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Crítica literaria

El juicio de Vargas Llosa a Pérez Galdós

La mirada quieta (de Pérez Galdós) (Alfaguara, 2022) es una revisión exhaustiva de la obra completa del novelista y dramaturgo español Benito Pérez Galdós. Aquí, reseñamos el último libro de Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa vuelve al ensayo —el soneto del pensamiento—, un género en el que sabe desplegar sus razonamientos, percepciones, inquietudes y aciertos. Su reciente libro ensayístico titulado La mirada quieta (de Pérez Galdós), publicado por Alfaguara este año, acaba de aterrizar en el Perú. En él, el premio nobel de literatura desmenuza la obra completa del escritor canario, a quien leyó, de acuerdo con su confesión, durante el confinamiento por la pandemia del coronavirus.

Este libro se parte en tres grandes bloques: el primero, y quizá el más interesante, dedicado a las novelas del autor de Fortunata y Jacinta; no menos significativo, el segundo se centra en sus obras de teatro, y el último trata sobre sus Episodios nacionales, cuyas anotaciones son certeras, mas no suficientes para una saga histórico-literaria de 46 títulos, que merece, por su extensión, otro tratamiento. Dicho esto, debe resaltarse que Vargas Llosa considera a Galdós, posiblemente, como el primer escritor profesional que tuvo España. Había escrito, primero, textos periodísticos (hizo suya esa mirada aguda de reportero) y, luego, todo por lo que se le conoce: novelas, obras teatrales y sus famosos Episodios. En las dos primeras es innegable el fiel retrato de la sociedad de su época.

En el primer apartado, Vargas Llosa reúne comentarios, resúmenes, apuntes muy enjundiosos sobre cada una de las novelas de Pérez Galdós. Algunos de sus juicios son favorables (“una buena novela”), otros no tanto (“novelita sin aliento ni forma”). Tampoco se limita en enumerar y cuestionar a grandes rasgos las debilidades del arte literario del escritor español: alguien que no rehacía sus textos, no los corregía, no les paraba bola, es decir, no les daba la atención debida. En resumen, “un escritor muy desigual”. A pesar de estos puntos en contra, indica el autor de García Márquez. Historia de un deicidio (otro magnifico ensayo), el escritor español legó grandes novelas como Misericordia, Doña Perfecta, Torquemada en la hoguera, El amigo Manso, entre otras.

El libro traza, más que una conclusión, una hipótesis muy polémica, desafiante, que puede tomarse por arrogante: Pérez Galdós fue un gran escritor, pero no un escritor novedoso que dejase una voz en la cual puedan reconocerse nuevos escritores. Según Vargas Llosa, el desperfecto más resaltante en las novelas de Galdós es la función del narrador: “Quizás el más sorprendente e inesperado defecto que debe imputársele es no haber aprovechado la lección de Flaubert sobre la función del narrador en una novela”. Esta es una de las razones que lo motivan a decir que a Galdós ni por error se le puede comparar con Cervantes o encasillarlo en la categoría de escritores de la talla de Flaubert o Dickens.

El autor de La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary ha sabido conducir la línea argumentativa de este ensayo que supera las 300 páginas, sin caer en el facilismo tentador del retrato biográfico (quien quiera sumergirse en la vida del escritor canario puede revisar Galdós. Una biografía, de Yolanda Arencibia). Más cerca de la crítica literaria periodística que de la académica, La mirada quieta (de Pérez Galdós) es una suerte de ruta de lectura, acompañada de apuntes críticos, puntuales, elogiosos y, sobre todo, honestos. Con ella, la discusión y la reflexión literarias también se abren camino.

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