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sábado, 13 de junio de 2026
El oficio de mantener vivo el son: Buena Vista All Stars deslumbran en Rio Loco Toulouse

El oficio de mantener vivo el son: Buena Vista All Stars deslumbran en Rio Loco Toulouse

Sentados juntos, Barbarito Torres, Manuel Machado y Demetrio Muñiz no solo repasan su larga trayectoria, sino que ofrecen una lección de vida sobre cómo la música trasciende las crisis, las fronteras y los idiomas en Rio Loco.
Demetrio Muñiz (de pie), Barbarito Torres (izd.) y Manuel Machado (dcha.) de Buena Vista All Stars en Rio Loco 2026 Toulouse. Foto David Sánchez
Demetrio Muñiz (de pie), Barbarito Torres (izd.) y Manuel Machado (dcha.) de Buena Vista All Stars en Rio Loco 2026 Toulouse. Foto David Sánchez

El oficio de mantener vivo el son: Buena Vista All Stars deslumbran en Rio Loco Toulouse. Por David Sánchez.

En el marco de Río Loco (Toulouse), los músicos desgranan cómo se sostiene un repertorio clásico tras décadas de giras, por qué la creatividad resiste a cualquier crisis y qué significa habitar Madrid como segundo hogar durante 36 años.

No se trata de revivir un archivo, sino de mantener un pulso. Cuando los Buena Vista All Stars suben al escenario de Río Loco, el festival de Toulouse dedicado a las culturas insulares, no vienen a hacer museografía musical. Vienen a demostrar, con laúd, trompeta y voz, que la tradición cubana se sostiene en la interpretación viva, en la adaptación constante y en la certeza de que el arte no conoce candados.

La anatomía de un clásico que no se repite

Chan Chan es, para la crítica y el público, un himno planetario. Pero para los músicos que la ejecutan noche tras noche, no es una partícula fija, sino un organismo que respira con cada sala. “Cada vez que la interpretamos es un homenaje a su autor, Compay Segundo”, señala Barbarito Torres. Manuel Machado añade que, aunque mantienen la estructura, “cambia el público, cambia la energía, cambia el ambiente. Nunca es exactamente igual”.

Es precisamente esa variabilidad lo que les permite seguir emocionándose. Demetrio Muñiz explica que su versión descansa en la personalidad instrumental de Torres y Machado, con solos que tejen “una atmósfera de cercanía, de calor y de ternura”. Torres lo resume: “Es un Chan Chan muy nuestro. Está basado en el original, pero tiene mucho de nosotros porque hacemos una interpretación propia”. Muñiz destaca su sencillez: “Creo que hemos conseguido que emocione mucho al público. Esta noche lo comprobarás en el concierto; es uno de los momentos más emocionantes del espectáculo”.

Cuando se les pide elegir una canción favorita del repertorio, las respuestas dibujan su identidad: Torres se queda con Chan Chan por su carácter emblemático; Muñiz prefiere Lágrimas Negras; y Machado elige Mi música cubana porque “siento que me representa”.

“Para eso no hay bloqueo”

La entrevista inevitablemente roza la realidad cubana. Muñiz es tajante al distinguir entre el contexto y el impulso artístico: “En mi opinión, la realidad afecta a todo. Lo que no afecta son las ganas de expresar algo”. Torres asiente: “También está la creatividad”.

Frente a la adversidad económica, el grupo sostiene que el talento busca grietas por donde florecer. “La creatividad y el talento siempre intentan salir adelante, incluso en los momentos más difíciles”, afirma Muñiz. Machado interviene con una frase que resume su postura: “Para eso no hay bloqueo”. Y Muñiz cierra: “Eso no lo puede bloquear nadie”.

Reconocen que vivir exclusivamente de la música en la isla es complicado en tiempos de crisis, igual que para cualquier otra profesión. “No puedes separar la música de la realidad. Si la vida para el cubano es difícil, también lo es para los músicos”, dice Muñiz. Pero la música, lejos de ser un lujo, opera como sustento. “Siempre”, responde al preguntarle si el arte ayuda a superar las dificultades. Torres lo eleva a principio vital: “Sin música no hay vida”. Muñiz cita la idea de que es “alimento para el alma”, y Torres recuerda el dicho popular: “En Cuba también se dice que el son no puede desaparecer porque el cubano es sabrosón”.

Treinta y seis años de convivencia en Madrid

Lejos de La Habana, hay una ciudad que ha marcado su rutina y su mirada sobre el mundo. Madrid los acogió hace décadas y hoy la consideran propia. “Sí, muchísimo”, responde Machado al preguntarle si se sienten a gusto. “Llevamos muchos años allí”, añade Muñiz. “Treinta y seis años ya”, precisa Machado. “Queremos mucho a Madrid. Hemos convivido allí durante mucho tiempo y esa convivencia es una de las cosas más importantes que puede tener una ciudad”, cierra Muñiz.

Sobre la narrativa que presenta a la capital como una “Miami europea” por la presencia latinoamericana, Machado defiende la identidad histórica de la ciudad: “Madrid siempre ha tenido una personalidad propia. Siempre se ha dicho aquello de ‘De Madrid al cielo’. Si alguien quiere cambiar ese eslogan, es otra cosa”.

Muñiz ofrece una lectura sociológica serena: reconoce que ciertos trabajos están ahora en manos de latinoamericanos, como antes lo estuvieron de otras comunidades inmigrantes, y subraya que “todos acabamos adaptándonos unos a otros”. Frente a tendencias intolerantes, insiste en la evidencia práctica: “la realidad demuestra que los inmigrantes son tan necesarios como los autóctonos. Muchos realizan trabajos esenciales para la sociedad. Basta ver a muchas personas mayores acompañadas por cuidadores latinoamericanos. Compartimos muchas cosas, entre ellas el idioma, y lo importante es el respeto”.

Incluso ante eventos de gran resonancia como la reciente visita del Papa a Madrid, su postura refleja ese equilibrio entre el respeto institucional y la libertad personal. Machado señala que “el tráfico estaba muy complicado”, pero valora que “los mensajes de paz, amor y respeto que transmitió siempre son admirables”. Muñiz, desde su agnosticismo, afirma: “Yo respeto mucho lo que representa. Para quienes tienen fe católica ha sido algo maravilloso. Me parece positivo un mundo abierto a todos”.

El escenario sin fronteras

Toulouse no es un destino aislado, sino un eslabón más en una trayectoria que ha borrado mapas. “Ya he perdido la cuenta de cuántas” veces han pisado la ciudad, dice Muñiz, destacando que es “un lugar abierto a la música”. Celebra la fusión vivida la noche anterior entre cantantes franceses y músicos cubanos como “maravillosa”, y reconoce el orgullo de compartir cartel con Los Van Van, “el tren de Cuba, una orquesta que todos los músicos que estamos aquí respetamos y queremos muchísimo”. Torres la califica de “emblemática”, y Muñiz añade que compartir festival con ellos “nos obliga a estar a la altura del evento”.

Esa misma altura se mide en la respuesta del público global. Machado asegura no recordar “ninguna decepción”: “En cualquier sitio hemos sido recibidos de maravilla”. Torres matiza que, aunque en países hispanohablantes la conexión es inmediata, “incluso en lugares donde no se habla español nos reciben con muchísimo cariño”. Muñiz lleva la observación más lejos: “Es increíble escuchar a un griego o a un japonés cantando correctamente las letras. ¿Qué límites tiene la música? Ninguno. El sonido no tiene fronteras”.

Representar a Cuba en un encuentro internacional como Río Loco, concluyen, es un “placer”, sobre todo por defender “la música tradicional, que es lo que hacemos nosotros”, y por la calidez de un público que “siempre nos ha acogido muy bien”.

Mientras el laúd y la trompeta afinan para el concierto, queda clara una certeza: no están aquí a repetir el pasado, sino a confirmar que el son, la creatividad y la convivencia siguen siendo lenguajes que ninguna crisis, frontera o distancia puede silenciar.

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Colaborador de EL PERFIL
Crítico de cine, especializado en cine latinoamericano. Es miembro de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) y de l'Académie des Lumières, de la prensa internacional en Francia.