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Opinión

De borrachos y abstemios o genética versus epigenética

A eso le llaman “epigenética”, es decir, todo lo que rodea la herencia genética: padres o padres sustitutos, hermanos, amigos, lecturas, deportes, escuela, universidad, TV, ejemplos, sobre todo ejemplos de posibles conductas a seguir.

Contaré la historia de dos niños criados por un padre alcohólico, hijo, a su vez, de otro padre alcohólico. Este, un día, ya no pudo seguir cuidándolos y cada uno de ellos pasó a un hogar sustituto. Años más tarde un psicólogo estudioso del alcoholismo entrevistó a los muchachos. Uno era ya alcohólico perdido, mientras que el otro era abstemio total con una vida sana y productiva.

Cuando el psicólogo preguntó al alcohólico qué había determinado su vida, respondió: “Con un padre como el mío ¿qué más se podía esperar?” Cuando formuló la misma pregunta al abstemio, este contesto: “Con un padre como el mío ¿qué más se podía esperar?” Podrían extraerse muchas conclusiones y para mí la más valiosa es la del poder del entorno.

A eso le llaman “epigenética”, es decir, todo lo que rodea la herencia genética: padres o padres sustitutos, hermanos, amigos, lecturas, deportes, escuela, universidad, TV, ejemplos, sobre todo ejemplos de posibles conductas a seguir. Y, a veces, un milagro que de no haber existido nos hubiese privado del genio de Beethoven, hijo de un padre alcohólico, irascible y violento y de una madre sifilítica que terminó su vida, completamente perdida, pidiendo limosna por las calles de Bonn (Alemania). Para las neurociencias no somos esclavos de la genética y eso es bueno saberlo para no caer en actitudes melodramáticamente derrotistas.

La historia relatada es aleccionadora y coincide con casos similares: quien fue adoptado por una familia ajena al consumo de alcohol devino abstemio, quien fue adoptado por una familia más permisiva con el consumo del alcohol vio reforzada su herencia genética y terminó siendo alcohólico. Tampoco, dada la complejidad de la personalidad humana, es posible descartar la fuerza interior de cada individuo para superar el peso de la negativa y oscura carga emotiva que habita su inconsciente.

No todos son Beethoven, aunque sí creo que potencialmente todos poseemos un fuerte instinto de supervivencia que se opone a la necrofilia y que si fuera reforzado por una sociedad justa, con instituciones sólidas en el cuidado de la salud humana y con oportunidad para todos, posibilitaría una sociedad más feliz y tolerante.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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