Este artículo es de hace 4 años

Los vaivenes de la ministra inamovible María Antonieta Alva

La ministra de Economía es una de las intocables del gobierno de Vizcarra y todo indica que esta vez no se salva de la interpelación.

Tony Landa
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La llegada de María Antonieta Alva al Ministerio de Economía fue, sin duda, una novedad para el gobierno de Martín Vizcarra. Ha pasado ya 10 meses desde su nombramiento como ministra y en ese período de tiempo se ha levantado un templo de culto mediático hacia ella a tal punto que, ni siquiera ahora en un momento donde su imagen va de picada, el mandatario no se haya atrevido a cambiarla y sigue en el gabinete ministerial pese a los cuestionamientos a sus medidas.

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Hubo grandes aplausos y una especie de adoración desde el momento en que asumió la titularidad de la cartera de Economía. Las circunstancias de su ascenso se dieron cuando la clase política estaba bastante desprestigiada. Este hecho hizo que un rostro nuevo como el de ella fuera del agrado de la opinión pública. También se sumaba el hecho de que fuese una mujer, representando el empoderamiento femenino promovido desde el gobierno de Vizcarra, y joven, emanando una sensación de que las altas esferas del Estado estaban abiertas para las personas de su generación.

Desde entonces, el culto hacia Alva se alimentó de una serie de comentarios propinados por distintas personalidades que aplaudían su manera de trabajar. Incluso en la opinión internacional se ganó el apodo de la “ministra millennial”. Por esas épocas –a inicios de la pandemia– algunas voces del tumulto de opinólogos yacientes en Twitter coreaban una eventual candidatura suya a la presidencia de 2021.

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En las redes sociales era aclamada y en el mes de marzo, desconocidos colgaron carteles en la Vía Expresa Paseo de la República con frases que expresaban el apoyo de “los jóvenes” hacia ella. Posteriormente, ella deslindó su participación de esto. De igual forma, un usuario de YouTube promovió un concurso donde se le dibuje; por cierto, la imagen referencial de la nota que puso el diario Correo en su plataforma web muestra a la ministra con un báculo incaico en una posición heroica. 

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Pero a medida avanzaba la pandemia y a Martín Vizcarra se le escapaba cada vez más de las manos el control de contagios y muertes por COVID-19, la popularidad de ‘Toni’ Alva se empezó a ver cuestionada. La primera de sus piedras en el zapato viene con el nombre de Reactiva Perú, ambicioso programa en el que las cifras destinadas al sector privado diferían abismalmente con la de los bonos universales. El otro asunto que hace tambalear su imagen es el escándalo del consorcio vinculado a su padre y hermano, el cual presuntamente contrató con el Estado a un mes de su nombramiento, hecho que ella rechazó. Controversias de similar índole al del segundo caso han sido los desencadenantes de despedidas prematuras de exministros.

Pero pasó lo que era premonitorio (todo apunta a que es la ministra favorita de Vizcarra): fue ratificada en el cargo en el nuevo gabinete de Walter Martos, convirtiéndose así en la única ministra junto a Jorge Montenegro (Ministerio de Agricultura) en permanecer en sus cargos desde que juraron después de la disolución del Congreso. Lo cierto es que Montenegro mantiene un perfil mucho más bajo que Alva y a él no le han dedicado dibujos ni carteles.

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Martos tampoco piensa hacerse problemas con la presencia de la ministra de Economía, pues ya negó en una entrevista para Canal N toda posibilidad de que esta pueda ser cambiada, excusándose en que “cuando un nuevo ministro entra, entra con todo un equipo nuevo” y agregando que era inoportuno zafarse de Alva por el movimiento que su cartera genera en momentos críticos como este. Martos, quien también formó parte del mismo gabinete que Alva, seguro también recuerda a sus excompañeros renunciando por sus escándalos, por si acaso.

Aún existen defensores de la ministra Alva, pero los reflectores del escenario político donde surgió se van apagando lentamente por su actuación durante la pandemia, la cual ha sido criticada en muchas ocasiones por servir a las grandes empresas. Los congresistas que exigen interpelarla también persiguen sus propios intereses, pero su permanencia también representa un interés en sí mismo. En ambos casos, se ha alzado una especie de enemistad recíproca. 

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Construir todo un simbolismo en torno a un personaje político le resulta útil hasta a los personajes más nefastos como Alberto Fujimori, que se vendió ante los incautos como “el que salvó al Perú del terrorismo” y sigue sacando jugo de ello. La imagen de ‘Toni’ Alva está de caída, pero al tener apoyo de los medios de comunicación que justamente se beneficiaron del programa que su cartera impulsó, podríamos decir que la tendremos en el ojo público un buen rato más.

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