El director checo presenta en el Festival Internacional de Cine de Varsovia, celebrado del 9 al 18 de octubre de 2026, una película protagonizada por James Franco y Rob Lowe que explora los límites de la dignidad humana durante las purgas estalinistas.
¿Hasta dónde puede llegar una persona para conservar sus principios cuando el miedo y la represión condicionan sus decisiones? Esa es la pregunta que plantea Confession, la película con la que el cineasta checo Václav Marhoul participa en la 42.ª edición del Festival Internacional de Cine de Varsovia. Aunque la historia transcurre durante el régimen de Stalin, su director considera que los conflictos que presenta siguen vigentes.
En una entrevista concedida con motivo del certamen, Marhoul habla del autoritarismo en Europa, la Rusia de Vladímir Putin y la importancia de no borrar los testimonios arquitectónicos de las dictaduras. También reflexiona sobre la confianza en el ser humano y las decisiones morales que definen a cada individuo.
Una historia que trasciende el estalinismo
Para Marhoul, el principal atractivo del guion no fue su ambientación histórica, sino el conflicto interior de sus personajes. El director explica que comprendió desde el principio que se trataba de un tema universal y atemporal, ya que las personas deben elegir constantemente entre la comodidad, el miedo y el valor. Aunque esas decisiones no siempre tienen consecuencias extremas, pueden comprometer la dignidad individual.
La película enfrenta a un interrogador, interpretado por James Franco, con su antiguo profesor, encarnado por Rob Lowe. El vínculo previo entre ambos convierte el interrogatorio en una experiencia especialmente perturbadora. Marhoul considera que el problema no reside únicamente en ser interrogado, sino en conocer personalmente a quien ejerce esa presión. Sin revelar detalles del argumento, destaca que las relaciones personales complican todavía más el enfrentamiento entre los protagonistas.
Putin y el peligro del autoritarismo
Preguntado por el aumento del autoritarismo en Europa, el realizador responde afirmativamente y sin vacilar. Marhoul establece paralelismos entre el estalinismo y la Rusia contemporánea, denuncia la represión bajo Vladímir Putin y critica la recuperación de símbolos soviéticos, que considera una señal de peligro.
El cineasta sostiene que estas circunstancias refuerzan la actualidad de su película. La defensa de los principios personales frente al poder no pertenece exclusivamente al pasado, puesto que todas las personas se enfrentan diariamente a decisiones que ponen a prueba su respeto propio y su integridad moral. En el universo de Confession, sin embargo, esas decisiones pueden convertirse en cuestiones de vida o muerte.
La conversación también aborda el interés de Hollywood por la historia rusa, con referencias a The Wizard of the Kremlin, protagonizada por Jude Law. Marhoul evita especular sobre las motivaciones de los productores y distingue entre las responsabilidades del guionista, que debe preguntarse por qué contar una historia, y las del director, cuyo trabajo consiste principalmente en decidir cómo llevarla a la pantalla.
La confianza en las personas
Pese a explorar la crueldad humana, Marhoul asegura que continúa creyendo en la bondad de las personas. Para el director, la confianza constituye una necesidad fundamental y renunciar completamente a ella conduce a una situación de desesperanza. Considera que, incluso después de conocer los aspectos más oscuros del comportamiento humano, es necesario seguir confiando en los demás.
Los monumentos como testigos de la historia
La entrevista concluye con una reflexión sobre el Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia, vinculado al pasado estalinista de Polonia. Marhoul rechaza destruir los edificios asociados a las dictaduras, aunque desapruebe su arquitectura, porque considera que constituyen testimonios materiales de las épocas en las que fueron construidos.
El cineasta recuerda construcciones similares en Praga y Moscú, y defiende que los monumentos deben conservarse como pruebas de períodos históricos oscuros. Aunque algunas de estas edificaciones le resultan desagradables desde el punto de vista estético, considera que su existencia permite mantener visible una parte de la historia que no debería desaparecer.
Para Marhoul, preservar estos edificios no significa justificar los regímenes que los construyeron, sino mantener viva la memoria de lo ocurrido. Con Confession, el director lleva a Varsovia una reflexión sobre la responsabilidad individual, el miedo y la resistencia moral, mostrando cómo las circunstancias extremas pueden poner a prueba las convicciones de cualquier persona.












