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jueves, 1 de octubre de 2026
Un hombre con una filiación y una fe
Un hombre con una filiación y una fe, por Marisabel Cuzma
Dados eternos

Un hombre con una filiación y una fe

El maestro Lévano, porque así lo llamábamos todos, amigos, discípulos y extraños, tomó la decisión de emprender esta epopeya periodística en una situación de agonía, entendida ésta en el significado que revivió Unamuno en un hermoso ensayo: agonía como sinónimo de lucha.
José Carlos Mariátegui y César Lévano
José Carlos Mariátegui y César Lévano

Un hombre con una filiación y una fe. Una columna de opinión de Marisabel Cuzma.

En la Calle 14, del distrito del Rímac, César Lévano fundó su último reducto periodístico. Un domingo 9 de setiembre de 2018 nació el diario Perfil abrigado por el frío sol de aquellos días y bajo la consigna de trabajar con “responsabilidad, optimismo y alegría”. Porque así lo había recomendado Lévano, aquel nonagenario hombre de prensa, representante indiscutible del periodismo doctrinario peruano de izquierda y expulsado del Partido Comunista por comunista.

El maestro Lévano, porque así lo llamábamos todos, amigos, discípulos y extraños, tomó la decisión de emprender esta epopeya periodística en una situación de agonía, entendida ésta en el significado que revivió Unamuno en un hermoso ensayo: agonía como sinónimo de lucha. Y así, en esa lucha contra la muerte y a veces contra la vida, fe contra razón, como diría el escritor y filólogo español; Lévano, en su columna inaugural, dijo, a sus 92 años: “Hace pocos días renuncié al cargo de director del diario UNO. No por falta de salud, como por ahí andan diciendo, sino por falta de pagos durante meses. De inmediato, con compañeros de redacción y de dolor, decidimos crear un nuevo diario, con mucha voluntad y poco dinero. Los participantes de esta aventura son jóvenes. Yo aporto una experiencia de más de 70 años, todo lo cual me da la esperanza de que saldremos adelante, con la ayuda de usted, amigo lector”, escribió con ese particular modo que tenía él para axiomatizar la vida. 

La escena de aquellos días en que surgió Perfil nos es tan contemporánea. Los libretos (y libelos) de solución son los mismos de siempre, modernizados con el lenguaje propio que trae el “avance” de la tecnología. Por ese entonces, la ciudadanía pedía a viva voz, y en sus silencios, la destitución del fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, involucrado con la red criminal de “Los Cuellos Blancos del Puerto”, agrupación destinada a cometer delitos contra la administración pública, como el tráfico de influencias y cohecho pasivo, que lideraba el vocal supremo César Hinostroza. Y, como no puede ser de otra manera, ambos vinculados al fujimorismo que hoy nos gobierna y ellos protegen y; por supuesto, convertido uno en opinólogo favorito de un canal de teleWisión que preferimos no mencionar por lo obvio que es; mientras que Hinostroza se regodea por Europa, prófugo de la justicia peruana.

¿Pero qué ha sido de la vida de Perfil, hoy El Perfil? Este diario, tras diez heroicas ediciones impresas, ha mantenido su agónica vigencia en línea (sin giro a la derecha), periodismo digital, como le dicen; y en el año del centenario del nacimiento de su director fundador, y conforme a los lineamientos del evangelio de Lévano, que periodismo, lectura y cultura son una tríada indisoluble, va por un proceso de reingeniería para el relanzamiento de aquel medio de comunicación que fue el primero que incluyó un reproductor de audio en todas sus páginas para permitir que las personas con visibilidad reducida escuchen las noticias y las columnas de opinión. 

Setiembre acaba de concluir y hoy que se celebra el Día del Periodista Peruano rendimos, así, homenaje a dos acontecimientos (y a dos personajes) singulares para la cultura, la política y el periodismo que surgieron en aquellos días de setiembre primaveral. Además del nacimiento de Perfil, hace ocho años, la llegada de la excelsa revista Amauta, hace cien años. Perfil alumbrado por el maestro César Lévano y Amauta, por el amauta José Carlos Mariátegui. Dos peruanos inmortales que dignificaron aquella noble labor que, de tanto en tanto, (o de tanto en casi siempre hoy) ha llegado a convertirse también en el más vil de los ofidios.

No se puede hablar de Lévano sin referirse a Mariátegui. Menos cuando aquel se definió como indefectiblemente mariateguista. Menos en este 2026 en que el maestro celebrará en unos meses el centenario de su nacimiento y en que la obra magna del Amauta ha cumplido también cien años desde su aparición acompañada de reminiscencia gloriosa. 

A mis amigos periodistas de filiación clara e inconmovible fe, saludarlos por el día. A mis amigos periodistas que cultivan el llamado periodismo de marcas; más todavía, porque es el sendero por donde me ha llevado la vida para estar al servicio, sobre todo, de mi amada alma máter. Para ustedes, y en especial para Paco Moreno, biógrafo de don César, y Alejandro Alba, albacea de El Perfil, estas líneas que son un fragmento de la presentación de Amauta que hiciera JCM: “En el prólogo de mi libro “La escena contemporánea” escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología, así como todo lo que no traduce ideología alguna (…) El Perú es un país de rótulos y de etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido, vale decir con espíritu. “Amauta” por otra parte no tiene necesidad de un programa; tiene necesidad tan solo de un destino, de un objeto”.

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