Opinión

Estados Unidos: La orientación social del capitalismo

RACISMO E INGOBERNABILIDAD: Biden invertirá un trillón de dólares para mejorar los ingresos de la clase media y lograr de paso, que los supremacistas blancos, que son parte ella, desactiven sus 380 grupos armados.

Hoy existen dos percepciones raciales rivales en los Estados Unidos: la racista que quiere que los Estados Unidos regrese a ser un estado nación anglosajón, gobernado por blancos y la antirracista, que quiere que los Estados Unidos sean lo que son, un estado nación multirracial.

Estas dos percepciones han tenido ciclos de confrontación en la historia de los Estados Unidos. La primera confrontación racial fue la guerra civil entre 1861-1865, por la abolición de la esclavitud.

La segunda confrontación racial fue la lucha política de 1964 para lograr aprobar la Civil Rigths Act, que declaró ilegal la segregación racial en los Estados Unidos. 

La tercera confrontación racial estalló el 2009, con la elección de Obama. Su presidencia fue el fulminante de una reacción racista que hizo proliferar grupos armados supremacistas blancos por todos los Estados Unidos.

La elección de Donald Trump en 2016 desató la cuarta confrontación racial que, por primera vez, fue alentada por el mismo presidente de los Estados Unidos.

Un factor determinante, en esta cuarta confrontación racial, ha sido la agudización del empobrecimiento y del resentimiento de la clase media blanca como consecuencia de las políticas neoliberales, que permitieron que las empresas norteamericanas cerraran para irse a China y otros países, en busca de trabajo barato para poder exportar globalmente con gran competitividad.

A este cierra de fábricas y desempleo se unió el Crash del 2008 y la pandemia COVID-19, que hicieron que la clase media sufrieran un enorme desempleo, perdiera sus negocios y también sus casas por no poder pagar la hipoteca o el alquiler. Y así fue como gran parte de la clase media perdió su sueño americano y se convirtió en una clase media blanca con bajos ingresos, furiosa y racista, que abrazó la demagogia y el racismo de Trump.  

Biden es consciente que el empobrecimiento y el resentimiento de la clase media nutre cada vez más la ingobernabilidad de los Estados Unidos. En consecuencia, va a invertir un trillón de dólares para mejorar los ingresos de la clase media y lograr de paso, que los supremacistas blancos, que son parte ella, desactiven sus 380 grupos armados. 

Con este mismo objetivo, Biden va a dedicar 440 billones de dólares para salvar los medianos y pequeños negocios de la clase media. Y, además, invertirá otros 400 billones, para combatir la COVID-19 con una vacunación diaria de un millón de personas, bajar notablemente las infecciones y así reactivar la economía.  

Durante su campaña electoral, Biden dijo que, para ayudar a lograr este programa, que cuesta casi 2 trillones de dólares, pondrá impuestos a las más grandes fortunas de los Estados Unidos. Se refería, a los 584 multimillonarios con 100 o más millones de dólares, y a los 621 billonarios, con más de mil millones, que constituyen tan solo el 1 % de la población, pero acaparan el 46% de los ingresos de los Estados Unidos.

Orientar socialmente el capitalismo, subiendo los impuestos a los más ricos, puede negociarse. Ya hay varios billonarios que han pedido que le suban los impuestos. En cambio, lo difícil para Biden será lograr que los supremacistas blancos renuncien a su racismo y desactiven sus 380 milicias armadas.

Si no desactivan sus milicias y recurren al terrorismo, Biden tratará de destruirlos por la fuerza. Y entonces, entraremos a la quinta confrontación racial de los Estados Unidos, que muchos analistas consideran que será una guerra civil terrorista urbana.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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