La era del desorden en un país que no encuentra rumbo
El mundo comienza a dar un viraje, está poniéndose de manifiesto fuerzas inéditas multilaterales que requieren un renovado esfuerzo político que canalice la defensa de los Derechos Humanos.


No es cierto que los venezolanos migrantes vienen con su empleo bajo el brazo; no porque haya más gente buscando trabajo hay más empleos, como debiera ser obvio para cualquiera que haya analizado la realidad peruana de las últimas seis décadas.

Una mala campaña en un mundial, no necesariamente habla de un mal equipo.

La mano invisible, sin duda, no es la de Galarreta, que contrató a diestra y siniestra, con dinero de los contribuyentes, -que es como viven los neoliberales-, a más de 300 personas en calidad de personal de confianza en el Congreso.

Ante Alemania, Perú sufrió. Nunca antes tuvo tantos problemas. Principalmente, porque no tenía la pelota. Y Perú hace daño cuando tiene el balón.

En una oportunidad la súper diva de la televisión argentina Mirtha Legrand preguntó a sus invitadas, todas ellas esposas de famosos deportistas, cuáles eran las cábalas de sus maridos. La señora de Roberto De Vicenzo, célebre golfista, afirmó que su marido le hacía besar las pelotas antes de cada partido.

Hasta Google sabe que Keiko Fujimori es la Señora K de los audios y la Fiscalía no quiere saberlo porque se les cae el WIFI y los pantalones.

Esa es la elevada meta social de los trabajadores en el Perú y el mundo.

Nada se parece más hoy a la Casa Blanca, que la Roma gobernada por Calígula enfatiza el libro que muestra la verdadera cara de Trump.

Somos una mala copia del ‘Tiki-Taka’ español. Y ya ven cómo le fue a la ‘Furia’ en Rusia 2018.

Es cierto que Perú la pasó mal en los últimos 20 o 25 minutos, pero no fue un fiasco.