Mariátegui, un ensayista antidogmas

El pensador ecuménico, genial, nació un día como hoy en 1894.

Después de tres años de estudio en Europa, José Carlos Mariátegui regresó al Perú hacia 1923. El 26 de mayo de aquel año, la revista “Variedades” publicó contestaciones suyas a un cuestionario que pintan al más grande pensador peruano. Elijo algunas preguntas y respuestas.

—¿Cuál es su concepto de la vida?

—Esta es una pregunta metafísica. Y la Metafísica no está de moda. El físico Einstein interesa al mundo mucho más que el metafísico Bergson.

—¿Cuál es su ideal en la vida?

—Mi ideal en la vida es tener siempre un alto ideal.

—¿Los hombres representativos del momento actual en el mundo?

—Lenin, Einstein, Hugo Stinnes.

—¿Cuál es el personaje histórico que más admira?

—Cristóbal Colón.

—¿Y el héroe de la vida real que gana sus simpatías?

—El héroe anónimo de la fábrica, de la mina, del campo; el soldado ignoto de la revolución social.

Una de las aficiones de José Carlos Mariátegui era viajar. Ya lo dijo un sabio: La inteligencia aumentó con los desplazamientos. Cambiar de paisajes y de riesgos aguzó y aguza todos los cerebros.

mariategui

Siempre se alejó de los dogmas. Fue un auténtico pensador. El arte y la ciencia fueron sus fuentes principales; el ensayo, su género. Su obra es la confluencia de verdad y belleza.

Su libro más difundido, “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, apareció por primera vez en Lima en 1928. José Carlos Mariátegui tenía entonces apenas 33 años.  Fue un meteoro de vida frágil. Murió el 16 de abril 1930, a los 35 años. Un jovencito. Valdelomar, su amigo, el que le decía “Cojito genial”, murió a los 31.

Leí por primera “Siete ensayos” en la secundaria de un colegio nacional del barrio de Santa Catalina en La Victoria. Terminaba entonces el año 1992 con la dictadura de Fujimori y Montesinos muy bien instalada y con el neoliberalismo copando no solo la economía, sino todos los espacios posibles gracias a los siameses políticos.

Desde aquella lectura siempre he creído que Mariátegui dice certezas crudas con elegancia; con quien suelta verdades sin ofender.

No volví a aquel libro hasta el pregrado de la universidad, en la que también la propaganda del neoliberalismo ganaba terreno y el texto de Mariátegui esperaba y esperaba lectores en los anaqueles; al menos eso sucedía en el centro de documentación de Comunicación Social de San Marcos.

Me acerqué a pedir el libro y el profesor Gorki Tapia, el encargado de la biblioteca, se emocionó. Le brillaron los ojos y con una sonrisa dijo: “Nadie pide este libro hace mucho tiempo”.

“Siete ensayos” no es un libro cuyo autor cree ser el dueño de la verdad, sino todo lo contrario. Es un texto provocador, como los grandes ensayos, sobre los problemas fundamentales de este país que, a puertas de su bicentenario de independencia, está aún en formación, en búsqueda de un destino desconocido, sin planificación a largo plazo, con una economía preocupada en exportar piedras, con un centralismo desbordante, educación pública paupérrima, con un sistema de salud abandonado a su suerte (o la muerte).

José Carlos Mariátegui es nuestro gran pensador, curioso e inquieto. Sin dogmas. Merece un gran homenaje en su cumpleaños. Leerlo es hacerle ese un merecido homenaje. 

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