Opinión

Juan Gargurevich: nuevas lecciones de periodismo

Winston Orrillo empieza su escrito resaltando estas citas del maestro Juan Gargurevich: "Pero no confundimos independencia y pluralismo, con indefinición. No carecemos de compromiso. Lo tenemos y muy sólido con los trabajadores de la ciudad y el campo -dependientes e independientes- con la intelectualidad avanzada, con los artistas populares, con el sacerdocio del auténtico amor cristiano, con los militares patriotas…" "La comunicación engloba todos los sistemas vinculados a la mente humana (…). Nada hay de inocente ni imparcial en la comunicación".

Sigue Juan Gargurevich dándonos sus permanente lecciones: cada uno de sus enjundiosos libros -tanto de historia como de exégesis de la comunicación- es un hito, un derrotero para ofrecernos, cabalmente, un panorama de esta actividad todopoderosa (alguien puede dudarlo) que es la comunicación social.

En los muchos años que lo conozco, bastante he aprendido de él y de sus obras. Porque, así como da lecciones orales, igualmente, por escrito, parece que la plática continuara.

Periodista profesional por antonomasia, su enseñanza viene a sus pupilos tanto por la enjundia de su charla, como por el manejo de una pluma, digo es un decir, ahora que todo está digitalizado.

Para el maestro Juan, sin duda el que más conoce la historia y los vericuetos de la prensa peruana, sus caminos académicos se hallan en sus grados de Magister en Comunicación, Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, así como su condición de Profesor Honorario de las Universidades San Agustín, de Arequipa, y Ricardo Palma, de Lima.

Entre sus cargos más importantes figuran los de haber sido Director de la Escuela Académico-Profesional de Comunicación Social, de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la cuatricentenaria San Marcos, y Decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica.

No cuento el número de sus libros, pero entre los más importantes se hallan “La Razón, Crónica del Primer Diario de izquierda (3 ediciones), 2017; Mario Vargas Llosa. Reportero a los 15 años (2 ediciones), 2015; De periodistas a comunicadores, 2014; Introducción a la historia del periodismo, Departamento de Comunicaciones. Universidad Católica, 2011; Historias de periodistas. La Voz Ediciones. Lima, 2009; Última Hora. La fundación de un diario popular. La Voz Ediciones, Lima, 2005; Los Periodistas. Historia del gremio en el Perú. Asociación Nacional de Periodistas, Lima, 2003; La Comunicación Imposible. Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima, 2002; La Prensa sensacionalista en el Perú. Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2000.

Ahora, convertido en Autor-Editor, publica El Juez de Uchuraccay y otras historias, texto fascinante que, desde adentro -como debe ser el buen periodismo- nos conduce a los meandros del área deportiva, en su “Coche a la vista”, así como a la psicología de la joven periodista, Janet Talavera, “La Última periodista de Sendero”, asesinada cuando estaba presa. Bello y estremecedor es su testimonio sobre el mítico diario “La Voz”, que fundara y dirigiera su colega entrañable, el inolvidable, Efraín Ruiz Caro. Igualmente, es muy ilustrativa su exégesis del sabio lingüista que fuera Luis Jaime Cisneros, quien no vaciló en dejar la Academia de la Lengua para insertarse en la lid en pos de un nuevo periodismo para nuestra patria. Véase “Luis Jaime, El Periodista”.

Indudablemente, “Vargas Llosa y el Juez de Uchuraccay” que da título al volumen, es una apasionante incursión en uno de los sucesos más trágicamente ocurridos, no solo en la historia de la prensa nacional, sino, sin ninguna duda, en los meandros de la seria exposición al peligro que ofrece nuestra profesión.  Aquí Juan no solo da una visión caricaturesca -sin duda que lo fue- del rábula que tuvo a su cargo las diligencias que no condujeron a nada -hasta el momento- respecto al execrable sacrificio de los colegas, El Nobel Peruano no deja de ser viviseccionado y, al final, nos hallamos … “in albis”.  Ninguna conclusión sobre la hórrida masacre de los colegas en las serranías peruanas.

Todos los artículos -lo repetimos- se leen fácilmente por esa maestría que maneja Juan, lo que nos permite discurrir por polémicas culturales, como las desatadas cuando se da el Premio Nacional de Cultura en Arte, al ínclito retablista ayacuchano Joaquín López Antay, a quien los “señores” de la cultura consideraban como un simple artesano, y no como el eximio creador que es en efecto. Es deliciosa la suma de melindres de los creadores cultos, frente al humilde -pero gigantesco- artista que es JLA.

En fin, todos los artículos (“historias” las llama JG) no solo son un manjar extra, sino que nos ilustran acerca de temas cómo los periodistas disfrazados, hacen uno de mendigo, otro de loco para poder ingresar y ver, desde dentro, las vicisitudes de los dementes en el Perú; y, asimismo, la periodista que se hizo pasar como hetaira para comunicar, desde dentro, el mundo de la prostitución en la célebre avenida Arequipa. Igualmente es revelador el tinglado que se manejó a raíz de la presencia de Norka Rouskaya, y su publicitada danza en el Cementerio General de Lima, bajo los auspicios de bisoños periodistas, encabezados por el entonces muy joven amauta José Carlo Mariátegui.

La hórrida matanza de “El Sexto” es contada vía una psicóloga, Amelia Ríos de Coloma, quien acabara con un balazo en plena cara, pero viva en medio de ese montón de cadáveres y piltrafas humanas, producto de la histórica revuelta en el tristemente célebre Penal “El Sexto”.

Finaliza -no quisiéramos que así sea- el volumen con una historia en la que no podía faltar la presencia de la guerra fría, originada por la caída de un avión, en las cercanías de Tacna, aeronave en la que viajaban dos diplomáticos de la patria de Martí, lo que movió a que la CIA desplegara sus tentáculos con el propósito de “descubrir” qué traían los dos funcionarios cubanos. Total, un alboroto para nada. Pero que agitó el normalmente seráfico clima político de Tacna.

En fin, un libro sápido y que se lee muy pronto, no solo por la prosa maestra de Gargurevich, sino por la sabia combinación de información con la donosura que da la maestría de nuestro paradigmático autor.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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