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Eguren en Chuquitanta

Este 19 de abril se cumplen 80 años de la muerte del poeta simbolista, quien pasó gran parte de su infancia y juventud en una de las haciendas más importantes de San Martín de Porres.

José María Eguren lateó por el distrito de San Martín de Porres. Pasó largas temporadas de su niñez y adolescencia en las tierras de cultivo de la hacienda Chuquitanta, ubicada a orillas del río Chillón. Eguren nació en Lima, el 8 de julio de 1874. Ante la previsible ocupación de la capital por tropas chilenas y por su delicado estado de salud, en 1880, su familia decidió llevarlo a la hacienda Chuquitanta. Cuando los chilenos desocuparon la capital, la familia prefirió quedarse en esa zona por la salud del niño.

En su “Libro de Oro. San Martín de Porres, historia del distrito”, el historiador Jhonny Chipana dedica unas líneas a la relación entre Eguren y esta hacienda de Lima Norte. El autor cuenta que “la presencia de los Eguren en Chuquitanta se había iniciado en 1872, cuando el padre del poeta, José María Eguren y Cáceda, es nombrado administrador de la hacienda, gracias a que su cuñado Nicolás H. Rodríguez, junto a su socio Aurelio Rodrigo, deciden comprar el predio en febrero de ese año, por el precio de 100 000 soles al contado. Nicolás Rodríguez era hermano de la madre del poeta, doña Eulalia Rodríguez” (p. 123).

El crítico literario Ricardo Silva-Santisteban en “José María Eguren. Obras Completas” también afirma que el padre del liróforo trabajó como administrador en dicho fundo. Sin embargo, la historiadora Isabel Cristina López Eguren, sobrina bisnieta del autor de “La canción de las figuras” (1916), en su investigación “La familia Eguren en el Perú: Los hermanos del poeta” señala que José María Eguren y Cáceda nunca fue nombrado administrador de la mencionada hacienda.

De hecho, el vínculo entre la familia Eguren Rodríguez y Chuquitanta sí comienza, como señala Chipana, desde la adquisición de la hacienda por parte de Nicolás H. Rodríguez, hermano de la madre del poeta simbolista. Isabel López profundiza este episodio y cuenta que Isaac Eguren Rodríguez, el hermano mayor del poeta, se casó, el 14 de diciembre de 1895, con Josefina Viera Izarnótegui, quien era hija del hermano de su mamá, el tío Nicolás H. Rodríguez.

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Isaac Eguren Rodríguez, hermano mayor del poeta y dueño de la hacienda Chuquitanta. / Crédito: Archivo de Isabel López Eguren

En junio de 1896, el tío Nicolás nombró albaceas a su esposa Virginia Viera y a su yerno y sobrino Isaac Eguren Rodríguez al mismo tiempo que le dejó todos sus bienes a su única hija Josefina Viera, quien no llevaba su apellido porque, en realidad, era una sobrina de Virginia a la que adoptaron. Isaac Eguren le compró a Virginia Viera la parte de su hacienda, pues la otra mitad le pertenecía a Josefina. Así, los esposos pasaron a ser los propietarios del fundo Chuquitanta, en la que el poeta Eguren pasó varias temporadas de su infancia y adolescencia.

En “Paisaje mínimo” (1931), el poeta evoca su estadía en la hacienda de su hermano. Un fragmento del texto reza así: “Recuerdo que en mi infancia, cuando la tarde no me permitía correr por la alameda encendida, jugaba en una baranda con mis carritos de hojalata pintados de rojo, amarillo y azul, llenos de paseantes de madera. (…) También recuerdo la mañana de la hacienda. El estanque cubierto de madreselva y jazmines donde flotaban mis canoas minúsculas de hojas secas. Se deslizaban por la acequia entre pequeños golfos de limpia arena”.

Su amigo y difusor de su obra Enrique Bustamante y Ballivián escribiría: “Dos han sido los más importantes factores en la formación del poeta dotado de riquísimo temperamento: las impresiones campestres recibidas en su infancia en Chuquitanta, hacienda de su familia en las inmediaciones de Lima, y las lecturas que desde su niñez le hiciera de los clásicos españoles su hermano Jorge”. Esta lectura ha sido compartida por críticos literarios como José Carlos Mariátegui, José Miguel Oviedo, entre otros.

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La acequia de Chuquitanta, pintura al óleo de Eguren. Esta hacienda también influyó en la creación artística de Eguren. / Crédito: San Martín de Porres, historia del distrito

En “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana”, Mariátegui resalta que el simbolismo de Eguren “viene, ante todo, de sus impresiones de niño. No depende de influencias ni de sugestiones literarias. Tiene sus raíces en la propia alma del poeta. La poesía de Eguren es la prolongación de su infancia. Eguren conserva íntegramente en sus versos la ingenuidad y la réverie del niño. Por eso su poesía es una visión tan virginal de las cosas. En sus ojos deslumbrados de infante, está la explicación total del milagro”. Desde otra óptica, Chipana considera que Eguren perennizó en su poesía, a través de potentes, fantasiosas y naturales imágenes, el paisaje rural y campestre de esa comarca que hoy está bajo la tutela de San Martín de Porres.

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Los paisajes de los alrededores de la hacienda Chuquitanta fueron un factor determinante para la creación poética de Eguren. / Foto: Adrian Ayala

El año pasado Isabel López publicó el libro “Rastros familiares. José María Eguren, orígenes y trayectoria de la familia Eguren en el Perú”. En esta documentada y exigente investigación la autora anota: “En el fundo Chuquitanta el bardo pasó importantes años de su vida, durante gran parte de su niñez y juventud. Privilegió el medio en el cual surgieron los grandes motivos de su inspiración poética, producto del contacto con la naturaleza y la sensibilidad que provocó en él, sobre todo en lo referente al desarrollo de su obra literaria” (p. 106).

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En lo que es ahora la prolongación de la avenida Naranjal, en Chuquitanta, el niño Eguren pasó sus días más felices. / Foto: Adrian Ayala

El contacto que el autor de “Simbólicas” tuvo con la vida agreste no se detuvo ni cuando sus padres lo matricularon en el Colegio de la Inmaculada, de los padres jesuitas, que quedaba en la avenida Abancay, en el Centro de Lima. En sus vacaciones, el poeta regresaba a la hacienda de su hermano. Entretanto, Isaac Eguren Rodríguez, entre 1895 y 1896, fue alcalde de Carabayllo, distrito que, en ese entonces, tenía entre sus dominios a Chuquitanta. El 22 de mayo de 1950, Carabayllo perdió un mayúsculo pedazo de su territorio al fundarse el Distrito Obrero Industrial 27 de Octubre, que, luego, pasó a llamarse San Martín de Porres.

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Una de las entradas a lo que fue la hacienda Chuquitanta. / Adrian Ayala
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La plaza Bicentenario en San Martín de Porres da la bienvenida a lo que fue el acceso a las propiedades de la hacienda Chuquitanta. / Foto: Adrian Ayala

 

 

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