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Este artículo es de hace 1 año
Crítica periodística

Invitación a la novela

Acaba de aparecer una nueva edición de “El asombro constante”, de Jorge Coaguila, que reúne 42 reseñas literarias sobre novelas de las últimas tres décadas.

Stefanno Placencia
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Los novelistas consagrados y los novelistas por consagrarse se encuentran en la segunda edición de “El asombro constante”, del periodista y escritor Jorge Coaguila, que acaba de publicar el sello Revuelta Editores. En sus más de 300 páginas, la obra agrupa 42 reseñas literarias sobre novelas aparecidas en las últimas tres décadas; es decir, abarca de “Si una noche de invierno un viajero” (1979), de Italo Calvino, a “El ferrocarril subterráneo” (2016), de Colson Whitehead.

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En la introducción, el autor confronta a las sentencias que habían determinado el fin de la novela, como la del crítico literario estadounidense George Steiner, o la del periodista literario Tom Wolfe, quien aseguró que el nuevo periodismo sepultaría al referido género. El argumento de Coaguila no se apoya en la abundante cantidad de novelas publicadas, sino a la calidad que se perciben en algunas de ellas. “Hoy como nunca estas se venden y se leen más que en cualquier otra época de la historia”, apunta.

La segunda parte del libro, que comprende las reseñas, es un alarde de la crítica literaria periodística. El ejercicio crítico que apuesta por la precisión, la concisión y la claridad, máximas del lenguaje periodístico, que desecha los ropajes teóricos y el análisis gaseoso. Así, los textos de Jorge son de corta extensión, puntuales y de fácil lectura para quien busque acercarse a un campo complicado y de variada oferta como el de la novela.

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Por lo general, sus artículos comienzan con la síntesis de la(s) historia(s). Véase este caso: «“Hijos de la medianoche” (1981), novela del angloíndio Salman Rushdie, nos presenta a Saleem Sinai, quien narra en un grueso volumen numerosas historias relacionadas con su vida y su país».

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En otros casos, arrancan con una valoración de la obra: «“Los detectives salvajes (1998), del chileno Roberto Bolaño, es una novela de enormes méritos y algunos defectillos». Asimismo, comentan las características, el contexto, la composición, las técnicas, los antecedentes, las posibles influencias y referencias de cada título. Cada reseña, por último, se complementa con fichas biográficas de los autores.

el asombro constante jorge coaguila

Algunas de las obras reseñadas han sido adaptadas al cine como “El nombre de la rosa” (1980), de Umberto Eco; “La hoguera de las vanidades”, (1987) de Tom Wolfe; “La fiesta del Chivo” (2000), de Mario Vargas Llosa, y más. Otras pertenecen a premios nobel de literatura: Gabriel García Márquez, José Saramago, J. M. Coetzee y unos cuantos más. Como se aprecia, con un sutil disimulo, a lo largo de la lectura, el autor refuerza la hipótesis planteada en la primera parte: este género ha trascendido el ámbito literario y le ha valido a muchos autores ser galardonados y reconocidos.

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Mención aparte merecen las novelas gráficas que integran el cuerpo de análisis del libro. Entre estas, figuran “Maus. Relato de un superviviente” (1980-1991), de Art Spiegelman; “Watchmen” (1986-1987) de Alan Moore y Dave Gibbons, y “Persépolis” (2000-2003), de Marjane Satrapi. Con ello, se evidencia la diversidad y la evolución que ha alcanzado el género. Sin más, el libro se cierra con un glosario que reúne frases y reflexiones de los autores estudiados sobre los diversos temas que abordan en sus novelas.

Lector asiduo y cosmopolita, y con publicaciones de crítica que respaldan su ejercicio literario, Coaguila presenta un proyecto estimulante y divulgativo que, a su vez, respalda su erudición apabullante en materia novelística. En suma, “El asombro constante” es, como afirma el poeta Enrique Verástegui en la contratapa del libro, “una invitación al mundo de la novela”. Una invitación al mundo de la novela actual, si es que se puede precisar.

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Stefanno Placencia
Colaborador de EL PERFIL
Redactor de cultura en EL PERFIL.
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