Este artículo es de hace 4 años

Con la doctora Damián, por favor

Profesional peruana en medio de la pandemia labora desde casa para atender casos de toda índole totalmente gratis gracias a su deseo y vocación de servir.

Hazel Almonacid
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La señora Teodora Damián Aldabe, más conocida como la doctora Damián, nunca había imaginado vivir de la medicina. Su vida dio muchos giros que la ayudaron para bien y la hicieron ser la persona que es ahora.

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Su primera carrera fue teología, considera que es parte importante para la vida del ser humano, fue ahí que encontró el deseo de servir al prójimo. Adicional, hizo estudios de contabilidad por dos años con la finalidad de sostenerse económicamente para poder estudiar su nueva pasión, la medicina. Por supuesto, no fue fácil puesto que demandaba de mucho tiempo, pero logró su objetivo tras años de esfuerzo.

Hubo hechos que marcaron su vida, visitaba hogares donde había enfermos que no tenían las facilidades de atención médica y ella desconocía cómo ayudarlos. Lo que afianzó más su deseo de estudiar medicina, fue ver a su abuelo gravemente enfermo y postrado en una cama de hospital donde pasó días acompañándolo, y fue ahí, en esos momentos difíciles donde veía médicos y enfermeros ir y venir de un lugar a otro, que pensaba “Cómo quisiera saber todo lo que estos médicos saben, para yo poder ayudar a mi abuelo”. De su familia, admiraba a su padre, quien a pesar de ser mayor decidió realizar sus estudios. Lo recuerda siempre por su perseverancia y dedicación.

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Su primera experiencia laboral no fue fácil porque tenía que revalidar el título, inició formando un pequeño centro donde carecía atención médica, a sus 30 años. Actualmente, dejó temporalmente las salas de los hospitales por ser población mayor de 60 años, además que es la única quien se encarga de su madre de 87 años, la cual goza de vida y salud. Pero eso no le impide ser ajena y dar una mirada a la situación que viven los hospitales y muchos colegas, de quienes siente respeto y admiración por la entrega y servicio que, sin lugar a dudas, dice, es por amor y no por un sueldo. Tiene colegas que han caído en la batalla contra la COVID-19 porque asegura que nadie ha estado preparado para esta situación y no han tenido las facilidades necesarias, además del carente presupuesto y reconocimiento del trabajo que realizan.

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Desde que dejó de trabajar al inicio de la cuarentena, no quería quedarse de brazos cruzados, por lo que decidió apoyar a las personas que necesitaban consulta en forma gratuita a través de llamadas e incluso atención virtual, porque con toda esta pandemia pareciera que olvidaron que existen enfermedades de otras índoles al igual que accidentes que requieren atención médica.

Los ciudadanos no se pueden atender ya sea por falta de economía, por el miedo de contagiarse en los hospitales o porque simplemente no hay lugar en éstos. Atiende varios casos, tanto de conocidos como de desconocidos, donde su pago es la satisfacción al oír que van mejorando gracias a su ayuda. Piensa que debe incrementarse este servicio porque hay mucha gente que lo necesita.

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“Nuestro objetivo es servir y ayudar a los demás aun no teniendo que percibir la parte económica porque Dios es el que suple y el que hace las curaciones”, dice ella abrazando siempre sus ideales de médico y fiel cristiana, una interesante combinación que la impulsó a realizar tan importante y bella labor en medio de días negros consumidos por la pandemia, donde la esperanza se va perdiendo de a pocos en nuestras bicolores tierras que ahora lucen más monocromas tras colosales pérdidas.

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