La impecable soledad de Luis Hernández

La editorial Pesopluma acaba de reeditar la novela Kitsch de Luis Hernández, obra de culto tan singular y apasionante como su propio autor.
La impecable soledad de luis hernandez

La escritura del poeta Luis Hernández estuvo desbordante de libertad luego de que se alejó del circuito editorial formal y produjo sus propios libros en cuadernos espiralados que regaló a amigos. Esa libertad conceptual llena de apropiaciones, intertextualidad (cita o referencia a la obra de otros autores, muchas veces sin nombrar su origen) y muchísima música es la que condensa la editorial Pesopluma en la nueva edición de la novela Una impecable soledad, presentada el cinco de septiembre.

En esta novela, Luis Hernández enmascara su dolor, lo transfigura en el pianista Shelley Álvarez, quien va cambiando de nombre a lo largo de sus extravíos y reflexiones. La prosa poética original, lúdica, íntima que emplea el narrador es acompañada con elementos visuales y sonoros que pertenecieron a los cuadernos ológrafos del poeta de Jesús María, estos complementan la lectura y la convierten en un deleite lírico, musical y de juventud inacabables.

Eminentemente musical

Luis Hernández confiesa su pasión en estos versos: “Mi primer Amor fue La Música / Mi segundo Amor fue el Amor / A La Música. Mi tercer / Amor fue triste y feliz.”.  Y esto recuerda a aquello que dijo el poeta Omar Aramayo sobre Hernández, hace unos tres años en el Congreso Solitarios son los actos del poeta: “Él era un ser eminentemente musical”. 

Quienes han leído a César Calvo recordarán su famosa frase “de la poesía lo que más me interesa es la música”; pues bien, la música es, al igual que el mar y la astronomía, el sello de agua de la poesía hernandiana, por su rítmica y por el uso de temas musicales como inspiración para crear más poesía. Una impecable soledad es la prueba de ello.

La musicalidad de los versos y las referencias a piezas de música popular y clásica son una constante en la producción del poeta de este lado del cielo; Una impecable soledad continúa esta tradición poética, incluso cuenta con una banda sonora compuesta por 41 temas, en su mayoría piezas orquestales y operísticas, mencionados o ejecutados por Shelley Álvarez, el pianista de la soledad que acompaña. Así, el libro emana melodías que acompañan y enriquecen la lectura.

Por su naturaleza singular, Hernández no hacía distingo entre dibujo, caligrafía o pintura, mucho menos entre música y poesía, estas eran para él las partes de un todo sin fronteras: la expresión; y ese es uno de los pilares de este libro, la conjugación de las expresiones artísticas, con el fin de darle al lector la satisfacción de leer un libro circular, íntegro.

Seguirle el juego

La poeta Andrea Cabel, en la presentación de la reedición de Una impecable soledad, sostuvo que el libro está repleto de estímulos visuales, táctiles y sonoros. Esto se corrobora desde la portada que simula las teclas de un piano, y a partir de las líneas que estas forman, nacen el nombre de la novela y del autor, con letras danzantes, juguetonas, a las que acompañan la silueta de Hernández o quizás la del pianista que no podía enlazar su corazón a nadie.

Andrea dijo, además, que el libro le sigue el juego al autor al rastrearlo con el diagrama hecho con los nombres que usa Shelley Álvarez, la banda sonora y hasta el mapa de los extravíos del protagonista. Tiene razón, esos detalles son el intento de encontrar al pianista y su dolor y su soledad que, al igual que Luis Hernández, pareciera querer permanecer oculto. 

La novela, tal como señaló Rafael Romero Tassara, está “preñada de intertextualidad”, y fue Diego García Flores, licenciado en Lingüística y Literatura de la Universidad Católica, quien se encargó, en su tesis de desmenuzar el fenómeno intertextual e intratextual que utiliza Luis Hernández. El resultado de su trabajo de investigación fue un total de 280 notas de pie de página, en Una impecable soledad, con las especificaciones de cada una de las referencias musicológicas, literarias, científicas y estéticas, que son cruciales para entender lo que Luis Chueca llamó la polifonía de Luis Hernández.

Para Andrea Cabel, esta intratextualidad e intertextualidad da a entender lo oculto, porque expresa la necesidad de dejarse atrapar. Y es cierto, Pesopluma le ha seguido el juego a Luis Hernández para entregarle a los lectores una experiencia completa de cómo disfrutar su obra luego de conocer la amplitud de su destreza para reescribir sus propios versos y los de sus autores favoritos.

Cuando uno está triste puede buscar en la obra de Luis Hernández y reconfortarse con esa sensibilidad única de aquel poeta que se identificaba con Apolo, por la dualidad de la medicina y la poesía. Cuando uno está triste puede recordar los versos de Luis Hernández: “Se sintió primero / Con la nostalgia / De un niño solitario / Y luego / Con la grandeza / De un niño solitario”.

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