La 48.ª edición del legendario festival francés, que se despliega del 20 de julio al 5 de agosto, rinde tributo a los centenarios de Miles Davis y John Coltrane y reafirma su compromiso social en tiempos de incertidumbre cultural.
En el corazón de la Gascuña, lejos del bullicio de las grandes capitales, existe un milagro geográfico y sonoro. Cada verano, el diminuto pueblo de Marciac (Francia)—apenas unos miles de almas el resto del año— se expande hasta convertirse en el centro neurálgico del jazz mundial. Este año, la 48.ª edición de Jazz in Marciac (del 20 de julio al 5 de agosto) no solo celebra la música, sino que la corona. Bajo el lema Jazz en majesté (El jazz en su majestuosidad), inspirado en aquella célebre frase de Claude Nougaro —«¡Sa Majesté le Jazz!»—, el festival anuncia un retorno a los fundamentos: el soplo de la libertad, la improvisación como arte de la superación y la raíz profunda que conecta el Misisipi con el mundo entero.
Pero si hay un hilo conductor que atraviesa el cartel de este 2026, es la memoria viva de dos titanes que cumplieron un siglo de vida: Miles Davis y John Coltrane. Lejos de ser un mero ejercicio de nostalgia, el festival ha tejido su programación alrededor de la revolución que ambos supusieron. La prueba de fuego llegará de la mano de Marcus Miller, quien presentará su explosivo We Want Miles!, rodeado de una constelación de estrellas como Mike Stern y Mino Cinelu. Por su parte, el saxofonista James Carter ofrecerá Trane: A Centennial Supreme, una inmersión en el legado espiritual y técnico de Coltrane.
Un cartel de altura y la conexión ibérica
Como es tradición en Marciac, la programación es un ejercicio de equilibrio entre la ortodoxia, la vanguardia y la transversalidad. Los gigantes del jazz acústico y contemporáneo tienen cita obligada: Pat Metheny regresará con su proyecto Side-Eye III+; Diana Krall desplegará su inigualable elegancia; Cécile McLorin Salvant volverá a desafiar las fronteras del canto con su Oh Snap; y Fred Hersch liderará un trío de ensueño.
Sin embargo, para el público español, el cartel de este año ofrece puentes culturales irresistibles. La fusión entre el flamenco y el jazz alcanza su cénit con el Paco de Lucía Legacy, que mantendrá viva la llama del maestro de Algeciras. Además, el trompetista francés Erik Truffaz y el saxofonista gaditano Antonio Lizana presentarán New Sketches Of Spain, prometiendo una catarsis mediterránea bajo la carpa del festival. A ellos se suman la intimidad cubana de Roberto Fonseca junto al chelista Vincent Segal, y la alegría afrobeat de Richard Bona.
El festival también abraza la cultura pop y el groove universal. Sting, rodeado de incontestables jazzistas, presentará Sting 3.0; el cantante Asaf Avidan desplegará su inconfundible dramatismo y potencia vocal; Keziah Jones traerá su blufunk vibrante; y la energía retro-funk de Kool and the Gang cerrará los fuegos artificiales de agosto.
La “entrada comprometida”: cultura como acto de resistencia
Más allá de los focos y los solos de saxofón, Jazz in Marciac 2026 destaca por su profunda conciencia social. En “tiempos poco clementes para la cultura”, como reza el manifiesto del festival, la organización ha lanzado el Ticket engagé (La entrada comprometida).
El mecanismo es tan sencillo como solidario: el público puede adquirir un billete nominativo por 300 euros (cuyo precio real es inferior). La diferencia se convierte en una donación directa a la asociación, con derecho a deducción fiscal. “La verdadera generosidad hacia el futuro consiste en darlo todo al presente”, escribía Albert Camus en El hombre rebelde, cita que abraza el festival. Este acto de mecenazgo popular sostiene un modelo asociativo que lucha por la educación, la paridad, la accesibilidad para personas con discapacidad y la sostenibilidad medioambiental.
Un pueblo planetario
Marciac ya no es solo un escenario; es un ecosistema cultural. Quien visite la villa este verano podrá descubrir su Office de Tourisme reconvertido en un espacio inmersivo, donde la tecnología y la historia del jazz se entrelazan. Desde el Fab Lab, donde la impresión 3D y la robótica conviven con la artesanía local, hasta la Micro-Folie, que permite viajar virtualmente desde el Château de Versailles hasta los clubs de Nueva Orleans, el pueblo demuestra que la cultura no es un adorno, sino el motor de la identidad.
Miles Davis detestaba la palabra “jazz”, pero fue él quien la hizo universal. Cuarenta y ocho años después, esas cuatro letras siguen siendo el pasaporte que convierte a un rincón olvidado de Francia en una aldea planetaria. Este verano, el jazz vuelve a reinar en Marciac. Y lo hace, en efecto, en toda su majestuosidad.








