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Tres años sin él

La vigencia de Bunge

El filósofo latinoamericano más importante del siglo XX y XXI falleció el 24 de febrero del 2020 en Montreal donde vivía y era profesor emérito en la universidad de Mc Gill.

Lucas Lavado
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El filósofo latinoamericano más importante del siglo XX y XXI falleció el 24 de febrero del 2020 en Montreal donde vivía y era profesor emérito en la universidad de Mc Gill, su universidad adoptiva donde llegó en 1967 después de examinar otras alternativas. Tuvo una relación entrañable con el Perú y las universidades peruanas que visitó para exponer y dialogar con auditorios repletos y entusiastas debido a su atrayente personalidad y vocación filosófica provocativa y polémica. Tampoco defraudó y es justo decirlo a posmodernos, hermenéuticos y fenomenólogos por sus punzantes críticas que eran respondidas con encono y pasión. Pero quién lo creyera, todo lo que expuso en Lima y otras ciudades del Perú están vigentes. 

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Bunge es un protagonista de la filosofía del siglo pasado y de este siglo que corre. Es científico y filósofo que nunca pasó inadvertido en su recorrido cosmopolita debido a su participación comprometida con el pensamiento actualizado y fecundo de nuestro tiempo. Sus libros son compañeros de los estudiantes peruanos debido al modo en que plantea problemas científicos y tecnológico contemporáneos. Sus textos seleccionados se leen hoy como parte de la vida académica y profesional que constituyen el legado al país que quiso. Es lo que ocurre con Vigencia de la Filosofía cuyo breve prólogo escrito de vacaciones en Corfú en junio de 1997 termina con la frase que quitaría el sueño a cualquier estudiante motivado y prendado de sus estudios: “Creo que el bicho universitario más útil es el que hace sucesivamente de abeja, araña y rábano”. Refleja su fuerza moral y energía para defender sus tesis no por simple prurito expositivo sino porque es el resultado de su incansable trabajo de investigador. Junto con otros trabajos de persistente actualidad forman parte de una panoplia dedicada a la difusión científica, tecnológica y humanística. 

Como todos los estudiantes inquietos en busca de su ruta futura a los dieciséis años al terminar la secundaria se plantó ¿qué carrera debo elegir? Las opciones que ocupaban en aquella época el centro de su atención eran la física, la psicología y la filosofía. El resultado de su análisis le llevó a concluir que la psicología aún no era una ciencia madura, la filosofía estaba poco desarrollada en la Argentina y optó por la física. 

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Estudió física con Guido Beck sin descuidar la filosofía que estudió por su cuenta. Las dos esplendorosas décadas de este siglo en que transcurre el final de su vida no descuidó las neurociencias porque aspiraba una psicología científica. Quizá los lectores querrían saber que su hija Silvia es bióloga y neurocientífica notable y prometedora. En este contexto sus contribuciones abarcan una amplitud que podría describirse brevemente. 

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La física unida a la matemática le abrió un enorme camino, a la biología le dedicó atención especial e interdisciplinar y su Biofilosofía (1999) escrito con el biólogo alemán Martin Mahner es sin duda único. La relación entre la filosofía y la psicología escrito con el psicólogo colombiano Rubén Ardila (2000) no ha sido emulado. En economía luego del debate con muchos economistas y Raúl Prébisch, después de su Economía y filosofía (1985) publicó Las ciencias sociales en discusiónUna perspectiva filosófica (1999). Sin olvidar su estupendo prólogo a la última versión de Teoría y estructuras sociales de Robert Merton (2002), La relación entre la sociología y la filosofía (2001) y Filosofía política (2009) una tríada para entender los sistemas sociales hoy. Son apenas ejemplos tomados al azar de sus más de 70 libros en circulación. Ni qué decir de sus contribuciones a la tecnología y en especial a la tecnología de las ciencias sociales que en nuestro medio se suele llamar tecnociencia. Apenas se han traducido 6 de los 8 volúmenes de su Treatise on Basic Philosophy que tiene aportes que esperan ser estudiados. 

Sostener que es un protagonista de la filosofía actual no es de ningún modo una exageración desorbitada como suele ocurrir cuando se perpetran artículos. Sus críticas al psicoanálisis son ampliamente conocidas y le han ganado una fama extendida, aquellas dirigidas al posmodernismo, al relativismo y la hermenéutica le han distanciado de las universidades que profesan este culto de moda. Lo ha expresado sin rodeos “dígame qué filosofía es la que utiliza (no la que profesa) y le diré lo que vale su ciencia. Y dígame qué ciencia es la que usa (no con la que dice estar de acuerdo) y le diré lo que vale” (Pseudo ciencias ¡vaya timo! 2010). Coherente con su postulado de que la investigación científica parte de presupuestos filosóficos. 

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Sus polémicas con Thomas Kuhn sobre el carácter de las ciencias y las revoluciones científicas generalmente se desconocen. A quienes les gusta repetir frases célebres de moda incluyendo el concepto “paradigma” cuya ambigüedad fue señalada por Margaret Masterman y admitida por autor (Segundos pensamientos sobre paradigmas, 1978). Bunge pensaba que no bastan las críticas ausentes de propuestas y propone un modo de aclarar y dotarle exactitud. Un paradigma P, contiene un cuerpo C de conocimientos, previo un conjunto H de hipótesis, una problemática P, un objetivo O y una metódica M cuya fórmula tal que P= (C, H, P, O, M). 

Es también sugerente la urticante polémica con el Premio Nobel de neurofisiología el eminente Sir John Eccles que escribió un libro con otro no menos eminente filósofo Karl Popper El yo y su cerebro. El encuentro Eccles-Bunge se produjo en la hermosa ciudad alemana de Dusseldorf durante el XVI Congreso Internacional de Filosofía, donde Bunge hizo trizas al dualismo psiconeural de Eccles-Popper en defensa la “Teoría de la identidad psiconeural”. Su repercusión en el diario local bajo el título “La lucha por la conciencia” trascendió la ciudad y el tiempo. 

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Se trata de uno de los temas que le demandó una vida de meditaciones a Descartes y sin duda a psicólogos y neurocientíficos eminentes como Antonio Damasio. Es un problema filosófico “gordo” como lo diría el propio Bunge con jocundia. En uno de sus más reciente trabajos dice “hay objetos materiales que son los cerebros, y hay procesos que tienen lugar en ellos, como los pensamientos y emociones” y eso no es dualidad ¿muy simple verdad? (Materialismo y mente,2015). 

Existe cierta toma de distancia y hasta desdén respecto de la filosofía por parte de los científicos, especialmente investigadores en algunas áreas y en algunas universidades que alientan la especialización profesional en economía y administración. Lo que conduce a preguntas de Perogrullo como por ejemplo ¿la metodología de investigación científica y tecnológica obligatoria en las todas las facultades de alta especialización a qué disciplina pertenece? A nadie se le ocurriría decir que pertenece a la economía, la didáctica a la matemática. Los problemas de interés en las investigaciones para las tesis son problemas cognitivos, así como las cuestiones atinentes a las diferencias entre problemas científicos y tecnológicos. Ergo, los artículos científicos están estudiando con interés la epistemología y las interdisciplinas. 

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Concluye este modesto homenaje con una glosa de su carta empática que dice al finalizar “No se deje aplastar por la docencia…Nada bueno sale sin sacrificio (Acabo de inventar esta hipótesis olor cristino, y que habrá que ponerla a prueba)”. Cada una de sus comunicaciones eran mensajes dirigidos a promover la filosofía científica, así como proponer hipótesis que desafían.

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Lucas Lavado Columnista de EL PERFIL
Profesor en Filosofía y Ciencias Sociales. Magíster en Docencia Universitaria y Doctor en Ciencias de la Educación. Ha editado más...
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