Marty Supreme, la nueva película de Josh Safdie escrita junto a Ronald Bronstein, se convirtió en una de las protagonistas de la temporada tras recibir tres nominaciones a los Golden Globes 2026: Mejor película – Musical o comedia, Mejor interpretación de un actor en una película – Musical o comedia para Timothée Chalamet, y Mejor guion – Película para Bronstein.
Lejos de limitarse al relato de ascenso de un joven ambicioso, el film construye una reflexión profunda sobre identidad, herencia histórica y deseo de pertenencia. “A veces podemos entender el panorama general a través de una historia pequeña”, explicó Bronstein durante la conversación, una frase que funciona como declaración de principios de toda la película.
Una historia mínima atravesada por el Holocausto
Durante su investigación sobre el tenis de mesa internacional de mediados del siglo XX, Bronstein descubrió la historia real de Alajos Ehrlich, campeón húngaro judío que fue deportado al campo de concentración de Dachau. Reconocido por un oficial nazi aficionado al deporte, Ehrlich fue obligado a desactivar bombas y minas en zonas aisladas.
“Utilizaron su mente y su cuerpo para desmantelar explosivos; si algo salía mal, él sería el único en morir”, relató el guionista. En una de esas misiones, Ehrlich encontró un panal abandonado y compartió la miel con otros prisioneros. “Era una historia sobre camaradería y supervivencia colectiva”, señaló Bronstein.
Safdie y Bronstein tomaron ese núcleo real y lo transformaron en una escena clave de Marty Supreme. El protagonista la cuenta casi al pasar, mientras interactúa socialmente en un restaurante. El relato histórico se filtra en la cotidianeidad y revela el trasfondo emocional del personaje.
Posguerra, identidad y ansiedad heredada
La película se sitúa en un mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial sin necesidad de mostrar el horror de forma directa. Marty es un personaje atravesado por lo que Bronstein definió como la psicología del judío de posguerra: “Un judío después de la guerra vive con la conciencia permanente de la aniquilación, pero también con el deseo urgente de asimilarse”.
Josh Safdie llevó esa reflexión al terreno personal al recordar a su abuela: “Cuando tenía diez años en Nueva York y vio a Hitler invadir París, su primera pregunta fue: ‘¿Va a venir aquí?’”. Esa mezcla de distancia geográfica y conexión emocional define a toda una generación.
Por eso, los realizadores rechazan la etiqueta de “antihéroe”. “No creemos en ese término”, afirmó Safdie. “Tenemos una profunda admiración y amor por cada personaje, especialmente por Marty”.

Timothée Chalamet: hiperconcentración y entrega
La actuación de Timothée Chalamet, reconocida por los Golden Globes, fue construida desde una preparación exhaustiva. Safdie explicó que vio en el actor una cualidad esencial: “Un gran jugador de tenis de mesa necesita hiperfoco e hiperp precisión, y eso está en el ADN de Timothée”.
Chalamet entrenó durante meses, estudió el trasfondo completo del personaje y llegó al set con una comprensión psicológica total. “No se queda en personaje, pero permanece en espíritu todo el tiempo”, explicó Safdie. “Es extremadamente serio con su oficio y puede bloquear todo el ruido de la vida pública”.
El sueño como choque con el destino
En el corazón de Marty Supreme aparece una reflexión sobre el sueño como fuerza vital. “Los sueños son intentos de negociar con el destino”, afirmó Safdie. “Son una forma de asaltarlo”.
La película no propone un triunfo idealizado. Marty termina en el lugar que su familia imaginaba, pero llega allí transformado. “La vida es lo que ocurre mientras uno está ocupado haciendo otros planes”, recordó Safdie citando a John Lennon.
Con su paso por los Golden Globes, Marty Supreme se consolida como una obra que combina memoria histórica, intensidad emocional y una actuación central que confirma a Timothée Chalamet como uno de los intérpretes más comprometidos de su generación.









