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viernes, 3 de abril de 2026
Jaime Guardia Neyra: El charanguista que transmitĂ­a sentimiento
Este artículo es de hace 1 año

Jaime Guardia Neyra: El charanguista que transmitĂ­a sentimiento

Hoy, 10 de febrero, es una fecha especial. En 1933 naciĂł un maestro, un mĂșsico extraordinario, el charanguista ayacuchano Jaime Guardia Neyra.
Jaime Guardia Neyra junto a su nieta, Maria Ximena Zuzunaga Guardia
Jaime Guardia Neyra junto a su nieta, Maria Ximena Zuzunaga Guardia

Jaime Guardia Neyra: El charanguista que transmitĂ­a sentimiento. Una columna de opiniĂłn de Maria Ximena Zuzunaga Guardia.

Hoy, 10 de febrero, es una fecha especial. En 1933 naciĂł un maestro, un mĂșsico extraordinario, el charanguista ayacuchano Jaime Guardia Neyra.

Jaime Guardia Neyra fue intĂ©rprete, compositor, recopilador, investigador, pero sobre, todo mi papito. A pesar de la experiencia en los escenarios, siempre sentĂ­a nervios antes de una presentaciĂłn, pero un shot de anisado lo solucionaba todo: “para afinar la garganta”, decĂ­a.

Sentimiento, eso transmitĂ­a en cada canciĂłn. En ocasiones se olvidaba la letra, pero al instante creaba una nueva que retrataba tan bien el mensaje original que era imperceptible para la audiencia. Claro, para alguien que lleva escuchando la canciĂłn toda su vida, era solo “una mĂĄs de don Jaime”.

Y asĂ­ podrĂ­a contar mĂĄs anĂ©cdotas de Ă©l como mĂșsico, pero hoy me interesa recordarlo en su mejor faceta: como mi papito. De los siete nietos, solo yo tuve la dicha de crecer a su lado, ademĂĄs soy hija Ășnica. 

Recuerdos, digamos que estos se dividen principalmente en dos escenarios: Pauza, su pueblo natal, y los teatros, en especial la Derrama Magisterial. 

En Pauza pasĂ© los mejores momentos de mi vida, a pesar de lo exhausto del viaje, mĂĄs de 20 horas en bus, con tal solo ver desde lo alto de la carretera una pequeña villa en medio de montañas, era llegar a un paraĂ­so. 

Cada verano ese era el punto de vacaciones, ya que coincidĂ­an los carnavales con su cumpleaños. En las mañanas recorrer las calles aĂșn sin asfaltar, con la lluvia y el olor a tierra mojada pero siempre acompañados por un heladito paucino o jaiwicha. 

Por las tardes su respectiva siesta reparadora, que nos permitĂ­a ir en las noches a los ensayos para carnavales. Cada año le pedĂ­an ayuda a mi papito para crear nuevas letras, se organizaban sobre cĂłmo debĂ­a ser el vestuario, el color distintivo y el zapateo debĂ­a salir prolijo. Pero siempre cada ensayo tenĂ­a el mismo final, una jarana interminable, como si al dĂ­a siguiente no hubiera que trabajar, y es que la frase siempre fue: “La noche es joven”. 

Es asĂ­ que entre jaranas aprendĂ­ lo lindo de la mĂșsica y el baile. Empezaban con huaynos alegres,pero mientras mĂĄs adentrada la noche, estos se volvĂ­an cada vez mĂĄs tristes. 

Llegaba la hora de los yaravĂ­es, no ha habido voz mĂĄs dulce para un yaravĂ­ que la de mi papito. LĂĄgrimas corriendo por el rostro de los demĂĄs, recordando su juventud, a sus parientes fallecidos, a sus familiares en el extranjero. 

La mĂșsica debe saber apreciarse, la letra evoca algo distinto para cada uno, la melodĂ­a nos transporta a un lugar en nuestra alma que en ocasiones deseamos ignorar. Solo un maestro puede hacerte revolver todas esas emociones y sentimientos, ese era Jaime Guardia, mi papito.

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Periodista interesada en temas vinculados al arte, la cultura y los derechos humanos.