El vuelco y revuelco de la geopolítica
La pregunta en apariencia simple que se hace es ¿Rusia y Ucrania quieren acabar con la guerra? La hipótesis es que no.


Mientras Verónika y Castillo posaban con el acuerdo firmado para la cámara de Mario Colán, las redes sociales bombardearon a los usuarios con historias que explicaban cómo venezó empezuela.

La concentración mediática no informa sobre Colombia y mucho menos le pregunta a Keiko sobre Colombia, como le preguntaban a Verónika por Venezuela.

Si Nietzsche hubiera sido peruano hubiera escrito: ‘El Perú ha muerto: nosotros (sus electores) lo hemos matado’.

“He tenido que venir hasta aquí…”, dijo la señora Fujimori para referirse al departamento de Cajamarca. Su desprecio por el Perú es idéntico al de su pivote Carlos Bruce y está causando asombro e hilaridad en el mundo. Lo que aterra es el racismo practicado por una población de color y el conservadurismo de miles que no tienen nada para conservar. Pero esta vez los fujimoristas chocaron con roca. Pura roca andina y no pasarán.

Nos hemos quedado sin camas UCI, oxígeno, personal de salud y vacunas; hemos sido dejados a nuestra suerte por un Gobierno que mantiene al Perú liderando el ranking mundial de fallecidos por millón de habitantes.

George Orwell, con su libro Rebelión en la granja, suscita a pensar que, en tiempos de pandemia, lo único que se ha logrado es una rebelión reflejada en las urnas.

Acontecimiento editorial. Luego de 40 años, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y la Casa de las Américas reeditan una de las obras más significativas del historiador peruano Alberto Flores Galindo.

Keiko Fujimori quiere ser presidenta para salvarse de la prisión y liberar a su papá. Varga Llosa está de acuerdo.

En 1994, Keiko asume como primera dama de la dictadura en reemplazo de su madre Susana. Dos años antes, el 5 de abril de 1992, su padre Alberto y Montesinos dieron el golpe. Se quedaron hasta el 2000.

Keiko Fujimori aplica la guerra sucia más alucinante de las elecciones y está feliz porque Castillo es, en segunda vuelta, el más vulnerable de todos los aspirantes.