El desarrollo de las ciudades inteligentes en Argentina avanza por caminos diversos, marcados por el uso de tecnología, planificación y gestión pública. Sin embargo, expertos coinciden en que la digitalización por sí sola no garantiza una mejor calidad de vida urbana ni una inclusión real de todos los sectores sociales.
Innovación urbana: más allá de la tecnología
La directora de Trends Smart Cities y miembro de grupos de expertos vinculados a Naciones Unidas, Lucía Bellochio, sostuvo que una ciudad inteligente es aquella que “utiliza de manera estratégica sus recursos, la innovación y la tecnología para mejorar la calidad de vida de las personas”. Enfatizó que el concepto abarca movilidad, gestión de residuos, consumo energético y acceso a servicios sociales y públicos.
Bellochio remarcó que las ciudades inteligentes deben integrar la experiencia de los habitantes, revisando de qué forma distintos grupos sociales se relacionan con el entorno urbano. También afirmó: “Una ciudad puede ser muy tecnológica y, al mismo tiempo, profundamente excluyente. Entonces, ¿qué tan inteligente es realmente?”.
El director general de la Red de Ciudades Inteligentes de Argentina (RECIA), Lucas Lanza, indicó que estos territorios incorporan sensores, Internet de las Cosas (IoT), análisis de grandes volúmenes de datos e inteligencia artificial. Señaló que el objetivo principal consiste en prestar mejores servicios y optimizar el aprovechamiento de los recursos.
El director del Centro de Estudios Económicos Urbanos de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Joaquín Tomé, advirtió sobre el riesgo de limitar las políticas urbanas a la simple incorporación tecnológica. Subrayó: “Una ciudad inteligente no es la que acumula más tecnología, sino la que planifica mejor”. Añadió que la tecnología debe estar subordinada a objetivos urbanos definidos, como calidad de vida, sustentabilidad y eficiencia en el uso del suelo.
Casos argentinos y criterios de evaluación
La Ciudad de Buenos Aires figura entre las jurisdicciones con desarrollo más avanzado en digitalización y modernización de la gestión pública. Según Bellochio, destacan la digitalización de trámites, plataformas de atención como Boti, el sistema de bicicletas públicas y el uso de tecnología para la gestión de movilidad.
Lanza señaló que Buenos Aires dispone de ventajas presupuestarias y continuidad institucional. Mencionó la integración de servicios, planes de transporte y herramientas digitales como elementos de transformación.
Tomé reconoció los progresos en la puesta a disposición de datos abiertos y el desarrollo de plataformas como BA Data y Ciudad 3D, pero alertó que estas herramientas “no eliminan las desigualdades territoriales ni resuelven la falta de articulación metropolitana”. Afirmó que la reducción de brechas requiere inversiones en infraestructura y vivienda, así como coordinación institucional eficaz.
Fuera de CABA, Córdoba presentó avances en articulación con el ecosistema emprendedor y telegestión de luminarias. Mendoza mostró innovación urbana y digitalización de servicios. Rosario evolucionó en participación ciudadana mediante presupuesto participativo y herramientas digitales. En tanto, Tres de Febrero implementó un sistema de captura de plusvalías para financiar infraestructura.
En Tigre, la gestión de la seguridad ciudadana se destacó a través de un centro de operaciones y el uso de drones. San Miguel de Tucumán implementó la iniciativa Casa Azul, dedicada a la atención integral de personas con autismo.
Respecto a la medición del avance, Lanza consideró fundamental evaluar la calidad de los servicios y el uso de recursos económicos y tecnológicos. Bellochio sugirió incorporar indicadores sobre experiencia y autonomía de los habitantes. Tomé propuso analizar movilidad sostenible, financiamiento, inclusión, gobernanza y economía local, además de verificar metas como reducción de emisiones y acceso equitativo a servicios.
El rol de la construcción y la planificación estatal
Lanza señaló que el sector de la construcción puede sumar certificaciones internacionales como LEED, BREEAM y EDGE, así como tecnologías para eficiencia energética, automatización y uso de materiales sustentables. Destacó la importancia de integrar desde el inicio domótica, energías renovables y criterios de accesibilidad.
Tomé remarcó el valor de las estrategias pasivas en el diseño edilicio, como orientación, ventilación cruzada y aprovechamiento de la luz natural. Sostuvo que estos métodos, al ser incorporados desde el diseño, pueden disminuir costos y reducir el consumo energético sin incrementar la inversión.
Bellochio afirmó que la tecnología aplicada a la vivienda, como la domótica y señalética accesible, puede mejorar la autonomía de las personas mayores o con discapacidad. Subrayó la necesidad de que estas innovaciones no queden restringidas a desarrollos de alta gama.
Lanza resaltó la importancia de la articulación público-privada, en la cual el Estado regula y planifica, mientras el sector privado aporta innovación. Bellochio defendió que estos procesos deben evitar la segmentación de los beneficios tecnológicos solo en sectores de mayores ingresos.
El fortalecimiento de la movilidad urbana y la planificación a largo plazo se presentan como desafíos centrales, según los expertos. Lanza aludió a la falta de estabilidad institucional y presupuestaria en municipios, recomendando definir hojas de ruta y medir resultados para sostener políticas a futuro.
Tomé expresó que la ausencia de una ley nacional de ordenamiento territorial obstaculiza la planificación y financiamiento urbano. Concluyó: “Sin plan, la tecnología es gasto; con plan, es inversión”.







