Este artículo es de hace 5 años

¿Cómo se originan nuestros hábitos?

La exageración de los lamentos en los funerales se funda en la necesidad de mostrar un dolor que complazca al difunto para ganarse su buena voluntad.
Guillermo Giacosa

En otros pueblos prima la alegría como una forma de mostrar que el muerto es un bienaventurado. Respecto al duelo éste duraba, originalmente, el tiempo de descomposición del cadáver. La impureza de la muerte se apodera de los vivos y estos deben vestir de un modo diferente para que la comunidad pueda identificarlos.

Se establece una suerte de cuarentena pues la familia está contagiada por la muerte. En el luto, en vías de desaparición en Occidente, hallamos una forma de supervivencia de esta vieja creencia.

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La visión de la descomposición del cadáver se ha combatido a través del canibalismo (devorar al muerto antes que esto ocurra), la cremación, el entierro o el embalsamamiento. Podríamos colegir que todo tiende a ocultar, de la forma que sea, la descomposición del cadáver. Quizá ello sea lo que más hiere la sensibilidad humana. La exageración de los lamentos en los funerales se funda en la necesidad de mostrar un dolor que complazca al difunto para ganarse su buena voluntad.

Entre los aborígenes Waramunga de Australia los hombres y mujeres se precipitan sobre el moribundo y se automutilan ferozmente en su presencia.

Sorprende saber que, al igual que el duelo, el tiempo que dura el luto correspondía también, originalmente, al tiempo de descomposición del cadáver. La impureza de la muerte se apodera de los vivos y estos deben vestir de un modo diferente para que la comunidad pueda identificarlos. Se establece así una suerte de cuarentena pues la familia está contagiada por la muerte. La creencia en el contagio de la muerte puede haber sido el punto de partida para evitar el contagio de las enfermedades, aún sin tener ninguna información sobre virus, bacterias o microbios.

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El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Sobre la firma
Rosario, Argentina (1942). Ha trabajado más de 30 años en distintos medios de comunicación de Argentina y Perú. Ha sido asesor del director general de la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) en temas de juventud y ha asistido a proyectos en África, Europa y América Latina. Ha publicado los libros Jugar a vivir (2005) y Sábados en familia (2008). Recibió el Premio Peter Berenson de Amnistía Internacional por su defensa a los Derechos Humanos.
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