La adaptación de una de las novelas más importantes de la literatura polaca reúne a tres generaciones de estrellas, recupera al legendario Marek Kondrat tras casi dos décadas de retiro y reconstruye la Varsovia del siglo XIX. Su productor, Radosław Drabik, y su director, Maciej Kawalski, explican cómo una historia escrita hace casi 140 años se ha convertido en un fenómeno cinematográfico.
Varsovia. Durante la pandemia, cuando las salas permanecían cerradas y las plataformas de streaming parecían destinadas a cambiar definitivamente los hábitos del público, el productor polaco Radosław Drabik empezó a imaginar una película que consiguiera algo cada vez más difícil: convencer a los espectadores de que merecía la pena regresar al cine. Había trabajado en producciones para plataformas y reconocía su importancia para la industria, pero echaba de menos la experiencia de la gran pantalla.
«Mi sueño era hacer algo que llevara de nuevo a la gente a los cines».
— Radosław Drabik, productor
La respuesta fue Lalka (La muñeca), una adaptación de la célebre novela de Bolesław Prus, dirigida por Maciej Kawalski y concebida como una de las producciones más ambiciosas del cine polaco. Su presupuesto bruto, según Drabik, alcanzó hasta 20 millones de euros, unos 22 millones de dólares como equivalencia aproximada. El rodaje se prolongó durante unas 60 jornadas y movilizó a decenas de intérpretes y técnicos.
La apuesta encontró respuesta entre los espectadores. Drabik asegura que la película vendió 1,4 millones de entradas en sus primeros 12 días de exhibición, una cifra que presenta como prueba de que todavía existe un público dispuesto a acudir masivamente a las salas cuando encuentra una historia que considera importante.
El fenómeno coincide con la actividad cinematográfica que rodea al Festival de Varsovia, aunque Lalka no forma parte de su programación. Drabik conoce bien el certamen: durante su anterior etapa profesional, vinculada al marketing, lo patrocinó durante aproximadamente nueve años. Su prioridad con esta película, sin embargo, no era competir por premios, sino recuperar la relación del público polaco con su propia literatura.
Un clásico comparable al Quijote o a García Márquez
Para comprender la importancia de Lalka hay que remontarse a finales del siglo XIX. Publicada por entregas entre 1887 y 1889, la novela de Bolesław Prus ocupa un lugar central en la identidad cultural polaca. Por su relevancia literaria y simbólica, puede compararse con Don Quijote de la Mancha en España o Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en Colombia. No porque compartan argumento, sino porque son obras que han acompañado a generaciones de lectores.
La historia sigue a Stanisław Wokulski, un comerciante que consigue enriquecerse y se enamora de Izabela Łęcka, una joven aristócrata cuya familia atraviesa dificultades económicas. A través de esa relación, Prus retrata las diferencias de clase, las apariencias y las contradicciones de una sociedad que intenta adaptarse a los cambios económicos y culturales.
Kawalski considera que la vigencia de la novela reside precisamente en aquello que trasciende su época: el deseo de reconocimiento, la necesidad de pertenecer y la sensación de que ningún logro material garantiza la felicidad.
«Es una historia sobre la pertenencia, sobre encontrar tu propio valor, sobre sentir que te falta algo y querer demostrar quién eres mediante algún logro externo».
— Maciej Kawalski, director
Para el cineasta, esos sentimientos son reconocibles en cualquier país. La Varsovia del siglo XIX puede resultar distante para un espectador colombiano, pero no lo es la búsqueda de aceptación de sus protagonistas. La película pretende que el público se acerque primero a sus emociones y, a través de ellas, descubra el mundo social que retrata la novela.
Marek Kondrat, el regreso de una leyenda
Uno de los mayores desafíos fue reunir un reparto que estuviera a la altura de una obra tan conocida. Marcin Dorociński, actor polaco de trayectoria internacional, interpreta a Wokulski, mientras que Kamila Urzędowska encarna a Izabela. También participan intérpretes de reconocido prestigio como Agata Kulesza y Andrzej Seweryn.
Drabik asegura que consiguió reunir a unos 30 actores destacados de tres generaciones. Algunos aceptaron intervenciones de apenas uno o dos días, atraídos por la oportunidad de formar parte de una adaptación que tenía un significado especial para el público polaco.
Pero el fichaje que más expectación despertó fue Marek Kondrat, una de las grandes figuras de la interpretación nacional, que regresó para encarnar a Ignacy Rzecki, amigo y colaborador del protagonista.
«Nuestra guinda del pastel fue Marek Kondrat, uno de los actores polacos más importantes, que regresó solo para esta película después de 18 años de retiro».
— Radosław Drabik, productor
Los 18 años corresponden a la cifra mencionada por Drabik en la entrevista. Otras informaciones sitúan la ausencia de Kondrat de la gran pantalla en unos 16 años. En cualquier caso, su participación convirtió el estreno en un acontecimiento que iba más allá de la adaptación literaria.
Para Kawalski, dirigir a tantas figuras consagradas supuso una experiencia extraordinaria, pero también una responsabilidad. El cineasta reconoce que la presencia de personalidades tan diferentes podía provocar tensiones. Su trabajo consistió en mantener una visión clara de la película y conseguir que todos colaboraran en una misma dirección.
«Tuvimos algunas situaciones tensas, pero cada vez fue la película la que ganó».
— Maciej Kawalski, director
El director compara aquella experiencia colectiva con el Tour de Francia: una competición en la que no basta con el esfuerzo individual, porque cada etapa exige coordinación y capacidad para administrar las energías. Según explica, esa filosofía resultó esencial para superar un rodaje de semejante complejidad.
Una ciudad transformada para regresar al siglo XIX
La ambición de Lalka no se limitó al reparto. El equipo decidió transformar parte de Varsovia para recrear los escenarios de la novela, en lugar de depender exclusivamente de decorados construidos en estudios.
Una de las operaciones más complejas fue la reconstrucción de la tienda de Wokulski. El director de fotografía Piotr Sobociński Jr. propuso levantar un edificio completo que permitiera filmar desde cualquier ángulo, en 360 grados. La idea exigió una planificación extraordinaria y una estrecha colaboración con las autoridades municipales.
«Cerramos todas las cafeterías, todas las galerías, y las transformamos para recrear la Varsovia de finales del siglo XIX».
— Radosław Drabik, productor
Según el productor, la preparación de los escenarios llevó aproximadamente dos meses y una de las principales calles permaneció cerrada durante dos semanas. También se confeccionaron cientos de prendas a medida para el reparto, con el propósito de construir un universo visual coherente con la época.
La intención era que la ciudad no funcionara únicamente como fondo de la historia, sino como una parte esencial de ella. El esfuerzo de producción respondía, además, al objetivo inicial de Drabik: ofrecer una experiencia cinematográfica que justificara abandonar la comodidad del hogar.
El médico que decidió convertirse en cineasta
La trayectoria de Maciej Kawalski tiene también algo de historia de película. Antes de dedicarse a la dirección, estudió simultáneamente Medicina y Cine en Katowice, donde tuvo que decidir qué camino seguir una vez terminada su formación.
«Me di cuenta de que estar en el hospital me agotaba. Era una experiencia difícil. Y pasar una noche en un rodaje me daba energía».
— Maciej Kawalski, director
Eligió el cine, aunque aquella decisión no convenció a todos. Uno de sus antiguos profesores de Medicina, que veía en él potencial para ejercer la profesión, nunca terminó de aceptar que hubiera abandonado ese camino.
Años después, el profesor vio Lalka y le envió un mensaje a través de su hijo: por fin creía que había tomado una buena decisión. Para Kawalski, el reconocimiento tuvo un significado especial, porque llegó más de una década después de aquella elección.
El director también admite que adaptar una novela tan querida le provocó una enorme presión. Sabía que muchos espectadores tenían una imagen propia de los personajes y que cualquier decisión podía generar controversia. Durante el rodaje, sin embargo, el miedo inicial fue dando paso a la confianza en el equipo y en la historia.
Cinco horas de película y la posibilidad de una serie
La complejidad de la adaptación continuó durante el montaje. La primera versión de Lalka superaba las cinco horas e incluía historias completas de personajes secundarios que finalmente quedaron fuera de la película.
Kawalski explica que reducir el metraje no fue simplemente una cuestión de eliminar escenas. El equipo descubrió que algunas versiones más cortas resultaban menos absorbentes porque perdían matices y profundidad emocional.
«A partir de cierto momento, cuanto más corta hacíamos la película, más larga le parecía al público».
— Maciej Kawalski, director
El abundante material descartado abre la posibilidad de desarrollar una serie en el futuro. El director considera que existen suficientes tramas secundarias para construir una narración más extensa, aunque no confirma que haya un proyecto televisivo en marcha.
Los espectadores que llevaban diez años sin ir al cine
Para Drabik, el mayor éxito de Lalka no se encuentra únicamente en la recaudación. La película ha atraído a estudiantes, familias y personas mayores que llevaban años sin acudir a una sala, incluso en pequeñas ciudades.
El productor destaca especialmente a los espectadores de más de 60 años que han regresado al cine después de ocho o diez años de ausencia. También menciona las visitas organizadas por colegios e institutos, aunque reconoce que no dispone de una cifra precisa de entradas correspondientes a estudiantes.
«Es maravilloso ver los cines llenos. Esa era nuestra misión».
— Radosław Drabik, productor
Por eso, cuando le preguntan por una posible carrera hacia los Oscar o los grandes festivales internacionales, Drabik responde que los premios no constituyen su prioridad. Su objetivo era hacer una película importante para los polacos y demostrar que una obra literaria nacional todavía puede convocar a públicos de distintas generaciones.
Kawalski comparte esa convicción. Cree que el cine conserva la capacidad de acercar a las personas a emociones comunes, incluso en una sociedad cada vez más dividida. Lalka parece darle la razón: una novela escrita hace casi 140 años ha conseguido reunir nuevamente a miles de espectadores frente a una gran pantalla.
La producción nació cuando los cines estaban vacíos. Su mayor victoria, según sus responsables, consiste en haber logrado que vuelvan a llenarse.
Nota editorial: Las ocho citas destacadas proceden de las entrevistas originales y son traducciones al español de declaraciones pronunciadas en inglés por Radosław Drabik y Maciej Kawalski. Se han mantenido separadas las intervenciones del productor y del director. La transcripción utilizada es automática, por lo que conviene cotejar las frases con el audio antes de publicarlas como citas textuales definitivas. Las cifras de presupuesto, taquilla y años de retiro se atribuyen expresamente a las fuentes que las proporcionan.













