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Este artículo es de hace 1 año
Doctor en Filosofía

Juan Bautista Ferro, el gran profesor de Lógica

Tenía rigor científico y jurídico. Sus discípulos emigraron a otras universidades y no han propuesto sino algunos manuales de introducción que apenas son reflejo de sus magistrales clases.

Lucas Lavado
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Juan Bautista Ferro Porcile nació el Lima 29 de marzo de 1920. Estudió la secundaria en el Colegio Angloperuano entre 1931 y 1935 e ingreso a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1937 donde concluyó estudios de derecho en 1943 y el doctorado en Filosofía el año 1952. Se graduó de doctor en Filosofía con la tesis Procedimientos decisorios para fórmulas monádicas de primer grado por la que se hizo merecedor del Premio Nacional de Fomento a la Cultura.

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No es una tarea fácil hacer una presentación breve sobre sus investigaciones ceñidas a la lógica formal. Situar el hilo de su trayectoria académica provoca e incita a la investigación para valorar su rigor y destreza en el pensamiento. Introdujo en el medio académico peruano con notable creatividad y solvencia la lógica formal e impartió lecciones de esta disciplina en San Marcos. Es más, formó un grupo de profesores que promovió hasta su jubilación.

Desde el inicio de sus estudios su preocupación central fue trazar la matriz disciplinar de su tarea retomando los aportes de Whitehead, Russell, Tarski, Cantor y Villard Van Orman Quine, prominente lógico norteamericano que acercó la lógica como pocos hasta convertirla en asignatura universitaria como el profesor sanmarquino.

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Ferro es el primero en investigar en lógica formal en Perú y lo hizo de un modo original, productivo y útil para pensar la ciencia en términos contemporáneos. Distante de la traza de un pensador provinciano acomete con rigor los aportes de Sir Karl R. Popper y sus tesis sobre la falsificación o falsabilidad opuestas a la verificación de las hipótesis científicas. A Ferro le preocupaba que fuera sólo “falsar” las proposiciones científicas “totalmente desvinculada de aquella inseparable expectativa de todo descubrimiento científico” que era buscar la verdad. Este urticante puntillazo a Sir Popper es asumido y desarrollado por otros notable prensadores posteriores.

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Muchas veces se presentan esquematizados y caricaturizados los gigantescos logros de los aportes griegos. Como todo investigador y filósofo Ferro se tomaba en serio los tres principios con los que los griegos atravesaron la racionalidad universal. 1) Toda proposición es idéntica así misma (de una simplicidad escandalosa), 2) No es posible que una proposición sea falsa y verdadera al mismo tiempo y 3) Toda proposición es verdadera o es falsa y no se admite una tercera posibilidad. Son los puntos de partida y los supuestos de la lógica cuantitativa y de la axiomatización que en cada una de sus clases se mostraba inteligible.

Las pruebas de su importancia están a la vista en cada pasaje de la ciencia y del derecho. La lectura y examen de los escritos y argumentos incluyendo las inmensas rumas de expedientes jurídicos que tanto abruman a los sufridos litigantes. Es frecuente leer expedientes plagados de contradicciones y redundancias aprobados y convalidados sin examen. El profesor Ferro como estudioso del derecho sabía dónde estaban los atajos. No era de los que escogían el camino fácil de las transcripciones para salir de apuros dejando pasar el camelo escurridizo.

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El centro de su preocupación académica estaba en las proposiciones y las relaciones entre ellas, es decir, en su estructura formal. No existen decía proposiciones sin conceptos ni estructuras proposiciones sin proposiciones bien formadas. En este sentido todos los libros científicos, es decir, de física, química, biología y sociología etc. no serían sino grandes restructuras proposicionales formuladas en base a reglas lógicas. Encontrar entre ellas contradicciones, imprecisiones y falsedades son algunos de los roles del abogado.

Algunos desde la carencia formativa elemental intentan ridiculizar incluso la desbordante utilidad de la lógica reduciéndola al silogismo como si allí terminara todo. Y después de esta “faena” en seguida estos “innovadores” reclaman como modelo al gran sofista griego Protágoras donde lo que importa es apabullar al adversario prescindiendo totalmente de la verdad y de las pruebas. De los que Ferro se burlaba porque lo único que buscaban era ganar en la discusión y el debate sin importar a qué costo ignorando la verdad de los hechos y la justa defensa de quienes recurren a los tribunales.

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Para tener una idea del valor de lo que Juan Bautista perseguía en su prometedora tarea docente no basta señalar la arquitectura lógica de la ciencia en general. Las publicaciones recientes invitan desde los escaparates. La lógica del derecho. Diez aporías de Hans Kelsen (2017) del jurista italiano Luigi Ferrajoli. Los que se atreven a salir del cerco de los “maestros” de copia y pega encontrarán en esta obra un caso ilustrativo de cómo pasar por la criba de la crítica la contribución de Hans Kelsen y apreciar los esfuerzos del profesor sanmarquino que tuvo la anticipación mesurada de incluir la lógica moderna en el currículo universitario.

Es irresistible incluir otro caso destacable. También permite la revaloración de las enseñanzas del profesor sanmarquino respecto de la lógica para afinar el juicio crítico y apreciar hoy la teoría formal del derecho del padre del Paradigma Garantista profesor Luigi Ferrajoli. Su propuesta consistente en el monumental edificio teórico que es la estructura formal de derecho como artefacto epistemológico. Un dato para repensar la perspectiva y la visión docente y académica del maestro en busca de la apertura de la lógica como una teoría cuyas proyecciones están abiertas al debate contemporáneo. Justifica largamente la vuelta a los mejor de nuestra historia reciente para repensar nuestra crisis educacional.

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Formó ayudantes de cátedra que se reunían al calor de su liderazgo para coordinar no solo el contenido sino la forma y los métodos con los que debían trabajar. Eran alumnos seleccionados a lo largo de su carrera pensando que más tarde podrían asumir la cátedra. Asistían a sus clases para luego encargarse de las prácticas sobre la base de temas y ejercicios que dejaba diseñados. Este cuidado con que se impartía la asignatura no era un capricho, se debía a que en ese entonces era la única universidad en el país que había incorporado la lógica formal en el currículo de estudios.

Además de sus tesis de bachiller y de doctor, así como algunas ponencias no ha dejado trabajos sistemáticos. Teniendo en cuenta su gran erudición era esperado con desvelo y esperanza. Aunque podría parecer redundante la pregunta sigue rondando ¿por qué no escribió un texto o un tratado? Profesores de todos los cursos escribían manuales enormes y apuntes compilados. La lógica es una disciplina inigualable por su rigor y consistencia indispensable en la axiomatización, en las pruebas de hipótesis y precisión conceptual que aportan claridad a las investigaciones. Sus apuntes y sus manuscritos no se han publicado y es posible que vean la luz en algún momento.

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Sus discípulos emigraron a otras universidades y no han propuesto sino algunos manuales de introducción que apenas son reflejo de sus magistrales clases. Apuntes organizados sobre la base de sus pautas y modelos que dejaba para que sean apoyos en los trabajados en grupo.

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Lucas Lavado Columnista de EL PERFIL
Profesor en Filosofía y Ciencias Sociales. Magíster en Docencia Universitaria y Doctor en Ciencias de la Educación. Ha editado más...
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