La presidenta Dina Boluarte no sabe cómo salir de esta espantosa crisis que nos enrostra con cada vez más muertos. Los congresistas, aquellos que no quisieron reconocer la victoria de Castillo y que obstruyeron su Gobierno desde el primer día, son los responsables de esta calamidad. Pero no solo ellos.
La pandemia evidenció que el “progreso” neoliberal era un cuentazo. La realidad era que los colegios se caían a pedazos, que los hospitales era ruinas totales, que existían boticas y clínicas buitres, que había explotación de jóvenes, que no había empleos dignos, que los empleadores eran abusivos cual gamonales, los mismos de siempre robaban todo lo que podían.
Entonces la ira empezó a sentirse con más fuerza en todos los rincones del país en época de elecciones. El reclamo escaló las cumbres y bajó por los valles, se expandió en la costa. La exigencia era cambiarlo todo. Refundar la república, cambiar la Constitución, como ahora.
Fue la figura de Castillo que contuvo esa ira peruana. Castillo ganó las elecciones a la representante de la corrupción y el narcotráfico. Ese es su gran mérito.
Luego a Castillo lo coparon choros diversos, topos conocidos, gente de uñas largas y poca experiencia para el trabajo honesto. Lo marearon muy rápido. Castillo falló. Por esto, Carlos León Moya sostiene que el principal responsable de la crisis es Castillo, “quien la desató con el intento de golpe de Estado para salvar su pellejo”. Víctor Hurtado Oviedo habla de un dictador dictado. “A Pedro Castillo le dictan 18 meses de prisión”, dice.
Castillo en el Gobierno no pudo contra los traidores, empezó a parecerse a los que decía combatir, se olvidó de las promesas electorales. César Hildebrandt lo dice así: “Castillo no iba a la calle Sarratea para imaginar cómo vencer políticamente a la derecha chavetera que lo odiaba. Iba para reunirse con quienes habían calculado cómo sería la extracción de fondos públicos”.
Un Castillo manchado, errático y fallido era presa fácil para los miserables de siempre. Lo sacaron, y la irá volvió a las calles. Son corrientes diversas. Puro ímpetu, pura fuerza y aún sin dirección.
Dina Boluarte y sus aliados del Congreso, con más poder que el Ejecutivo y el Poder Judicial, deben saber que la protesta no se contiene con el garrote y matando a manifestantes.
Pedro Francke recuerda una teoría de Adolfo Figueroa: “Los individuos tienen umbrales de tolerancia a la pauperización absoluta y relativa, pasados los cuales los individuos reaccionan, es decir, se rebelan ante la injusticia”.