Este artículo es de hace 5 años

Baile en Nueva York, paro en Argentina

Guillermo Giacosa

Mauricio Macri, presidente de la Argentina, recibió un premio llamado “Global Citizen Awards”. Lo otorga el think tank estadounidense denominado Consejo Atlántico. Antes recibieron esa condecoración el actual Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, el italiano Matteo Renzi, el millonario presidente ucraniano, Petro Porochenko, y el presidente colombiano Juan Manuel Santos.

Un poco atrás en el tiempo, como para que no queden dudas sobre los ideales de quienes otorgan el premio, galardonaron con una medalla a George W. Bush, uno de los responsables de la guerra en Irak, fundada en la presunta posesión de armas de destrucción masiva por parte de ese país. Armas que, hasta el día de hoy, es decir una década después, aún no han sido halladas y ya nadie las busca porque todos sabemos que nunca existieron. Porochenko y Macri tiene en común el ser inmensamente ricos y están considerados como cabezas de dos de los tres gobiernos más corruptos del planeta.

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El Consejo Atlántico recibe donaciones de veinticinco gobiernos y de varias empresas como el HSBC, las compañías de armamento Lockheed Martin y Thales, de las petroleras Chevron, BP, Abu Dhabi National Oil Company, Tüpras y Exxon Mobil, del fondo de inversión Blackstone, como así también de Airbus, Ford y Google. No hace falta ahondar demasiado para saber de qué se trata y hacia dónde se dirige.

Mientras un Macri sonriente era elogiado y premiado por su liderazgo, en la Argentina, país que teóricamente lidera, una huelga general (la cuarta de su mandato) paralizaba a la nación sudamericana al grito: “No al FMI”, “No al ajuste”.

Mientras la élite del dinero halagaba a uno de los suyos, resultaba imposible no pensar que el halago se fundaba en algo casi mágico: Macri había logrado que en la Argentina, que produce alimentos para 400 millones de seres humanos, sus propios ciudadanos pasaran hambre.

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Una magnífica lección de cómo comportarse si queremos llegar al objetivo soñado por esas minorías de minorías y que se resume en las siguientes escandalosas y harto conocidas cifras: el 1% de la población mundial debe disponer del 99% del PBI mundial y, por tanto, el 99% de esa misma población, deberá repartirse el 1% restante. Esos avances en la Argentina justificaban, sin lugar a dudas, el homenaje a Mauricio Macri. Ya tiene su lugar en la historia.

Esta es una columna
El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Sobre la firma
Rosario, Argentina (1942). Ha trabajado más de 30 años en distintos medios de comunicación de Argentina y Perú. Ha sido asesor del director general de la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) en temas de juventud y ha asistido a proyectos en África, Europa y América Latina. Ha publicado los libros Jugar a vivir (2005) y Sábados en familia (2008). Recibió el Premio Peter Berenson de Amnistía Internacional por su defensa a los Derechos Humanos.
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