Este artículo es de hace 1 año

Unger: un polaco que enseñó ciencia a los peruanos

Los divulgadores genuinos como el señor Unger no son habituales, están dominados por una pasión insobornable por lo nuevo y una inquietud permanente. Se comunicaba en polaco, alemán, inglés, español y sabía francés e italiano, además latín.
Lucas Lavado
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La divulgación científica es una actividad intelectual y práctica que requiere un dominio para pensar y escribir acerca de la ciencia y la tecnología con una claridad tal que llegue a los lectores sin ningún otro requisito que el interés de leer. Científicos de las ciencias duras así les llaman a los físicos, químicos y biólogos moleculares, que en un esfuerzo de autocrítica piden a sus colegas que escriban pensando en que lleguen principalmente a los científicos, claro está, y también a los lectores no especializados. Es frecuente escuchar a los científicos “hablar en difícil”. Esta es una razón para agradecerles a los divulgadores su gran servicio a la sociedad.

El pasado cinco de febrero a las cinco de la tarde se notició el sensible fallecimiento del ingeniero Tomás Unger Golsztyn, nacido en Cracovia, Polonia, el 8 de junio de 1930. Vino a los siete años al Perú donde estudió y culminó arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Fue un divulgador científico de una cualidad envidiable por su claridad y capacidad para llegar al gran público que es muy difícil encontrar en este género no solo en nuestro medio peruano sino en sociedades de gran desarrollo cultural. En 2021, recibió la Orden “Al Mérito por Servicios Distinguidos” en el grado de Gran Cruz de parte del expresidente Sagasti, un reconocimiento justo pero tardío que hubiera sido imperdonable que no lo hiciera quien hoy como antes desempeña labores en la burocracia internacional.

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¿Por qué es importante dedicarle algunos renglones a señor Unger que tanto se afanó en divulgar la ciencia y la tecnología en un medio poco amante a esta tarea? No es oportuno sino plenamente justificado. La ciencia y la tecnología se ha convertido en parte inseparable de vida contemporánea. Es, sin duda, nuestro modo de actuar eficiente, así como son las humanidades nuestra expresión más crítica e insobornable en la comunicación de la verdad y sus consecuencias. Cuando en la política que suele mezclar acciones con ideologías es imperativo un examen atento y cauteloso de nuestro entorno, sus consecuencias nocivas para la convivencia democrática. Inclusive cuando la televisión pone el lente sobre los manifestantes que viven del turismo y salen a reclamar que al parecer sirven, sin proponérselo, a propósitos tan disímiles como una posibilidad aviesa y calculada de enfrentamientos.

Los divulgadores genuinos como el señor Unger no son habituales, están dominados por una pasión insobornable por lo nuevo y una inquietud permanente. Se comunicaba en polaco, alemán, inglés, español y sabía francés e italiano, además latín. Una cultura humanística que le permitió apertura mental al mundo que quisiéramos para nuestros sucesores a quienes les estamos legando un futuro de deterioro del medio ambiente por descuido y complicidad, corrupción sin límites ni atenuantes donde prima el negocio ramplón. Unger le dedicó más de cuarenta años a su tarea de divulgación, estoy seguro sin haberlo conocido personalmente que no había para él una tarea más placentera que la suya.

Unger permite recordar a Isaac Asimov, otro divulgador realmente sugestivo. Hay pocos como él a quienes le debemos tanto que tenemos una deuda cultural impagable. Escribía un libro por día dicen sus biógrafos, nombrarlos, y sólo eso, nos llevaría un tiempo inimaginable. Comentaba sin rubor que solo había dos personas más inteligentes que él, el astrónomo famoso que dirigió y divulgó el famoso video Cosmos y Marvin Minsky el poco menos famoso propulsor de la Inteligencia Artificial que en 1985 editó el libro La sociedad de la mente. Vienen a cuento porque hay genuinos creadores que son al mismo tiempo eximios divulgadores del conocimiento científico y técnico que pueden realmente inspirar a los estudiantes, a los profesionales y a los científicos que están trabajando febrilmente en resolver problemas de interés social.

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Provoca preguntar con rabia por qué nuestras escuelas no están diseñadas para promover e inspirar el conocimiento creativo sin dejar de ser negocios lucrativos que viven, si son particulares más aún, del marketing y si son públicas de los favores políticos y del facilismo promovido. Como si esto fuera poco se exhibe frente a los reflectores la degradante humillación a la educación superior de la primera universidad pública bicentenaria, un hecho policial ofensiva a la inteligencia, a la autoestima y al respeto que ofenden la inteligencia. Solo los rebeldes incurables y los genios irredentos casi inexistentes en una sociedad deprimida pueden salir adelante. En cambio, salen ufanos ante cámaras los burócratas de oficio que se han pasado alentando estadísticas aupados en organismos rentados a exhibir su talento como ofreciéndose al mejor postor para el próximo cargo de ministro. Hay abundante investigación que ha encontrado una correspondencia matemática entre la mayor violencia acompañada de la depresión cognitiva y emocional.

El psicólogo Walter Blumenfeld, que huyendo del nazismo se instaló en la Universidad Nacional Mayor de San marcos en 1937, instaló el laboratorio de psicología experimental y contribuyó con el desarrollo de la actividad profesional del psicólogo cuyo departamento académico se crea en 1963. La época de la presencia de Blumenfeld y Unger coincide con el impresionante desarrollo de las investigaciones científicas y tecnológicas en el globo. Actividades que en nuestro medio ha estado siempre limitadas al amparo de la literatura y las artes, alejadas de las revoluciones científicas y tecnológicas que han cambiado sustancialmente el mundo en que vivimos. Se desarrolla la biología molecular, la física, la química, las ciencias sociales de punta y la ciencia política que tanto necesitamos. Entrevistas a científicos en los medios ni se piensan.

Como recuerdo de Tomás Unger es oportuno señalar algunos problemas que en la actualidad urgen apoyo financiero para la investigación sobre todo en áreas sensible. Sin dejar de lamentar el descalabro de la SUNEDU que es un “fantasma” que vaga en el “limbo” teniendo como guardián impertérrito a don Oswaldo Zegarra convertido en jefe legalmente inexistente.

  1. La urgencia de hacer un recorrido de los lagos, ríos y cuencas acuíferas del territorio peruano, con esa acuciosidad periodística, para identificar la contaminación de los suelos de cultivo y los servicios de agua para beber. El propósito: noticiar el grado de daño a las madres de familia y a los niños el ande.
  2. La identificación, la cuantificación y la evaluación de la inmensa cantidad de obras públicas licitadas, comenzadas y paralizadas debido a múltiples factores. Una tarea que grafica la corrupción de los gobiernos y la lenidad de los organismos competentes. ¿Por qué no les dan cámaras?
  3. Los currículos, los materiales educativos (textos), los apoyos tecnológicos disponibles realmente existentes antes de inicio de clases. Sin esconder las contrataciones que el Ministerio de Educación realiza para aligerar su tarea obligatoria y normada. ¿Cuánto de ciencia y tecnología existe?
  4. El estado de la calidad de la gestión en los diferentes sectores cuantificando los gastos realizados y los logros obtenidos. Tarea que no demanda costos adicionales si se tiene en cuenta metas, presupuestos y costos programados que no están en los cuadernos sino en los computadores de los ministros y directores. Se dirá: “¡los técnicos calificados son caros!” ¿Pueden interpretar los hermenéuticos?
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El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Por Lucas Lavado Colaborador de EL PERFIL
Profesor en Filosofía y Ciencias Sociales. Magíster en Docencia Universitaria y Doctor en Ciencias de la Educación. Ha editado más de 400 títulos.
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