En Estudio en escarlata, el sorprendido doctor Watson cuenta que el señor Sherlock Holmes era tan minucioso que hasta habĂa seleccionado sus ignorancias. Por ejemplo, en cuanto a la literatura, el detective estaba enormemente dotado para el analfabetismo pues no habĂa cursado libro literario alguno. AsĂ pues, en cuanto a las bellas letras, el señor Holmes sufrĂa analfabetismo funcional; o sea, el analfabetismo que realmente funciona. Por ello, cualquiera que tratase de conversar de literatura con el señor Holmes, terminarĂa replicĂĄndole:
âNo se puede hablar con usted: tiene una ignorancia para cada cosa.
Añade el doctor Watson que su sorpresa fue tremenda, casi electoral, cuando supo que el detective ignoraba que la Tierra gira alrededor del Sol pues saberlo no le habrĂa servido para resolver los casos policiales. El señor Holmes tambiĂ©n ignoraba que los astrĂłnomos son los sabios que estĂĄn en la Luna y nos hacen los spoilers de los eclipses de Sol. Digresiones: 1) El espectĂĄculo del Sol es una funciĂłn de cine que empieza cuando se encienden las luces. 2) Algo hermoso habrĂĄn encontrado los astrĂłnomos en la Luna, con sus mares sin agua y la sorda quietud de su polvo sin aire. 3) La expansiĂłn del universo prueba que, para que exista la inflaciĂłn, no es necesario que haya polĂtica econĂłmica. 4) El espacio crece en el tiempo; el tiempo es la pecera en la que nada el espacio.
Volvamos al doctor Watson y a su flemĂĄtico amigo. Un personaje de ficciĂłn nunca rechaza un consejo ya que, siendo de papel, no estĂĄ contaminado por nuestra terquedad; asĂ, al señor Holmes le habrĂamos sugerido reducir un poco su insipiencia (sic porque tambiĂ©n hay incipiencia) astronĂłmica y literaria con la lectura de Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos, libro que Monsieur Bernard le Bovier de Fontenelle publicĂł en Francia en 1686.
El apenas dicho caballero logrĂł estas hazañas: ser miembro de las academias Francesa y de Ciencias y vivir cien años (1657-1757). Ăl alcanzĂł la cima literaria por el encanto de convertir la filosofĂa y la ciencia en escritos de divulgaciĂłn irisados por la gracia. Fontenelle era tal que uno corrĂa el peligro de morir atropellado por su arrolladora simpatĂa.
Las Conversaciones… traen el diĂĄlogo de Bernard con una marquesa imaginaria, que recibe amenas lecciones de astronomĂa. Fontenelle defendiĂł asĂ la cosmogonĂa de Descartes, que postulaba algunas tesis falsas (como la fuerza de los torbellinos en vez de la gravitaciĂłn).
En 1687, Isaac Newton publicĂł sus Principios matemĂĄticos de filosofĂa natural: demolieron la cosmogonĂa cartesiana, a la que Fontenelle se aferrĂł como a los saldos de un naufragio. Quien persiste en el error, queda descartado por mĂ©ritos propios. Bernard muriĂł en ley de lealtad, mas fue tambiĂ©n el primer biĂłgrafo de Sir Isaac, a quien, en un Elogio, despidiĂł con elegancia. Otro francĂ©s, Voltaire, con sus Elementos de la filosofĂa de Newton, enrumbĂł a Europa a la nueva fĂsica, sin olvidar la gracia en el decir con la que Fontenelle fulgiĂł sobre las estrellas.













