Mastodon
Se abre en una pestaña nueva
sábado, 26 de septiembre de 2026
Valentina Maurel desde Biarritz: «Quería hacer un cine en el que pones las tripas sobre la mesa»

Valentina Maurel desde Biarritz: «Quería hacer un cine en el que pones las tripas sobre la mesa»

Valentina Maurel presenta en Biarritz una película íntima sobre maternidad, identidad, regreso a Costa Rica y libertad creativa.
Valentina Maurel en Biarritz, presentando Siempre soy tu animal materno. Foto David Sánchez
Valentina Maurel en Biarritz, presentando Siempre soy tu animal materno. Foto David Sánchez

Valentina Maurel desde Biarritz: «Quería hacer un cine en el que pones las tripas sobre la mesa». Por David Sánchez.

La directora franco-costarricense presenta en Biarritz Siempre soy tu animal materno, su segundo largometraje, premiado en Cannes por la interpretación de sus tres protagonistas. La película llegará a los cines franceses el 7 de octubre.

Valentina Maurel llega al Festival Biarritz Amérique Latine con Siempre soy tu animal materno (Ton Animal maternel), una película que habla de maternidad, familia y regreso. Su segundo largometraje, presentado en Un Certain Regard de Cannes, recibió el premio a las Mejores Actrices para Marina de Tavira, Daniela Marín Navarro y Mariangel Villegas. Ahora continúa su recorrido por festivales antes de su estreno en Francia, el próximo 7 de octubre, de la mano de JHR Films.

La protagonista, Elsa, vuelve a Costa Rica después de pasar varios años en Europa. Ese regreso se convierte también en un conflicto de identidad: cómo mirar el país del que uno procede después de haber aprendido a contemplarlo desde fuera.

Maurel, franco-costarricense, reconoce que esa experiencia está presente en la película.

«Lo que hay francés en mi película es la manera en la que hago cine sin intentar explicar mi país».

La directora reivindica la libertad de poder filmar Costa Rica sin convertirla en un objeto exótico. «A los cineastas franceses no se les pide eso cuando filman París», explica. En su opinión, el cine francés puede hablar de personajes, relaciones o sentimientos sin tener que justificar constantemente el lugar en el que transcurre la historia. Ella quería permitirse esa misma libertad.

Regresar después de Europa

La película también nace de una experiencia personal: la sensación de regresar a un país pequeño después de haber pasado por Europa y empezar a mirarlo desde una posición diferente.

«De pronto el lugar del que venís, en mi caso Centroamérica, se vuelve […] un lugar periférico en el mundo», explica.

Maurel habla de una mirada que puede tener una dimensión «poscolonial» o «neocolonial», en la que el país de origen aparece como un lugar que hay que reparar, corregir o explicar.

Pero su película intenta escapar de esa perspectiva.

«Yo quería hablar de cómo la singularidad de ese pequeño lugar del que vengo se escapa, es más fuerte que esa visión en la que lo quiere encerrar mi personaje principal».

Incluso el idioma puede reproducir esas jerarquías culturales. La directora recuerda una conversación con un periodista español que cuestionó que utilizara «papá» y «mamá» en lugar de «padre» y «madre». La anécdota le hizo comprobar que hablar la misma lengua tampoco elimina necesariamente determinadas relaciones culturales de poder.

La maternidad como experiencia

La maternidad ocupa el centro de la película y también transformó personalmente a Maurel mientras escribía el guion. Estaba embarazada y explica que su manera de pensar y escribir cambió.

«Estás muy en contacto con tus emociones», cuenta. Por eso escribió de una manera «mucho más deshilachada».

Lo que inicialmente podía parecer una limitación terminó convirtiéndose en una forma de libertad. Maurel dejó de intentar construir una película perfectamente cerrada y permitió que entrara la incertidumbre.

«Quería hacer un cine en el que pones las tripas sobre la mesa y no estás intentando cerrar, concluir, mandar un mensaje clarísimo».

No busca ofrecer una teoría sobre la maternidad, sino acercarse a la confusión que supone convertirse en madre.

«Creo que es una película menos de público quizás, pero creo que se puede hacer cine así también», afirma.

Una madre real detrás de la ficción

La madre de Maurel es la poeta costarricense Ana Istarú, pero la directora aclara que el personaje de la película no es un retrato de ella.

«Mi mamá es muy diferente del personaje», explica.

Sin embargo, sí tomó de su experiencia familiar una preocupación que atraviesa la película: la dificultad de sostener al mismo tiempo una vida artística y la maternidad.

«La vi, vi lo difícil que era para ella sostener estas dos cosas radicalmente demandantes», cuenta.

Y añade:

«La vi lograrlo, ahora me toca a mí ver si lo logro».

Tres actrices y una cuestión de confianza

El premio de Cannes a las tres protagonistas tiene para Maurel un significado especial. La directora considera que trabajar con los actores es una de las partes fundamentales de su oficio.

«Mi parte favorita de mi oficio es trabajar con actores», afirma.

Para preparar a las tres actrices no ensayaron las escenas. Pasaron tiempo juntas, hablaron y realizaron ejercicios para conocerse.

«Nunca ensayamos las escenas», explica. «Es nada más aprender a conocerse».

La confianza era esencial porque el rodaje incluía momentos de gran intensidad emocional.

«Necesito que ellas confíen en mí como yo confío en ellas», señala.

Ser madre y seguir haciendo cine

La propia experiencia de Maurel plantea otra pregunta: cómo conciliar una profesión que obliga a pasar meses rodando y viajando con la crianza de un bebé.

Su respuesta es prudente:

«Realmente no lo sé».

No descarta que algún día su hija pueda considerar que su madre estuvo demasiado ausente. En su caso, cuenta con una circunstancia que facilita la conciliación: su compañero es el productor de la película y ambos comparten la crianza.

«Tenemos una buena forma de compartir la paternidad y la maternidad que es equilibrada», explica. Pero no pretende convertirlo en una receta: «No estoy diciendo que sea la única manera, pero esta es la solución que yo encontré».

Biarritz y el cine latinoamericano

Maurel ya estuvo en Biarritz con su primera película y guarda un vínculo especial con el festival. Lo valora, sobre todo, por su voluntad de dar al cine latinoamericano una presencia real en Francia.

«Es un festival al que le tengo mucho cariño, porque tiene una programación exigente», afirma.

Y destaca que el objetivo debería ser que estas películas encuentren distribución y público, no simplemente que sean mostradas como piezas exóticas.

«Impulsar de verdad el cine latino, no solo desde una vitrina».

En Biarritz, esa declaración adquiere un significado particular. Siempre soy tu animal materno habla de Costa Rica, pero Maurel no quiere explicarla ni convertirla en postal. Prefiere que el país, sus personajes y sus contradicciones puedan existir sin necesidad de una traducción permanente.

Y quizá ahí esté también la esencia de su cine: mirar la intimidad sin cerrar las preguntas y hacer una película sin pretender tener todas las respuestas.

Continúa informándote gratis en el perfil punto pe e y síguenos en las redes sociales como arroba el perfil pe e.

Más información sobre
Sobre la firma
Colaborador de EL PERFIL
Crítico de cine, especializado en cine latinoamericano. Es miembro de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) y de l'Académie des Lumières, de la prensa internacional en Francia.