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Este artículo es de hace 4 años

Un joven valiente cuenta lo que pasó esa madrugada en la avenida Abancay

Anderson Gil Mora, universitario de 26 años que estuvo en la marcha el 14 de noviembre, contó la violenta represión que recibieron frente al Congreso, en horas de la madrugada.

Nicole Suárez Herrera
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Marchamos el sábado 14 y, a la 1:45 de la mañana del domingo, calculo que más de 300 jóvenes estábamos aún en el Parque Universitario y decidimos caminar con dirección al Congreso. Todos cargando una banderola inmensa, que cubría hasta más de cuatro cuadras. No había ningún efectivo policial, y varios empezaron a desconfiar, decían: “Nos van a emboscar”, pero no hicimos caso, nuestra intención era estar al frente del Congreso para hacernos escuchar mientras protestamos.

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Logramos avanzar por la avenida Abancay y celebramos nuestra llegada al Congreso, observamos que solo había 15 policías. Pero, muchos no estaban identificados en su totalidad, en medio de ellos sale un policía y nos dice: “Entiendan, escúchenme, yo también soy joven como ustedes y quiero a mi país, mi patria. Los entiendo, los vamos a dejar protestar, pero tranquilícense”.

Nosotros después de escuchar esto, estiramos la banderola y nos sentamos tranquilos, porque creíamos que estábamos seguros ahí. La reportera y el camarógrafo de América Televisión estaban ahí, al lado de nosotros. De un momento para otro, nos dimos cuenta de que se había generado un incendio a una cuadra de donde estábamos. “Ese incendio no lo ocasionamos nosotros, te lo juro, porque todos estábamos sentados y agarrando la banderola”. Estoy muy seguro de que fueron ternas, porque muchos de ellos se infiltraron dónde nos encontrábamos nosotros.

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Ese incendio desvía la atención de todos y de la prensa, ellos se dirigen al punto del incendio y nosotros nos quedamos sentados. Escuchamos que se acerca un carro, por una de las avenidas cercanas al Congreso, de ahí bajaron varios policías todos con cascos, mascarillas y escudos.

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Nosotros empezamos a sospechar porque se acercaban de manera rápida y sacando sus palos, consiguen acercarse donde estábamos nosotros y nos empiezan a golpear. No solo éramos estudiantes, también había personas de edad avanzada, y eso no le importó a la policía y empezaron a atacarnos y disparar con escopetas de perdigones. Otro policía sin identificación se acerca y tira una bomba lacrimógena al medio de la banderola. En ese preciso instante empezaron a disparar al cuerpo los perdigones. Llegaron más y más policías, nosotros no sabíamos qué hacer nos tenían acorralados, empezaron a jalonearnos y a varios lograron llevarlos detenidos.

En medio de todo ese caos, yo logré salir con un grupo de universitarios más, lo que hicimos nosotros para poder salir de ahí, fue pasar por encima de los policías. Me fui con mucha cólera e impotencia, porque nos hicieron entrar y sentirnos seguros, para que después encerrados y agarrarnos a golpes, ninguno de nosotros tenía arma, solo nuestras voces.

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