Satanás asalta Matute

Satanás no es de Alianza ni de Universitario, tampoco de Perú y menos del mundo, pero se puso la camiseta orange y un casco amarillo de Bob, el Constructor, trepó como una rata peluda en la madrugada por los muros, con hijos y damas cual kamikazes del génesis en Judea en una misión de soldados del nuevo dios por la liberación de la Victoria.

Escondido en una suite de jaspe, en un sillón de peluche y con la cadena de oro tras la camisa fucsia está el que lo comanda, el pastor mayor, aquel denunciado por sus terrenos y especializado en convertir ex cines en zonas de palpitante trance y negación; ahora él ha anunciado: “Tuve un sueño, un ángel llegó y me dijo que el estadio de Matute ha de ser vendido, y sin IGV”.

Mandó sus seres celestiales multiplicados, drones, camarógrafos y hasta pinturas para conspirar contra Lima: tarrajear el Señor de los Milagros, sin medir las consecuencias de sus actos, porque a ese mismo moreno, un año del que ya no me acuerdo, lo intentaron borrar en una pared de las Nazarenas y se desató la maldición contra Satanás.

Golpeó un terremoto y el lienzo quedó en pie y con sabor a mazamorra. Claro, el terremoto sucedía en el Congreso al mismo tiempo cuando la aliada de Satanás, Keiko Fujimori, llegaba para declarar que no era la Señora K, cuando todo el mundo sabe que lo es, y hasta camina como Señora K y tiene banderitas de la Señora K y también recibe pocos likes por Señora K.

No por gusto recibió carretillas de dinero de los fieles del Alto de la Perdición para sus tantas veces derrotas. Satanás llega con el rostro de la usurpación, hizo cortina perfecta, saluda al Comando diciéndolo que tienes poder político, judicial, y juega la tinka de la compasión de sus visitantes y siempre gana con el 666 millonario, dejando su cola con la punta ardiendo quemando la sagrada blanquiazul.

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