Este artículo es de hace 4 años

No solo hay que salvar al Tribunal Constitucional

Para Vizcarra no hay lugar a contemplaciones, porque de lo contrario irán por su cabeza.
Antonio Castillo

Es realmente grave la denuncia de Marianella Ledesma Narváez de que le ofrecieron mantener a ella y a los demás miembros en el Tribunal Constitucional (TC) a cambio de que voten por la excarcelación de Keiko Fujimori. 

El mensaje mondo y lirondo era: liberan a la sindicada como jefa de una organización criminal o los sacamos del cargo. Por eso se apresuran en retirar ahora a los magistrados insobornables de ese órgano constitucional, y nombrar a una serie de impresentables como el exabogado de Alan García y una “hermanita” de César Hinostroza.

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Es el estilo típico de las mafias de cuello blanco: aceptas el soborno o pierdes el puesto. El mismo proceder de Walter Ríos en el Callao que ponía y sacaba jueces, según como se porten con los “marcas” y bandoleros a quienes él patrocinaba desde la presidencia de esa Corte Superior, y extendía sus tentáculos hasta la Corte Suprema con Hinostroza y otros magistrados.

Estilo de Lumpen y Camorra

Recordemos que en el chat “La Botika” ya decían que al fiscal Domingo Pérez hay que “joderlo”, “chancarlo” y “matarlo”, casi al mismo tiempo que Luz Salgado lo amenazaba públicamente con eso de que “no sabe usted con quien se está metiendo”, y hace poco Becerril le vociferaba: “acuérdese que tiene familia”.

Es el talante intimidatorio de lumpen y camorra que a mayor escala llegan hasta el “plata o plomo”. Por eso Martín Vizcarra ha encontrado obligado motivo en el asunto para acudir a la cuestión de confianza y evitar que el Congreso fujiaprista cope esa máxima instancia de justicia.

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Si el presidente se llenó de dudas y no la planteó para el adelanto de elecciones generales, ahora hay motivos más que sobrados para llevarla hasta las últimas consecuencias. Aquí no está en juego solo la administración de justicia, está de por medio el presente y futuro institucional del país y del sistema democrático.

No hay lugar a contemplaciones, porque de lo contrario irán por su cabeza. Si no les pone la valla alta para que se vean obligados a denegarla, y ejercer la facultad de cerrar el Congreso, darán el zarpazo de la vacancia; como ya lo han demostrado amenazando con meterlo preso, y denunciándolo penalmente por la simple conferencia del Premier en la que este dijo que “el gobierno no se iba a quedar con los brazos cruzados”.

La Nación exige firmeza y liderazgo

Tampoco hay lugar a diálogo alguno con FP. Se conversa con los demócratas, no con quienes usan el diálogo para la distracción y apuñalamiento. ¿Acaso no lo hizo Keiko cuando reveló el que tuvieron al asumir la presidencia? ¿No lo distrajo Pedro Olaechea llamándolo a conversar después del 28 de julio, para dilatar el proyecto de adelanto de elecciones? ¿No se burlaron en estos días hasta de las personalidades internacionales de la Comisión de Venecia, que los hicieron venir desde Europa para escucharlos y archivaron ese proyecto, sin esperar a que estos emitan su dictamen? ¿No sorprendió Luis Galarreta al Primer ministro abordándolo para “buscar salidas para el país”, según aquel refiere, mientras con sonrisilla malévola Rosa Bartra redactaba el archivamiento del proyecto?

Es usted o ellos, señor presidente. Por mandato del artículo 110 de la Constitución, el primer mandatario personifica a la Nación, y esta exige firmeza, liderazgo, y el cierre constitucional del Congreso.

No tenga miedo, ni los ministros tampoco. Sería la primera vez que se haga en el Perú aplicando la Constitución, y no mediante golpe de Estado. Es parte del equilibrio de poderes, hacerlo es una reafirmación en la institucionalidad democrática. Es la auténtica salida constitucional para preservar el sistema de libertades cuando este ha sido secuestrado por una poderosa mafia. No es solo al Tribunal Constitucional al que hay que salvar, es también el honor y la dignidad de un país. 

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El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL
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Por Antonio Castillo Colaborador de EL PERFIL
Abogado y analista político. Exintegrante de la Procuraduría Anticorrupción del Perú y exasesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, entre otros cargos públicos.
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