grupo no fuera solamente un conjunto de músicos sobre un escenario, sino una formación capaz de construir una presencia colectiva reconocible.

La música latinoamericana y Francia

La conversación se trasladó después a Francia, país que acabaría teniendo una importancia fundamental en la trayectoria de Quilapayún. Berjon recordó la temprana relación del grupo con el público francés y preguntó por las raíces de esa conexión.

Carrasco explicó que, cuando Quilapayún llegó a Francia, ya existía un interés considerable por la música latinoamericana. Los músicos encontraron un público familiarizado con los sonidos andinos y con instrumentos que comenzaban a formar parte del paisaje musical francés.

«En Francia había mucho interés en la música latina», recordó. «Se escuchaba mucho la música andina». El charango y otros instrumentos eran ya conocidos por una parte del público: «El charango, todo eso, eran cosas a las que el público francés ya estaba acostumbrado».

Pero la relación iba en las dos direcciones. Carrasco recordó que en París habían surgido grupos latinoamericanos que reunían diferentes tradiciones musicales del continente. «Los grupos latinoamericanos que hacían música latinoamericana, no solamente la música de un país o de otro, sino todos juntos, nacieron en París», explicó.

Quilapayún observaba con atención aquella experiencia y encontraba en ella una fuente de inspiración. «Éramos muy admiradores de lo que ellos hacían», reconoció Carrasco. Francia se convirtió así no solo en un lugar de acogida, sino en un espacio fundamental para la evolución y la proyección internacional de la formación chilena.

¿Cuál es la magia de Quilapayún?

Jean-Christophe Berjon quiso saber cuál era el secreto de aquella formación capaz de mantener una identidad tan fuerte a lo largo de los años. La pregunta sobre la «magia» de Quilapayún llevó a Quezada a explicar que probablemente no existe una única respuesta.

«No sé cuál es la magia de Quilapayún», reconoció, antes de explicar cómo se construía aquella experiencia colectiva. La respuesta regresó inevitablemente al trabajo realizado con Víctor Jara y a la enorme disciplina que había detrás de las actuaciones.

La música no era solamente interpretación. Había un trabajo sobre el cuerpo, el movimiento, las voces y la manera de presentarse ante el público. Aquella combinación terminó formando parte de la identidad de Quilapayún.

El documental Quilapayún, más allá de la canción permite precisamente recuperar esa dimensión de la historia del grupo: la que existe detrás de las canciones conocidas y que está formada por años de trabajo, de búsqueda artística y de experiencias compartidas.

Una canción que cruzó el mundo

El gran momento del coloquio llegó cuando Berjon llevó la conversación hacia «El pueblo unido jamás será vencido», la canción creada por Quilapayún y Sergio Ortega que terminaría convirtiéndose en un símbolo internacional.

La pregunta era inevitable: ¿cómo se siente un músico cuando escucha una canción que nació en un contexto concreto de Chile y que, décadas después, continúa siendo cantada en países de todo el mundo?

Carrasco respondió con una reflexión sobre el carácter imprevisible de la música. «Es difícil de decir, porque el éxito de una canción es siempre un misterio», afirmó. No existe una fórmula que permita saber qué composición terminará llegando a millones de personas: «Algunas canciones, de repente, llegan a la gente».

Para Carrasco, el éxito de una canción tiene algo de inexplicable. «El éxito es algo completamente misterioso. Es un milagro», dijo.

Y El pueblo unido vivió precisamente ese recorrido. La canción nació de una experiencia histórica muy concreta, pero terminó siendo adoptada por públicos que no habían vivido aquellos acontecimientos. En el coloquio se recordó que se ha cantado en numerosos países y en contextos muy diferentes, desde América Latina hasta lugares tan alejados como Japón.

Carrasco reconoce que ese fenómeno resulta sorprendente: «Eso es raro para nosotros, es raro y normal». Sus canciones, explica, nunca fueron concebidas con la intención de convertirse en grandes éxitos internacionales. «Nuestras canciones no tienen éxito», dijo con cierta ironía.

Pero El pueblo unido tuvo una trayectoria diferente. «El pueblo unido fue recibido como algo propio», explicó. Y añadió una frase que resume quizá mejor que ninguna otra el recorrido de la canción: «La gente de diferentes países se ha apropiado de esta canción. La cantan porque la canción les dice cosas que les llegan al corazón».

Ahí está probablemente una de las razones de su permanencia. La canción dejó de ser únicamente una composición vinculada a un momento de la historia chilena para convertirse en una expresión que diferentes generaciones y diferentes pueblos pudieron interpretar desde sus propias experiencias.

La memoria de Chile

En esa reflexión sobre la permanencia de las canciones apareció también la figura de Patricio Guzmán, amigo de Carrasco y uno de los grandes cineastas de la memoria chilena.

«Quiero decir una palabra sobre un gran amigo que falleció, que vino al cine y que hizo una película maravillosa: Patricio Guzmán», señaló Carrasco.

La referencia a Guzmán permitió ampliar la conversación desde la música hacia la memoria. Tanto el cine como la canción pueden convertirse en testimonios de una época. Pueden conservar aquello que de otro modo podría desaparecer y transmitirlo a personas que no vivieron directamente los acontecimientos.

Para Carrasco, existen cosas que permanecen a través de las generaciones. Y entre ellas está la voz de Quilapayún.

El documental que se presenta en Biarritz se sitúa precisamente en ese territorio: no solamente contar la historia de un grupo musical, sino mostrar qué queda de aquella experiencia cuando han pasado décadas.

Un homenaje que es también una memoria colectiva

El Abrazo d’Honneur a Eduardo Carrasco adquiere así un significado que va más allá del reconocimiento individual. El homenaje distingue a uno de los fundadores de Quilapayún, pero al mismo tiempo permite recuperar una historia colectiva que incluye a sus compañeros de grupo, a Víctor Jara, a los artistas vinculados a la Unidad Popular y a todos aquellos que contribuyeron a llevar la música latinoamericana mucho más allá de sus fronteras.

El 26 de septiembre, en el inicio del Festival Biarritz Amérique Latine 2026, Carrasco estuvo acompañado por Carlos Quezada en una conversación conducida por Jean-Christophe Berjon. Al término del encuentro, Serge Fohr, presidente del festival, le entregó el Abrazo d’Honneur.

El reconocimiento llegó después de una conversación que fue mucho más que una mirada retrospectiva. Al hablar de Allende, de Víctor Jara, de Francia, de Chile y de El pueblo unido, Carrasco y Quezada recuperaron una parte de la historia cultural latinoamericana que continúa viva.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender el título del documental, Quilapayún, más allá de la canción. Porque detrás de cada canción hay una época, unos rostros, unas voces y unas experiencias. Y algunas canciones, como «El pueblo unido jamás será vencido», consiguen algo todavía más difícil: sobrevivir a su propio tiempo y ser adoptadas por quienes las escuchan décadas después.

En Biarritz, el homenaje a Eduardo Carrasco volvió a poner esa historia en primer plano. Una historia que comenzó en el Chile de Allende, que pasó por el escenario junto a Víctor Jara, que encontró en Francia uno de sus grandes espacios de expresión y que terminó llevando una canción nacida en Chile a los escenarios y a las calles de medio mundo.

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Colaborador de EL PERFIL
Crítico de cine, especializado en cine latinoamericano. Es miembro de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) y de l'Académie des Lumières, de la prensa internacional en Francia.