Entre las aguas alpinas del Festival Internacional de Animación de Annecy, la meca mundial de la disciplina, late un corazón tapatío. Karla Castañeda, originaria de Guadalajara, compite en la selección oficial con Canción de Noche, una fábula en stop-motion gestada durante dos años de aislamiento en un pequeño pueblo zacatecano.
Zacatecas, taller y refugio
Lejos de los grandes estudios, la realizadora encontró en la geografía de Zacatecas la materia prima de su obra. “Yo tenía que ir a cortar los árboles al cerro. Me llevaba mi serrucho, caminaba 40 minutos, y si se acababa la batería de mis herramientas, tenía que regresar”, relata. “Agarraba tierra roja de costales, me subía a la maqueta y ponía los costales. Tenía muchísima alergia, pero todo el arte me lo tenía que levantar yo”.
Rodeada de ancianos, mujeres solas y bandas de viento, la cineasta jalisciense tradujo el silencio de esa tierra en nueve minutos de poesía visual.
La ausencia y los “niños cuervo”
Canción de Noche es una fábula sobre la migración y el perdón. “Es una historia sobre una madre y un hijo que se quedan solos cuando el padre tiene que irse a la frontera, al exilio, a buscar cómo mandar de comer a su familia”, explica. “De pronto, en ese hogar lleno de música, llega la maldad. Yo los quise representar como los ‘niños cuervo’, que son esos ‘niños halcones’ de 10 o 12 años a los que los adultos les pagan para vigilar o hacer daño”.
Tras una tragedia, el protagonista emprende un viaje que culmina en el perdón: “El niño levanta la máscara del otro niño, se da cuenta de que es un niño como él, que llora y tiene sentimientos. Decide perdonarlo, absolverlo, y se lleva a su madre en una barca tocando la tuba, de donde empiezan a salir mariposas. Es el legado musical, es la catarsis”.
La crudeza de hacer animación en México
La producción revela la epopeya de la animación independiente latinoamericana. “En México tienes que hacer todo solito. ¿Cómo solucionas esto? Pues con cinta médica, con hilo, cosiendo para que parezca una herida”, sentencia. “Es cómo solucionarla en México, es la vida misma”.
Y defiende con firmeza la dignidad de su oficio: “La gente me dice: ‘Qué flojera, qué paciencia’. Pero no es un hobby. Hay gente que dice ‘en mi tiempo libre quiero hacer animación’, y no, no es tu tiempo libre. La animación es algo muy serio, te tienes que tomar 24 horas, sábados y domingos. Trabajas en la oscuridad, es como estar en una mina”.
De Guillermo del Toro a los gigantes de Annecy
Su trabajo en el Departamento de Arte y Diseño de Producción de Pinocho de Guillermo del Toro la llevó a coescribir con el cineasta El gigante enterrado. Para este cortometraje reunió a un equipo de ensueño: la música es del español Fernando Velázquez y los créditos fueron animados por la portuguesa Regina Pessoa. “Que un músico de esta talla haga la partitura para Canción de Noche, o ver a gente que yo admiro en el mismo programa… es muy lindo”, confiesa emocionada.
Con el respaldo de la Secretaría de Cultura de Zacatecas, esta mujer de Guadalajara logra que la tierra roja zacatecana y el corazón tapatío laten al unísono en cada fotograma. Canción de Noche no solo compite en Annecy: es un abrazo cinematográfico a las madres que esperan y a los niños que, ante la hostilidad, deciden tocar la tuba para que vuelvan las mariposas.






