Este artículo es de hace 4 años
Crítica

Ruinas sin elogios

El volumen reúne tres poemarios y una plaqueta y tiene 189 páginas y solo dos bellas imágenes.
Stuart Flores

Elogio de la ruina (La Travesía Editora, 2018), de Jimmy Marroquín Lazo, inicia con dos preámbulos. En uno, el autor justifica errores y aciertos, y en el otro, de ya-no-recuerdo-quién, se invita a la lectura: “El que lea este libro corre un gran peligro. Cuidado, está a punto de no volver jamás”. Esto ya es empezar mal.

El volumen reúne tres poemarios y una plaqueta y tiene 189 páginas y solo dos bellas imágenes. Siempre hay un mérito —mío, claro— en hallar dos granos de arroz entre tanto gorgojo. El resto son páginas en blanco. (Los editores mandan a imprenta páginas en blanco aunque ellos crean que hay algo escrito en ellas. Asimismo, muchos poetas escriben con una especie de tinta invisible).

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Portada de Elogio de la ruina, de Jimmy Marroquín Lazo.

La poesía de Marroquín es solemne, ceremoniosa, correctita. Vamos, una poesía de misa, y uno a la misa va a dormirse. Pasa lo mismo aquí. El tedio inunda al lector. Da lo mismo leer “He tocado mi rostro y no he sentido la avidez de la piel / Ni la implacable llamarada del tiempo” que “Se han descrito raros casos de ictericia y hepatitis al administrar ketoprofeno, en particular durante tratamientos prolongados” (bello lirismo en el prospecto de un analgésico).

En el primer libro encontramos: “una estrella blanca sin brillo se deposita / imperceptiblemente entre mis manos y la luz”. El segundo libro abusa de aquel recurso tan pueril que es dedicar un poema, a riesgo de caer en el chiste privado o el ridículo extremo (o ambos a la vez).

En el primer caso, uno lee “Para Juan”, por ejemplo, y no sabe quién rayos es Juan y por qué ese poema va dedicado a Juan y cuáles son los vínculos que unen a Juan con el poema.

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El segundo caso solo se cumple si lo que se dedica tiene por destinatario a alguien célebre e inalcanzable. Es como poner “Para César Vallejo”, que es vate muerto e inmortal y aun estando vivo no se daría por enterado nunca.

En fin, que los poemas de esta segunda parte están todos dedicados a Juanes y con las bromas privadas uno no sabe cómo reaccionar.

Luego viene la segunda y última bella imagen: “un luminoso muñón traza una línea púrpura sin previsible fin, / luego escribe “¿es justificado seguir aquí?” y cae sangrante a mis pies”“. Eso es todo. Del tercer libro y la plaqueta no hay signos vitales.

La edición sí merece un elogio. Pero quizá no sirva de mucho enjoyar un libro que posee demasiado paratexto y versos de tufillo burocrático. Y si hay cosas que en un principio no debieron publicarse, ya ni deberían ser reeditadas. Aquí la poesía ha tocado fondo.

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