La escritora uruguaya abrió el pasado sábado 26 de septiembre el programa de encuentros literarios de la 35.ª edición del Festival Biarritz Amérique Latine, que se celebra hasta el 2 de octubre
El pasado sábado 26 de septiembre, el Salón de los Embajadores de Biarritz acogió un encuentro con la escritora Carmen Posadas, dentro de la programación de la 35.ª edición del Festival Biarritz Amérique Latine, que se celebra del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2026. El festival, dedicado al cine y las culturas latinoamericanas, pone este año una atención especial en Uruguay, país de nacimiento de Posadas.
La conversación, programada a las 17:30 y de entrada gratuita, permitió recorrer una vida marcada por los viajes, la diplomacia y la literatura. Posadas, nacida en Montevideo en 1953, vivió allí hasta los doce años, antes de trasladarse con su familia a Madrid. Posteriormente residió en Moscú, Buenos Aires y Londres, ciudades en las que su padre ejerció como embajador.
Para la escritora, regresar a Biarritz tuvo además un componente personal. Durante el encuentro recordó que en los años ochenta y noventa solía acudir cada septiembre a la ciudad. «Conozco muy bien esta luz, conozco muy bien todo lo que me rodea», explicó. Y añadió que aquella invitación le había permitido «viajar en el tiempo».
Madrid, el primer gran cambio
Cuando Carmen Posadas llegó a Madrid en 1965 tenía doce años. El salto desde Montevideo fue considerable. La España que encontró era la de los últimos años del franquismo y, desde la mirada de una adolescente uruguaya, muchas cosas resultaban insólitas.
«Para mí fue un poco shock cultural», recordó. Uruguay, explicó, era entonces un país que consideraba más avanzado que España. Su primera impresión de Madrid quedó asociada a imágenes que hoy parecen pertenecer a otra época.
Vivía cerca del estadio Santiago Bernabéu, en la Colonia del Viso, donde todavía había luz de gas. «Venía un farolero y encendían los faroles», contó. Aquella escena la tenía «absolutamente fascinada».
También le sorprendió el peso de la religión en la vida cotidiana. «Todo el mundo estaba de luto», recordó con humor, antes de contar la historia del carpintero que acudió a su casa vestido con un mono de trabajo y, debajo, una camisa púrpura y un cordón dorado.
La explicación resultó todavía más sorprendente: había hecho una promesa al Cristo de Medinaceli y debía vestir de aquella manera.
Son recuerdos aparentemente pequeños, pero que ayudan a explicar cómo se fue formando la mirada de una escritora acostumbrada desde niña a observar las costumbres, los personajes y las diferencias entre sociedades.
Y, pese al choque inicial, España terminó ocupando un lugar fundamental en su vida. «Yo le debo todo a España», afirmó durante el encuentro.
Moscú: cuando la vida parecía una novela de espías
En 1972 llegó otro cambio radical. Su padre fue destinado a Moscú y la familia se instaló en la Unión Soviética de Brézhnev.
Posadas tenía entonces una nueva historia que contar: la de una familia diplomática intentando sobrevivir a la burocracia soviética y a una residencia que necesitaba reparaciones.
La anécdota de los arreglos de la embajada parece salida de una comedia. La madera estaba deteriorada, había que cambiar cortinas, pintar y reparar los suelos, pero ningún operario conseguía llegar hasta allí porque todo estaba controlado por el organismo soviético encargado de los servicios a las delegaciones extranjeras.
Hasta que alguien dio a su madre una pista: «Esto solo se puede arreglar hablando en el comedor».
La razón era que la embajada estaba llena de micrófonos y los del comedor eran especialmente sensibles. La madre de Posadas siguió el consejo y explicó allí sus problemas. Al día siguiente, aparecieron los trabajadores.
Pero aquellos micrófonos tenían también otras consecuencias. «De vez en cuando se invertían los micrófonos y oíamos nosotros a los espías», relató.
La escena podía resultar surrealista: en mitad de la noche, mientras la familia dormía, podían comenzar a escucharse conversaciones, música o retransmisiones deportivas procedentes de quienes estaban al otro lado de la vigilancia.
La escritora resumió aquella experiencia con una de sus frases más gráficas del encuentro: «Vivir en la Unión Soviética en aquella época era como vivir en una novela de espías, pero no de James Bond sino de Superagente 86».
«Hoy caviar, mañana sardinas»
Aquellas experiencias acabaron convirtiéndose en literatura. Junto a su hermano escribió Hoy caviar, mañana sardinas, unas memorias familiares cuyo título resume, con humor, la vida de una familia diplomática.
«Es la metáfora de lo que es la vida de los diplomáticos», explicó. «Un día estás comiendo caviar con la reina de Inglaterra en un palacio y poco tiempo más tarde estás abriendo una latita de sardinas en una oficinucha en no se sabe dónde».
El libro cuenta las aventuras de unos hijos de diplomáticos «a los que sus padres arrastran por el mundo cambiando de colegio, cambiando de amigos, cambiando de país».
En sus páginas aparecen la España de Franco, la Unión Soviética de Brézhnev y el Londres de aquellos años. La memoria personal se convierte así también en testimonio de diferentes épocas y sociedades.
Posadas reconoció que dispone de una enorme reserva de historias procedentes de aquellos años. Sobre su etapa soviética llegó a decir durante el coloquio: «Tengo 20.000 anécdotas de Rusia que si luego quieren se las cuento porque da para un libro».
La realidad como materia literaria
El salto de la experiencia a la ficción fue otro de los asuntos centrales de la conversación.
El entrevistador destacó precisamente esa capacidad de Posadas para captar la anécdota, conservar el documento y convertir después la realidad en literatura. La escritora ha publicado novelas, libros infantiles, biografías, cuentos y guiones para cine y televisión, y su obra ha alcanzado lectores en más de treinta idiomas.
Pero su trayectoria literaria no puede separarse fácilmente de su biografía.
La escritora ha vivido en países muy diferentes y ha observado desde dentro mundos políticos y sociales que hoy forman parte de la historia reciente. De ahí que sus recuerdos funcionen también como materia narrativa.
Ella misma explicó durante la conversación que su producción incluye «como 14» novelas, además de libros infantiles, biografías, cuentos y las memorias escritas junto a su hermano.
Su experiencia vital le ha proporcionado, además, una perspectiva poco habitual: la de alguien que desde muy joven tuvo que aprender a mirar otros países y otras culturas.
Una vida que ya contenía muchas historias
Montevideo, Madrid, Moscú, Buenos Aires y Londres forman parte de la geografía personal de Carmen Posadas. Son ciudades que aparecen unidas por una vida familiar marcada por la diplomacia, pero también por una permanente capacidad de adaptación.
La escritora recuerda aquella infancia y juventud con humor, pero también como una escuela de observación. Los faroleros de Madrid, las promesas religiosas, los micrófonos de Moscú o las mudanzas constantes terminaron formando un archivo personal del que después surgiría buena parte de su universo literario.
En Biarritz, ese archivo volvió a abrirse ante el público.
El pasado sábado 26 de septiembre, en el marco del Festival Biarritz Amérique Latine, Posadas no solo habló de sus libros. Habló de los lugares que los hicieron posibles y de una vida que, antes de convertirse en literatura, ya estaba llena de historias.
Y quizá por eso una de las mejores maneras de entender su obra sea escucharla contar sus propios recuerdos: porque en ellos, como en sus novelas, la realidad nunca está demasiado lejos de la ficción.









